Estados Unidos e Irán estarían a punto de alcanzar un acuerdo de paz. Esto supondría, sin duda, un gran alivio para la población iraní y para todos nosotros aquí.
Para los iraníes, significaría el fin de la angustia provocada por los bombardeos y la reactivación de una economía que se ha derrumbado bajo el peso de la destrucción y el cierre de los grandes complejos industriales. El levantamiento del bloqueo tal vez reduciría la escasez y la inflación, aunque no acabaría con la dictadura contra la que se rebelaron varios millones de iraníes hace menos de cinco meses.
Para nosotros, aquí, significaría la reapertura del estrecho de Ormuz y una relajación de los precios del petróleo. Esto no impedirá que la inflación se extienda por toda la economía, ya que el daño está hecho: los precios han vuelto a subir y los circuitos económicos tardarán mucho tiempo en recuperarse. Pero la presión se aliviará… a la espera de otra crisis.
El mundo no se habrá vuelto más pacífico
Si hay algún acuerdo de paz, será entre Washington y Teherán, no entre Tel Aviv y Teherán. El Estado israelí, respaldado por el apoyo estadounidense y su impunidad internacional, quiere seguir imponiendo su dominio sobre toda la región. La guerra continúa, pues, en el Líbano, y la colonización y la opresión de los palestinos prosigue en Gaza y Cisjordania.
Incluso entre Estados Unidos e Irán, este acuerdo no sería más que un respiro entre dos guerras. Porque ninguna de las razones que llevaron a Trump a bombardear Irán ha desaparecido. El régimen de los Guardianes de la Revolución no ha cedido nada en materia nuclear y, como mínimo, se puede decir que no se somete.
Si un acuerdo es inminente, es porque Estados Unidos ha aceptado tragarse su orgullo al ratificar ciertas condiciones de este régimen.
Trump ha llevado a Estados Unidos al mismo tipo de callejón sin salida y derrota que ya sufrió en Vietnam, Irak y Afganistán: la mayor potencia mundial puede bombardear y sembrar la devastación durante meses y años, pero eso no le da los medios para conquistar un país y derrocar un régimen.
Sin embargo, este duro revés no impedirá que Trump presuma, y no cambiará en nada la voluntad estadounidense de dominar el mundo. El psicópata de la Casa Blanca se enfrenta a la hostilidad de la población estadounidense ante su guerra. Necesita calmar los ánimos para no correr el riesgo de sufrir una derrota electoral dentro de seis meses, en las elecciones de mitad de mandato. Pero sigue siendo el jefe supremo del imperialismo, decidido a consolidar a toda costa el dominio de los capitalistas estadounidenses en todo el planeta.
Una nueva era de guerra mundial
La humanidad se enfrenta de nuevo a una era de guerra mundial. Porque el capitalismo se asfixia dentro de sus fronteras nacionales y porque continúa la competencia por el control de los mercados, las materias primas y las rutas comerciales. Estados Unidos está a la ofensiva porque teme que su liderazgo se vea amenazado, en particular por China. Por eso, ya no tolera regímenes que no estén completamente a su antojo en América Latina, Oriente Medio y África.
Y no es porque Trump y Xi Jinping se hayan dado la mano en Pekín hace diez días por lo que las cosas vayan a quedarse ahí. Estados Unidos y China se preparan para su gran enfrentamiento, y todos los Estados están acumulando un arsenal capaz de hacer estallar el planeta varias veces.
Pues no, la guerra entre Estados Unidos e Irán no será solo un paréntesis. Ha aumentado la inestabilidad mundial, ha avivado el militarismo y ha agravado también la crisis económica.
No es en los apretones de manos ni en los acuerdos de paz entre tiranos donde el capitalismo muestra su verdadero rostro. Lo muestra en el estruendo de las bombas y en la sórdida contabilidad de los muertos. Lo muestra en los combates mortíferos por conquistar hasta el más mínimo metro cuadrado en Ucrania.
Lo muestra en la destrucción metódica de Gaza, en el suplicio de los palestinos, en los pueblos libaneses dinamitados y borrados del mapa, en las guerras interminables que asolan África. Lo muestra en los sufrimientos infinitos de las familias que pierden a sus seres queridos, sus casas, sus tierras.
El capitalismo y la sociedad burguesa hacen todo lo posible por ocultar su ferocidad y su violencia tras el derecho y las instituciones internacionales. Hay que denunciar todas estas mentiras y luchar para derrocar este sistema bárbaro.
Nathalie Arthaud
Editorial de los boletines de empresas del 25 de mayo de 2026