Desde el 1 de julio, los trabajadores de Airbus en España están en huelga. La huelga comenzó en Getafe, cerca de Madrid, en la mayor planta del grupo, donde trabajan 9 000 personas.
Desde hace años, la dirección está recortando las condiciones laborales: las bajas por enfermedad ya no se pagan íntegramente, se imponen las vacaciones en agosto y se ha prohibido a los trabajadores el acceso al comedor. La empresa ha propuesto un aumento salarial del 3 %, lo que se ha considerado ridículo teniendo en cuenta la inflación y los beneficios históricos de la empresa: 5.2 mil millones de euros en 2025. Por último, el pasado mes de abril, Guillaume Faury, el director general, anunció que los días de teletrabajo se reducirían a uno por semana. Esa fue la gota que colmó un vaso ya de por sí demasiado lleno.
La huelga, que comenzó el 1 de julio, se convirtió rápidamente en un éxito, a pesar de que los sindicatos mayoritarios se opusieron a ella. El sindicato Comisiones Obreras (CCOO), mayoritario entre los obreros, declaró que «la huelga no debía ser un fin en sí misma» y que podría llevarse a cabo, pero solo a partir del 7 de septiembre. Esto no desanimó a los huelguistas. Ante el éxito del movimiento, algunos sindicatos como la CGT y la UGT prestaron su apoyo bajo la presión de los afiliados.
Muchos trabajadores están en huelga por primera vez y han tenido que organizarse ellos mismos. Es sobre todo en las asambleas diarias donde se toman las decisiones y se votan las reivindicaciones. Desde el 3 de julio, los trabajadores de oficina en huelga intentaron convencer a los obreros de que se sumaran al movimiento organizando asambleas a las 10 de la mañana, la hora de su descanso. Desde el 9 de julio, muchos obreros se han sumado a la huelga. Esto ha supuesto una oportunidad para estrechar lazos entre los trabajadores de oficina, los técnicos y los obreros de taller.
Desde el principio, las asambleas han contado con una gran participación. Los trabajadores corean «esto no se para» y todos tienen presente que la unidad frente a la dirección es su mejor arma. Se organizan en grupos de trabajo para llevar a cabo las acciones necesarias. El primer grupo fue el de la sonorización, lo que permitió mejorar considerablemente la calidad del sonido en la asamblea del día siguiente. Se está elaborando un programa de reivindicaciones que se someterá a votación en la asamblea y, posteriormente, se remitirá a la dirección. Los huelguistas reclaman, entre otras cosas, un aumento salarial del 9 %, el cumplimiento del pago de las bajas por enfermedad y flexibilidad a la hora de tomar vacaciones.
A raíz de estas movilizaciones en Getafe, las demás fábricas de España (situadas en Sevilla, Cádiz y Albacete) han comenzado a sumarse al movimiento, organizando asambleas y votando a mano alzada para decidir la huelga. Illescas, la fábrica de Toledo, es la última en sumarse al movimiento. Se está barajando la posibilidad de celebrar una manifestación nacional el 27 de julio que reúna a todas las plantas.
El resultado del movimiento dependerá de la capacidad de los trabajadores para liderarlo, tal y como han comenzado a hacer en Getafe, y para mantener la unidad que ha permitido extenderlo a toda la empresa. ¡Viva la lucha de los trabajadores de Airbus!
Laura Gomez