Estados Unidos - Algo de luz sobre el "ejército de la sombra"

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Diciembre 2004

Este texto es la traducción de un artÃculo sacado del periódico Class Struggle, editado por la organización trotskista americana The Spark.

El pasado mes de abril, cuatro empleados de la sociedad Blackwater Security Consulting, antiguos comandos de las Fuerzas especiales americanas, fueron asesinados en Faluya y sus cuerpos mutilados colgados de un puente. Algunos dÃas después, otros empleados de la misma empresa, encargados de vigilar el cuartel general de la Autoridad provisional de la coalición en Nayaf estaban envueltos en una batalla campal y los helicópteros de Blackwater venidos a abastecerlos eran recibidos a balazos por combatientes posicionados en ese sector. Poco después, estallaba el escándalo de la prisión de Abu Ghraib:dos asalariados, empleados respectivamente por una empresa subcontratante de Titan Corporation y por CACI international, eran acusados no solo de haber participado a exacciones sino de haber aparentemente organizado algunas de ellas ; un tercero era acusado de haber violado a un adolescente dentro de la cárcel. Al tomar importancia el escándalo, se ha acabado sabiendo que dos de los principales responsables de las cárceles de la coalición estaban empleados por empresas privadas especializadas en las actividades militares y que habÃan ocupado puestos similares en cárceles americanas administradas por compañÃas privadas (en las hojas de servicio que les han costado ser envÃados a Irak figuraban los puestos de responsables que habÃan ocupado en las cárceles americanas - puestos de los que habÃan tenido que dimitir después de grandes escándalos provocados ahà también por la brutalidad que hacÃan reinar en ellas).

Lo que habÃa sido en gran parte ignorado hasta ese momento por la prensa se convertÃa en portada : el ejército americano en Irak recurrÃa ampliamente a los servicios de pretendidas "empresas militares privadas" que le proporcionaban lo que el New York Times ha llamado "soldados de la sombra", también llamados mercenarios.

Coalición de "voluntarios" : los más voluntarios son quienes son pagados para serlo

El Pentágono afirma no saber exactamente cuantos contratos ha firmado con empresas militares privadas ni cuantos mercenarios están hoy bajo contrato en Irak (¡ a pesar de los 500mil millones de dólares de los que dispone el Pentágono cada año, aparentemente le faltan calculadoras !). La administración Bush lo ha hecho todo para maquillar la verdad : no hay contabilidad centralizada de estos contratos, de los cuales algunos han sido otorgados por agencias gubernamentales distintas de las fuerzas armadas o del Pentágono. Por ejemplo, una multitud de contratos han sido concluidos por la Autoridad provisional de la coalición antes de desaparecer. Otros lo han sido por el ejército o los servicios de inteligencia con empresas británicas. Compañias petrolÃferas, empresas de la construción o medios de comunicación han recurrido a sociedades militares privadas, pagadas por los Estados Unidos con los fondos destinados a la "reconstrucción" en Irak. Hay múltiples agencias gubernamentales implicadas en estos negocios. Por ejemplo, la empresa privada cuyos empleados interrogaban a los detenidos de la prisión de Abu Ghraib tenÃa un contrato para suministrar servicios informáticos, concluido por un despacho del ministerio del Interior situado en Arizona - el ministerio del Interior se encarga normalmente de la gestión de los terrenos públicos y de los recursos que en ellos hubiera ( pero ¿ quizás tenga Bush la intención de transformar Irak en el 51° Estado de los Estados Unidos ?).

Sin embargo, se sabe que los Estados Unidos han firmado una cincuentena de contratos con compañÃas privadas encargadas de proveer tropas y servicios de tipo militar en Irak y que éstas han subcontratado a menudo parte del trabajo a otras empresas. Según ciertos observadores competentes, especialmente militares, habÃa en Irak en el mes de abril, entre 15000 y 20000 personas empleadas por este tipo de empresas. La misma Autoridad provisional estimaba, antes de su desaparición a finales de junio, que esta cifra podrÃa alcanzar los 30 000 con el "traspaso de soberanÃa" a las autoridades iraquÃes. Y dichas cifras no incluyen las decenas de miles de personas que trabajan en Irak en el sector de la construcción y de las obras públicas.

Los Estados Unidos disponen hoy de 140 000 soldados en Irak. La segunda fuerza presente sobre el terreno no es, como lo hubiera deseado Bush, Gran Bretaña sino la que representa el conjunto de las empresas militares privadas. Una sola de ellas, Global Risk Management, tiene efectivos superiores a los de una treintena de paÃses que participan a lo que se llama "la coalición de los voluntarios".

No solo el comedor

Cuando se habla de empresas privadas que trabajan para el ejército, se piensa inmediatamente en cocineros haciendo de comer para los soldados o en técnicos civiles enseñando a los militares el manejo de armas sofisticadas. Hay, por supuesto, personas que ocupan empleos de este tipo en Irak, pero también hay mucho más. Las empresas militares privadas están presentes en todos lados : abastecimiento, mantenimiento de los aviones y de los sistemas de armamento ultramodernos

( pero también ocurre que los contratados civiles incluso estén al mando), seguridad militar, reclutamiento de informadores iraquÃes, recogida y análisis de informaciones (en Abu Ghraib, son los empleados de una empresa privada los que efectuaban los "interrogatorios" de los detenidos que soldados del ejército regular preparaban maltratándolos).

Estas empresas están encargadas, por ejemplo, de la seguridad del aeropuerto de Bagdad, de los ministerios iraquÃes, de los edificios gubernamentales, de las embajadas americana y británica y de la "zona verde" del centro de la ciudad donde están concentradas las tropas americanas. Peter W. Singer, miembro del Instituto Brookings, especializado en los estudios militares, describe el trabajo de dichas empresas como sigue : "Algunas veces, su papel se designa por un eufemismo ; se habla de "seguridad privada" para que parezca menos militar. Pero no se trata de guardas como los que van y vienen en nuestros centros comerciales. Aquà se trata de personas que tienen formaciones militares, que disponen de armas militares en una zona de guerra y que están preparadas para responder a amenazas de tipo militar". Quizás quede oficialmente prohibido a las empresas militares privadas emprender acciones militares "ofensivas", pero en tiempos de guerra, especialmente hoy en Irak, no hay diferencias claras entre la defensiva y la ofensiva. Se trata en realidad de fuerzas combatientes. Si no ¿ por qué las empresas de "seguridad privada" irÃan a buscar a su personal entre los antiguos de las Fuerzas especiales americanas, de los SAS británicos o de las dictaduras militares - por ejemplo, esbirros que han servido en tiempos del general Pinochet en Chile o en tiempos del régimen del apartheid en Ã?frica del Sur ?

La empresa DynCorp ha obtenido un contrato por el cual no solo debe formar a la policÃa iraquÃ, sino también contratarla. El contrato para la formación del nuevo ejército iraquà se lo ha llevado Vinnell, que luego lo ha subcontratado a otra empresa. El contrato relativo a la formación de las fuerzas paramilitares iraquÃes, las que custodian las instalaciones petrolÃferas, ha ido a Erinys. Después de todo, es lógico. Algunas de estas empresas tienen experiencia en este tipo de trabajo y ya han entrenado a soldados. En particular, han participado a la formación de las tropas americanas en el desierto kuwaità y han participado en la elaboración de estrategias y de planes de batalla antes de la invasión.

La más conocida de estas empresas es por supuesto Kellogg, Brown & Root (KB&R), filial de Halliburton, que ha obtenido en 2002 un contrato de diez años para el suministro de prestaciones logÃsticas al ejército - suministro de agua, comida, refugios, correo, cocina móvil, lavanderÃa, indispensables al buen funcionamiento de un ejército, y transporte de todos estos suministros asà como de los carburantes y de las municiones durante los combates. Algunos contratados de KB&R o de sus filiales son americanos, como ese ganadero arruinado, oriundo del Misisipi, que se habÃa hecho conductor de camiones abastecedores porque pagaban bien y del cual ha hablado la prensa (ha sido tomado como rehén y detenido tres semanas antes de recobrar la libertad). Pero muchos vienen de paÃses del tercer mundo, como el empleado filipino capturado y luego soltado en julio o los siete camioneros raptados poco después - tres Indios, tres Kenianos y un Egipcio. Contratados por una multitud de subcontratantes de Halliburton, están peor pagados que las personas contratadas en Estados Unidos - pero reciben sueldos muy superiores a lo que podrÃan esperar en su paÃs. Se estima en 4000 el número de Filipinos que trabajan para los proveedores de las bases militares americanas en Irak. La India no ha envÃado soldados como se lo pedÃa Bush, pero 500 antiguos soldados del ejército indio han firmado los contratos que les proponÃan los cazatalentos de las empresas americanas y trabajan como "agentes de seguridad" en Irak.

Estas empresas viven su propia vida en Irak y no están verdaderamente bajo control del ejército - como lo ha demostrado el reciente contrato otorgado a Aegis Defense Services, empresa encargada de coordinar los servicios de seguridad de los diferentes prestadores de servicios para el ejército. Resulta revelador constatar que estas empresas han notado la necesidad de agruparse y de establecer su propia red de información.

Los "malandrines de guerra" limpian la región

Es la guerra en Irak la que ha llamado la atención sobre la sustitución del ejército por empresas privadas, pero hay que decir que el fenómeno existe fuera de Irak. En Estados Unidos, ya no son solo las tareas administrativas, hasta ahora realizadas indiferentemente por militares o civiles, las que se ven en adelante confiadas a empresas privadas. Todos los servicios resultan afectados : comida, diversión, vivienda, lavanderÃa, vigilancia de las bases - incluso el suministro de servicios médicos a las familias de militares ha sido confiado a empresas privadas.

Y esto no es todo. Son empresas privadas las que administran los despachos de reclutamiento del ejército y seleccionan a su personal. Otras se ocupan de la formación de los oficiales de reserva en 200 universidades americanas. Otras aún entrenan a las Fuerzas especiales y forman a los soldados en la lucha contra la guerilla. Otras por fin están encargadas del funcionamiento del sistema de información y de comunicación del estado mayor de la región Norte en Cheyenne Mountain - el estado mayor que posee la responsabilidad de lanzar los misiles nucleares enterrados en las llanuras del noroeste del paÃs.

Es una empresa privada la que ha sido encargada de autorizar los contratos para el ejército ; otra de controlar la correcta ejecución de los contratos ; y una tercera, Military Profesional Resources Incorporated (MPRI), de redactar para el ejército las reglas que rigen las relaciones entre las empresas privadas y el ejército.

A lo largo de estos últimos años, Estados Unidos se ha apoyado mucho sobre empresas privadas para sus operaciones en el extranjero. Desde finales de los años noventa, Estados Unidos ha pagado más de 1200millones de dólares a empresas como DynCorp y Northrop Grumman para ayudar al gobierno colombiano en guerra contra los guerrilleros y los campesinos, con el pretexto de la lucha contra la droga. DynCorp se dedicaba a actividades similares en Perú en 1992, cuando uno de sus aviones fue derribado. En 1994, MPRI ha entrenado al ejército croata en vista de la "operación Tormenta" que se ha desarrollado en 1995 y que ha terminado por el desplazamiento de civiles serbios y la masacre de muchos de ellos. En un esfuerzo por "equilibrar la situación" antes de los seudo-acuerdos de paz de Dayton, Estados Unidos le ha pedido a MPRI que haga lo mismo del lado bosnio, a expensas de Arabia SaudÃ, de Kuwait, de Brunei y de los Emiratos arabes unidos, pero bajo control del departamento de Estado americano. En 2000, Brown & Root (antes de su fusión con Kellogg) habÃa sido encargado por el gobierno de Estados Unidos para ayudar a Rusia a desmantelar sus misiles intercontinentales de cabeza nuclear.

Mercenarios cotizados en Bolsa

Evidentemente, el ejército siempre ha recurrido a civiles, incluido en el campo de batalla, durante los combates. En plena guerra del Vietnam, por ejemplo, cuando la población americana estaba cada vez más opuesta a la guerra, la administración Johnson habÃa conseguido atenerse a la cifra global máxima autorizada de 3,55 millones de soldados - de los cuales 531000 en Vietnam - gracias a la subcontratación. El departamento de Defensa empleaba entonces 80000 civiles, de los cuales 4000 bajo contrato con Vinnell, encargados del apoyo logÃstico, liberando asà a soldados para las operaciones de combate.

Hace mucho tiempo que el gobierno americano recurre a mercenarios gracias a fondos secretos y que los utiliza para derrocar gobiernos o para llevar a cabo combates que prefiere no hacer públicos por razones polÃticas - por ejemplo, las incursiones del ejército americano en Laos y en Camboya, los chanchullos en torno a la venta secreta de armas a Irán para financiar los "contras" de Nicaragua, y las ayudas financieras y logÃsticas a Osama Bin Laden durante la guerra entre Afganistán y la Unión soviética.

Por otra parte, hace ahora decenas de años que empresas de carácter militar proponen, por ejemplo, servicios llamados de "seguridad" a regÃmenes que Estados Unidos apoya, como Arabia SaudÃ, o a los grandes grupos imperialistas que acaparan las riquezas del mundo entero. En Angola, las grandes sociedades petrolÃferas y mineras de Estados Unidos y de otros paÃses imperialistas habrÃan utilizado los servicios de 80 empresas de seguridad a lo largo de las dos décadas de guerra civil que ellas mismas han contribuido a crear. Estas empresas se han desarrollado en realidad gracias a situaciones como las de Angola.

La extensión de las tareas puramente militares que el ejército americano confÃa a empresas privadas es importante.

Estas empresas ya no son sociedades desconocidas, más o menos marginales. Muchas de ellas están cotizadas en Bolsa y prosperan de manera totalmente legal suministrando un trabajo de carácter militar a antiguos soldados y demás mercenarios. El ejército americano no solo se contenta con deshacerse de las tareas que no le interesan en los mercenarios del sector privado ; las confÃa a grandes empresas que emplean y administran a dichos mercenarios.

Algunas de las 500 mayores empresas censadas por la revista Fortune han hecho su entrada en el sector, como la sociedad ITT, que ha obtenido un contrato para el suministro de agentes de seguridad armados a los establecimientos americanos en el extranjero. Otras se han contentado con comprar empresas especializadas en lo militar y añadirlas a su patrimonio. AsÃ, Computer Sciences ha comprado DynCorp ; Northrop Grumman, el fabricante de armamentos, se ha hecho con Vinnell ; y L-3Communications se ha ofrecido MPRI.

En el momento de la adquisición de MPRI, en 2000, el presidente-director general de L-3 declaraba : " MPRI es una empresa en pleno desarrollo que dispone de sólidos márgenes de beneficios y de ventajas competitivas que no se encuentran en ninguna otra empresa de formación, y sus servicios son complementarios de nuestros productos. Además, esta empresa está a la vanguardia de dos dinámicas positivas que agitan la industria de defensa. El ejército americano privatiza muchas de sus tareas... MPRI está también presente en el frente internacional donde un clima polÃtico cambiante ha incrementado la demanda de cierto tipo de servicios... Estos programas están llamados a desarrollarse y nos ofrecen nuevas perspectivas."

Cambiando una palabra o dos, este discurso hubiese podido estar escrito por un Bill Gates, hablando sobre la absorción por Microsoft de una enésima pequeña empresa llena de porvenir.

Subcontratar la logÃstica - y lo demás

En 1991, el vice-presidente Dick Cheney otorgaba a Brown & Root un contrato de nueve millones de dólares para estudiar como utilizar lo mejor posible los servicios de las empresas privadas a fin de sustituir a los soldados en activo. Brown & Root, una filial de Halliburton, habÃa trabajado para el ejército americano durante la primera guerra del Golfo. Solo un año después de haber obtenido el contrato que le encargaba el estudio de la cuestión, Brown & Root firmaba el primer contrato quinquenal del "programa para el crecimiento del sector civil en el terreno logÃstico" (LOGCAP, Logistics Civil Augmentation Program).

El contrato LOGCAP es un contrato de puesta a disposición que permite al ejército requerir en caso de necesidad al apoyo logÃstico de la empresa para sus operaciones sobre el terreno, incluidos los combates. En cambio, Brown & Root factura al ejército el conjunto de sus "costes", a los que se les añade una prima que va del 1 al 9% del total. Se trata de los famosos contratos llamados "cost-plus" (reembolso de los costes más participación), que la "reconstrucción" de Irak ha multiplicado. Este contrato LOGCAP habrÃa aportado 2500millones de dólares a Halliburton. Este contrato es el que ha hecho que Brown & Root, y luego Kellogg Brown & Root, hayan verdaderamente cobrado auge y que Halliburton, que hasta entonces era una empresa relativamente modesta del sector petrolÃfero y de la construcción, se haya convertido en una de las grandes del escenario económico. Después de la derrota de Bush padre frente a Clinton, Cheney fue nombrado presidente-director general de Halliburton.

Pero no hay que creer que todo esto era solo una maniobra más por parte del pequeño grupo en torno a la familia Bush. La privatización de numerosas tareas efectuadas hasta entonces por las propias fuerzas armadas ha sido llevada a cabo por los dos partidos que se han sucedido en el poder, republicano como demócrata. Si sus principios remontan a los años Reagan-Bush, es durante la presidencia de Clinton cuando se ha desarrollado. Y cuando los Republicanos han vuelto a la Casa Blanca, Rumsfeld solo ha seguido aplicando los planes elaborados por la administración Clinton.

Entre 1994 y 2002, el departamento de Defensa ha realizado unos 3100 contratos por un valor de más de 300 mil millones de dólares con empresas militares privadas basadas en Estados Unidos y encargadas de suministrar servicios o personal al ejército americano. Estas cifras, que se deben únicamente a las investigaciones tenaces de algunos periodistas y universitarios, son anteriores a la guerra contra Irak que le ha dado verdadero auge al sector. Ignoramos pues a qué nivel se situan realmente hoy. Según un estudio del Instituto Brookings, el volumen de negocios mundial del sector militar privatizado serÃa de más de 100mil millones de dólares, aunque es más difÃcil aún distinguir este sector del de las armas cuando las empresas militares privadas son a menudo filiales de empresas de armamento.

Ha habido profundos cambios desde que Brown & Root estudiara la cuestión hace trece años. Durante la guerra del Golfo, se contaban alrededor de un 2 % de civiles que trabajaban para el ejército ; un 1 % estaba empleado directamente por el ejército y un 1% por empresas militares. Hoy, hay por lo menos un contratado civil por cada diez soldados americanos o británicos en Irak, cuando no uno por ocho - y esta tasa está en constante aumento.

Cuando el Congreso ha pedido al Pentágono que le proporcione cifras, éste ha eludido toda respuesta precisa, indicando que en 2001 las fuerzas armadas habÃan subcontratado de 125000 a... 605000 empleos. Cuando se sabe que el ejército contaba con menos de 1,4millón de soldados en activo en 2001 se tiene, a pesar de todo, una idea de la importancia de los cambios.

Las grandes empresas : siempre al acecho de gangas

La tendencia a subcontratar el trabajo hecho anteriormente por los mismos militares no debe sorprender. Se inscribe dentro de la tendencia general a la privatización y a la subcontratación que afecta a todos los servicios gubernamentales. Correos, numerosos servicios sociales, las cárceles, la policÃa, los hospitales públicos, los hospitales psiquiátricos, el alumbrado urbano, el agua, el tratamiento de las aguas residuales, los transportes colectivos e incluso la escuela se han visto todos afectados por la subcontratación cuando no por la privatización.

Tarde o temprano, era natural que se viesen afectadas a su vez las actividades militares - más aún cuando ya existÃan vÃnculos amistosos entre la jerarquÃa militar y las grandes empresas que fabrican vehÃculos, aviones, material militar, armas, municiones, ordenadores, uniformes, material de protección, etc.

Los argumentos utilizados para justificar la subcontratación por las fuerzas armadas son los mismos que los que se utilizaron hace quince años para confiar algunos servicios públicos y sociales al sector privado.

En 1997, por ejemplo, el departamento de Defensa publicaba un documento firmado por William S. Cohen, secretario de Defensa de Clinton, con el tÃtulo revelador de La estrategia de las empresas para la Defensa en el siglo XXI. Ãste escribÃa en él crudamente:"La presente iniciativa para una reforma de la Defensa refleja los puntos de vista de numerosos empresarios que han reestructurado o desengrasado sus grupos y que no solo han sobrevivido, sino han prosperado en un mercado en rápida evolución". Las fuerzas armadas eran incitadas a adoptar las "mejores prácticas" del mundo de los negocios y a confiar parte de sus tareas al sector privado. Cohen subrayaba este objetivo de la manera siguiente:"Hay que eliminar, reducir las estructuras excedentes para liberar fuerzas y concentrarse en el corazón del oficio".

La empresa privada es supuestamente más "eficaz". Aunque la prueba de lo contrario está hecha, los defensores de la privatización siguen repitiendo este argumento. Ha sido utilizado por las autoridades escolares para confiar todo o parte del sistema educativo a empresas privadas ; por las autoridades municipales para privatizar el suministro de agua potable ; por el gobierno federal para proponer la privatización de la Tennessee Valley Authority que administra el agua y la electricidad en un amplio territorio - y que jamás hubiese existido si hubiese hecho falta contar con el sector privado.

¿ Eficaz, la empresa privada ? Sus únicos resultados se encuentran en la producción de beneficios. Ante todo, están los beneficios de las empresas que hacen el trabajo - y estos beneficios pueden ser considerables. Pero, la mayorÃa de las veces, el llamamiento a privatizar sirve de pretexto a la disminución de los servicios gubernamentales que se deterioran a medida que el dinero público toma el camino de las arcas de las grandes empresas mediante contratos, exenciones fiscales o subvenciones directas.

Sacar beneficios y muchas otras cosas más

Proporcionar nuevos beneficios a las empresas privadas ha sido quizás la primera motivación de las recientes privatizaciones en el ámbito militar, pero la burguesÃa imperialista, su Estado y los polÃticos a su servicio también han encontrado en ello ventajas a nivel polÃtico y social.

Primero, recurrir a empresas militares privadas ha permitido a Estados Unidos intervenir en cierto número de "pequeños" conflictos que han causado estragos en los paÃses subdesarrollados durante el periodo reciente sin que ello provoque problemas dentro del paÃs. La reacción de la población americana cuando un helicóptero Blackwater fue derribado en Somalia en 1993 y que combatientes somalÃes manifestaron su alegrÃa ante los cadáveres de los miembros de la tripulación ha demostrado que lo que se llama el "sÃndrome de Vietnam" no habÃa desaparecido, al contrario. La administración Clinton ha seguido interviniendo después de los acontecimientos de Somalia, llevando a cabo de hecho las operaciones militares más importantes desde el final de la guerra de Vietnam, pero recurriendo a empresas militares privadas más que a las fuerzas armadas americanas o reforzando las tropas ya sobre el terreno con personal contratado por dichas empresas. De este modo, sus intervenciones han parecido desdeñables, incluso inexistentes. ¿Quién ha notado que Estados Unidos estaba involucrado en guerras pequeñas y grandes en Croacia, en Bosnia, en Macedonia y en Kosovo; o en Perú y en Colombia; o también en Ruanda, en Angola y en Sudán? La subcontratación de buena parte de estas intervenciones ha sido una manera para la burguesÃa de evitar pagar, a nivel interior, la totalidad del coste polÃtico de las guerras que lleva a cabo su Estado.

Un portavoz de una de las empresas utilizadas por Clinton durante este periodo ha resumido bien esta polÃtica : "Cuando las cosas se ponen feas, nos llaman. Hacemos el trabajo sucio que no quieren hacer ellos mismos".

A partir de agosto de 2003, Estados Unidos ha estado en condiciones de retirar parte de sus tropas de Irak, sustituyéndolas por el personal de las empresas privadas. Durante cierto tiempo - al menos hasta febrero de 2004, cuando Estados Unidos ha cambiado de opinión y ha empezado a enviar nuevas tropas sobre el terreno -, la administración Bush podÃa dar la impresión de que la guerra iba apaciguándose. TodavÃa hoy, la administración Bush puede esconder algunos aspectos de la guerra utilizando los servicios del sector privado. El hecho de que 100 contratados civiles hayan sido matados ha permitido al ejército americano quedarse largo tiempo por debajo de la raya de los 1000 muertos.

Con el desarrollo de estas empresas militares privadas, el gobierno americano dispone ahora de reservas militares fácilmente movilizables en el mundo entero, en especial en los paÃses del tercer mundo. Los imperialismos de antaño se reforzaban integrando a soldados venidos de las colonias en su propio ejército ; Estados Unidos hace lo mismo recurriendo a las empresas militares privadas.

Por fin, el desarrollo de estas empresas y de las fuerzas paramilitares que contratan da al Estado burgués la posibilidad de utilizarlas dentro del paÃs en caso de movilización social o de importantes movimientos de huelga, las milicias privadas completando las fuerzas armadas oficiales de la burguesÃa - o supliéndolas. Durante los últimos años, en vez de utilizar a la guardia nacional o a la policÃa local para romper las huelgas duras, las autoridades han preferido recurrir a empresas de seguridad, émulas de la célebre sociedad Pinkerton que habÃa constituido, a principios del siglo XX, una verdadera fuerza paramilitar de intervención contra las grandes huelgas de mineros y de ferroviarios. Además, en ciertas circunstancias, las fuerzas paramilitares creadas por estas empresas podrÃan ser utilizadas por patronos individuales, como lo hizo Henry Ford con los maleantes de la Black Legion para impedir a los obreros de sus fábricas que se sindicaran.

Descontentos de su propia creación

Al principio de este proceso, la jerarquÃa militar parecÃa favorable a la privatización y a la subcontratación. Los generales, que están ligados a las grandes empresas y que esperan a veces encontrar en ellas jugosas retribuciones a la hora de la jubilación, eran sus más fervientes defensores. Hablaban de la necesidad de reducir los gastos para liberar dinero suplementario para los sistemas de armamento y repetÃan el argumento del Pentágono que decÃa que los militares debÃan concentrarse en el "corazón del oficio". Sin embargo, las divergencias han empezado a surgir a principios de los años noventa, acerca justamente de lo que constituye el "corazón del oficio" del ejército.

Mientras que los estados mayores empezaban a rezagarse con respecto a la subcontratación, la administración de Bush padre, después la de Clinton y luego la de Bush hijo han pedido, año tras año, al Congreso que disminuya el número máximo autorizado de miembros de las fuerzas armadas, lo que se traducÃa por nuevos contratos de subcontratación. Durante los quince años posteriores al final del conflicto vietnamita, los efectivos eran alrededor de 2,1millones. Pero en 1990, el total autorizado era reducido por debajo de esa cifra por primera vez, y luego por debajo de los 2 millones al año siguiente. Era el principio de una espiral que debÃa traducirse por una caÃda del número de soldados, debida no a problemas de reclutamiento, sino a los lÃmites impuestos en ese ámbito por el Congreso. En 2001, las fuerzas armadas contaban con menos de 1,38 millón de personas. La infanterÃa misma sufrÃa importantes disminuciones de efectivos, pasando de 800000 soldados en el periodo postrero a la guerra de Vietnam a 481000 en 2001.

El ejército era apabullado y muchos generales estaban descontentos por ello. A partir de 1996, las revistas consagradas a los asuntos militares han empezado a hacerse eco de dos tipos de crÃticas:algunos decÃan que la reducción de efectivos iba a debilitar al ejército, y otros que las empresas privadas no eran totalmente fiables bajo el fuego enemigo. Una advertencia, relatada por Aerospace 2000, es reveladora de este estado de ánimo :" Si la gran experiencia lanzada por nuestros lÃderes nacionales debÃa irse a pique en tiempos de guerra, las consecuencias de ello podrÃan ser incalculables". Oficialmente, el cuerpo de los oficiales empezaba a preconizar la "moderación" en temas de subcontratación y a reclamar mayores efectivos. En privado, y luego cada vez más abiertamente, reclamaban la cabeza de Clinton. Pero cuando Rumsfeld, apenas nombrado en el puesto de secretario de Defensa, anunció que iba a reducir de nuevo los efectivos en 200000 personas, fue acusado a su vez de querer "demoler el ejército".

Los militares han empezado a hacer la lista de los problemas causados por las empresas privadas. Una sociedad que no tenÃa ninguna experiencia anterior en el ámbito de los cuidados médicos, no disponÃa de ningún centro médico y empleaba personas sin experiencia como enfermeros y enfermeras habÃa obtenido el contrato de suministro de servicios médicos a las familias del personal en Estados Unidos, creando un clima de revuelta en prácticamente todas las bases del paÃs. DynCorp, que habÃa obtenido el contrato de mantenimiento de los helicópteros del ejército, era acusada de haber

contratado a personas sin experiencia previa para reparar estos delicados aparatos. Nadie lo decÃa abiertamente, pero se sospechaba que DynCorp no fuese ajena a la ola de helicópteros estrellados en el suelo que habÃa afectado al ejército.

Entonces cuando, en las primeras semanas de la guerra, los responsables de KB&R han interrumpido el abastecimiento de las tropas en Irak porque empezaba a armarse una buena, es como si hubiesen agitado una tela roja ante un toro. KB&R habÃa suspendido sus operaciones, dejando a los soldados en primera lÃnea sin abastecimiento. Esta sociedad, de la cual el vice-presidente de Estados Unidos ha sido el dirigente, amenazaba incluso con retirar a su personal de Irak en un momento delicado de los primeros combates, lo que habrÃa dejado a los militares sin defensa. KB&R tiene ese derecho. Las empresas privadas no están sometidas a la disciplina militar, como lo habÃan subrayado los militares mismos, y KB&R lo ha demostrado de nuevo el pasado mes de abril cuando paró sus operaciones, rechazando durante una semana que su personal transporte material, incluso prioritario.

Los generales han descubierto los problemas que pueden causar la privatización y la subcontratación - incluido al ejército. Pues que los generales se lamenten. Después de todo, solo tienen lo que se merecen. Se creÃan sin duda intocables y encomendados de una misión sagrada e incluso esencial para el funcionamiento del sistema. Y es cierto que el ejército es uno de los engranajes esenciales del capitalismo ; es el que permite al capital americano extender su dominio al mundo entero. Pero el capitalismo es un sistema completamente irracional - dispuesto a destruÃr para sacar beneficios incluido lo que es esencial para su propio funcionamiento.

25 de julio de 2004