El referéndum en Francia sobre la constitución europea

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Julio 2005

El referéndum en Francia sobre la constitución europea se ha saldado con una victoria del "no". Nuestros compañeros de Lucha Obrera propugnaron el "no" en el referéndum. En nuestro paÃs se han fundado muchas ilusiones entre sectores de izquierda y de la extrema izquierda, quizás en demasÃa. Y por esto serÃa necesario equilibrar estas opiniones para obtener las consecuencias reales de este "no"y situar esta victoria en sus justos términos. Por esto a continuación os transcribimos traducidos, los editoriales de los boletines de empresa de Lucha Obrera publicado despues de la victoria del no.

El no ha sido una bofetada pero hará falta un junio del 36 o un mayo del 68

Como se esperaba y lo esperaban las clases populares, el "no "ha sido ampliamente mayoritario en el referéndum. Y los resultados por ciudades no dejan la menor duda: son sobre todo las ciudades obreras las que han rechazado tanto la Constitución europea como a los que la han propuesto y defendido, empezando por Chirac.

De todas formas, ambos estaban Ãntimamente ligados de tanto Chirac, Raffarin y Sarkozy se han implicado en la campaña a favor del "sÃ". El gobierno lleva a cabo desde hace tres años una polÃtica particularmente retrógrada y antiobrera. Es mera justicia que la Constitución que patrocina, como su polÃtica, sean rechazadas.

Es mera justicia también que a la dirección del Partido Socialista le caiga el discrédito de su alineamiento total con la polÃtica de la derecha y de sus portavoces. A una parte del electorado socialista mismo le ha costado tragarse el hecho de que, después de haber llamado a votar a favor de Chirac en el 2002, la dirección del Partido Socialista insista una vez más.

Por parte de los dirigentes, la victoria del "no" ya se traduce por la multiplicación de las maniobras polÃticas. A la derecha, es Sarkozy contra Chirac, a la izquierda, es Fabius contra Hollande, sin hablar de los demás.

¿ Y para los trabajadores? El dÃa mismo del referéndum, habÃa la satisfacción de ver en la tele las caras descompuestas de los dirigentes polÃticos y de oirles liarse en las explicaciones. A parte del Partido Comunista, los dirigentes de todos los grandes partidos habiendo llamado a votar "sÃ", la desaprobación ha sido infligida a todos los que gobiernan hoy, como a los socialistas que gobernaban hace tres años y que esperan gobernar mañana.

Sin embargo, esta desaprobación de dichos dirigentes polÃticos no cambiará en sà la situación social. Los despidos y los cierres de empresas seguirán, mientras los poseedores de capital tengan razones de pensar que es una manera de aumentar sus beneficios. El poder adquisitivo de los asalariados seguirá disminuyendo y la precariedad aumentando. Chirac va a cambiar de Primer ministro pero solo cambiarán los discursos, no la polÃtica antiobrera. Incluso encontrarán la manera de hacer recaer sobre el electorado popular y sobre el "no" la responsabilidad de las medidas de austeridad que tomarán contra los asalariados.

El ministro de EconomÃa, Thierry Breton, empezó el dÃa mismo del referéndum refiriéndose a la mayor dificultad de su tarea en las instancias europeas. ¡ Como si el electorado popular tuviera razones de facilitarle el trabajo de representante de los intereses patronales!

Para Marie-Georges Buffet, dirigente del PCF, la victoria del "no" se situa "en la dinámica de agrupación popular que evoca los grandes momentos del Frente Popular o de mayo del 68". Para ella, en junio del 36, habrÃa que poner al mismo nivel la alianza de los partidos de izquierdas y la ola de ocupación de empresas que hizo temblar a los grandes patronos. Pero, en aquella época, el gobierno de Frente Popular sirvió sobre todo para sacar de apuros a esos grandes patronos parando la huelga general.

En cuanto a mayo del 68, la "dinámica de agrupación" no se manifestó en absoluto en las urnas, de las que salió al contrario una gran mayorÃa de derechas, sino en las luchas y en la huelga general.

Para cambiar la situación de los trabajadores, el "no" solo cambiará algo si les da la esperanza de nuevo, hasta el punto de que se den las posibilidades de combatir no solo un texto de Constitución, sino a la patronal en carne y hueso, en las empresas. La carrera para sacar siempre más beneficios, responsable del paro y de los sueldos insuficientes, no viene de un texto constitucional sino del control de los poseedores de capital de toda la economÃa.

Las combinaciones polÃticas que se elaboran tanto en la derecha como en la izquierda pretenden, de una u otra manera, desarmar a los trabajadores.

Entonces, pasado el momento de alegrÃa de la velada electoral, es de dicha capacidad de los trabajadores a pasar a la ofensiva contra los patronos de la cual depende nuestro porvenir.

30 de mayo

¡Solo retrocederán si los hacemos retroceder!

¿Quién de entre los trabajadores, en actividad o en paro, podrÃa tener la ingenuidad de creer a Villepin, cuando dice que la lucha contra el paro será la prioridad de su gobierno? Desde hace veinticinco años y más, no hay un gobierno que no prometa, cuando se instala, que con él, ¡ vamos a ver lo que vamos a ver! Y conocemos el resultado: el paro sigue siendo catastrófico.

La "batalla por el empleo" anunciada por el gobierno será en cambio la ocasión de llevar a cabo nuevos ataques contra los trabajadores para eliminar del código del trabajo lo poco que estorba a los patronos.

El dÃa mismo del referéndum, Seillère, patron del Medef, ha indicado la hoja de ruta. Si se quiere, ha dicho en substancia, que los patronos contraten un dÃa, hay que darles el derecho de despedir más fácilmente. En realidad, los patronos seguirán contratando solo cuando realmente lo necesitan, pero la modificación del código del trabajo que desean les darÃa el derecho de despedir a los asalariados fijos tan fácilmente como a los eventuales o a los temporales.

La "batalla por el empleo" es el pretexto con el que quieren obligar a los parados a aceptar todo trabajo mal pagado, suprimiendo toda indemnización a los que rechazarÃan, por ejemplo, más de dos propuestas.

Y el gobierno ejecutará tanto más las exigencias formuladas por Seillère que esto le permitirá unir lo útil - hacer lo que le pide la patronal - a lo agradable - complacer a su electorado. Ya que poder contratar y despedir cuando uno quiera, como uno quiera, es el deseo de todo lo que el paÃs cuenta de patronos. Hasta el más pequeño de los restauradores, de los dueños de hamacas, de los empresarios de la construcción, que necesitan asalariados durante un tiempo pero que rehusan toda obligación hacia ellos.

En el referéndum sobre la Constitución de Giscard, una gran mayorÃa del electorado popular ha votado "no". Con razón porque no habÃa que avalar una Constitución escrita en interés exclusivo de los grandes patronos. Pero los que pretenden que Chirac, debilitado, deberá tomar en cuenta el descontento expresado por el electorado popular engañan voluntariamente a los trabajadores.

Hasta que punto poco le importa a Chirac el electorado popular, lo vemos con el nuevo gobierno, copia del precedente, menos Raffarin pero más Sarkozy. Lo veremos cada vez más en su polÃtica. La derecha en el poder sabe que, para ganar las próximas elecciones, necesita todos los votos de su base electoral tradicional. Es esta base electoral de burgueses pequeños y grandes, reaccionarios, hostiles a los asalariados, la que el gobierno va a mimar durante los meses venideros.

Se hará cargo de una mayor parte de cargas sociales. Suprimirá empleos en el sector público. Intentará reducir gastos a costa de los asegurados. Reforzará la demagogia contra los trabajadores inmigrantes y contra los más pobres. Sarkozy, en el ministerio del Interior, se esforzará en demostrar que no hace falta votar a Le Pen para que su polÃtica sea aplicada. Y, para llenar las arcas del Estado que se vacÃan debido a los regalos hechos a los grandes patronos, el gobierno seguirá privatizando lo que todavÃa puede serlo, como acaba de decidirlo para France Telecom.

Entonces, la esperanza para los trabajadores no reside en absoluto en los gemidos de los dirigentes de izquierdas que le piden a Chirac que tenga en cuenta el descontento expresado en las urnas. Tampoco reside en la espera de una hipotética victoria del Partido Socialista en las próximas elecciones presidenciales y legislativas. Ya hemos hecho demasiado la experiencia de que no hay nada que esperar de un gobierno socialista y desde luego no una polÃtica favorable a los trabajadores.

Todas ilusiones abandonadas, nos queda nuestra propia fuerza colectiva, la de una clase social que hace funcionar toda la economÃa y que tiene el poder de pararlo todo. Este poder es el que habrá que utilizar para imponer nuestras exigencias.

6 de junio

Texto del mitin de Arlette LAGUILLER

El lunes 16 mayo de 2005 en la fiesta de Lucha Obrera

Trabajadores, trabajadores, camaradas y amigos:

Este tercer dÃa de nuestra fiesta está tradicionalmente dedicada al internacionalismo.

Como todos los años, hemos acogido a organizaciones venidas de diferentes paÃses de Europa, pero también de Ã?frica o América. Somos felices de acogerlos y orgullosos de poder permitirles que se expresen en un marco fraternal, incluso cuándo no compartamos tal o cual de sus ideas.

Nuestra fiesta es la mayor reunión de extrema izquierda no solo aquÃ, en Francia, sino probablemente en toda la Unión Europea.

Todo el que viene a nuestra fiesta puede, pasando tres dÃas agradables, conocer a militantes venidos de otras partes, discutir las condiciones en las que defienden sus ideas en sus paÃses respectivos y debatir estas mismas ideas.

Nosotros que pensamos que el movimiento obrero debe ser democrático, que debe aceptar y favorecer los debates de ideas en sus filas, igualmente estamos por este tipo de relaciones fraternales en el interior de la extrema izquierda. Que las discusiones sean vivas, que las ideas se expresen sin coacción, ¡muy bien, pero que ello no impida las relaciones fraternales!

Nosotros nos reivindicamos del comunismo. Y ser comunistas es ser internacionalista. No se trata solo de una actitud moral o de una simple forma de solidaridad. Nuestro internacionalismo viene del hecho de que el comunismo no es posible más que sobre la base de una economÃa ya mundializada por el capitalismo.

Nuestra corriente siempre ha rechazado la deformación impuesta al movimiento comunista por el estalinismo y por sus socios posteriores que estaban por el socialismo en un solo paÃs. Nuestra convicción es que los lazos económicos, los lazos sociales tejidos entre todos los paÃses, entre todas las regiones del mundo, son tales, que no hay un futuro particular para ningún pueblo de este planeta, ni para los que viven en los paÃses más ricos.

El proletariado no podrá vencer definitivamente a la burguesÃa y construir un nuevo sistema económico y social más que a escala internacional. Y por muchas razones es solo a escala del mundo que se podrá establecer una sociedad desembarazada del mercado, del beneficio, de la propiedad privada, de la explotación y de la opresión, de las crisis económicas y las guerras, una sociedad capaz de dirigir su propia actividad para asegurar a cada uno según sus necesidades.

Hubo un tiempo, hace dos siglo, en que la burguesÃa a pesar de su crueldad y de su rápacidad representó objetivamente un progreso. Fue capaz de hacer avanzar a la humanidad, a las ciencias, las técnicas y la producción de bienes materiales. Supo entonces romper las fronteras y las barreras feudales que fragmentaban cada paÃs, unificarlos y hacer surgir las naciones modernas.

Hoy el tiempo de las naciones ha acabado. Incluso dentro del orden capitalista la economÃa choca contra las barreras nacionales, un estrangulamiento que hace que Europa, este pequeño continente, esta casi isla que prolonga el continente asiático, está dividida en 46 estados.

Incluso desde el punto de vista de la economÃa capitalista, solos las grandes unidades económicas de los paÃses a escala de un continente como los EEUU tienen hoy una plaza al sol.

La burguesÃa se ha convertido en una clase senil, aferrada a su pasado, a sus estados nacionales y el capitalismo un sistema obsoleto incapaz de elevar las condiciones de vida de la sociedad humana a la altura de las inmensas posibilidades cientÃfica y técnicas de hoy en dÃa.

Lo que se llama "construcción europea" ilustra lo que de retrograda tiene la burguesÃa. Mientras que la parcelación de Europa es un anacronismo desde hace lo menos un siglo, han sido necesarias dos guerras mundiales y el avance inexorable de EEUU en relación a las viejas naciones industriales de Europa para que las burguesÃas iniciaran la construcción de la Europa unificada. Y hace cerca de 50 años que firmaron el Tratado de Roma, el cual fundó la primera versión del Mercado Común, reagrupando a 6 paÃses. Medio siglo después, a pesar de ampliaciones sucesivas, la UE está lejos de cubrir el conjunto de Europa.

Esta Unión, construida a través de mercados dónde cada potencia imperialista ha buscado favorecer a sus propios trust, es hoy sobre todo un mercado común, una arena más o menos unificada sobre la que los grandes grupos industriales y financieros de Europa pueden competir por la dominación sobre el conjunto de Europa. Es una unificación bancaria, trucada, adaptada a los intereses de los grupos capitalistas y que preserva las relaciones de dominación que han caracterizado en el pasado las relaciones entre las potencias industriales de Europa occidental y los paÃses pobres del continente.

Los promotores del "sÃ" a la Constitución Europea presentan a la Unión como un instrumento de paz. ¡Pero es significativo que una de las primeras expresiones de esta Europa polÃtica sea el proyecto, contenido en la Constitución Europea, de un ejército europeo! Ello hará feliz a los marchantes de armas, a los Dassault, Lagardere y sus homólogos alemanes, británicos, y sin duda, americanos, pues ello obligará incluso a los pequeños estados de la Unión a participar en los gastos militares, es decir, en los beneficios de esas empresas.

¡Como instrumento de paz, se puede hacer mejor!

La Unión Europea, ¿un instrumento de paz? ¡Pero si las tropas de los paÃses europeos están presentes en numerosas guerras en los cuatro rincones del mundo, desde Irak a Afganistán, sin hablar de las bases militares francesas o británicas dispersas en el mundo!

Que mañana, en Costa de Marfil por ejemplo, el ejército francés sea relevado por un ejército europeo o más probablemente, que el ejército francés sea rebautizado "ejército europeo" ello no cambiará nada su papel allÃ: defender los intereses de los grandes grupos franceses en ese paÃs.

Su asociación en el marco de la UE no cambia nada el carácter imperialista de las potencias que dominan Europa. Por lo que concierne a nuestro propio imperialismo, continúa dominando en su antiguo imperio colonial de Ã?frica, sosteniendo dictaduras infames, armándolas contra sus propios pueblos. Todo ello únicamente para que los grandes grupos capitalistas, los Bouygues, Bolloré o Total y algunos cientos de menor envergadura, continúen haciendo negocios jugosos en paÃses donde la población revienta de miseria. No es sorprendente que cada vez que la cólera estalla contra una dictadura, la última en el Congo, tome un carácter necesariamente hostil contra Francia. ¡Quién siembra vientos recoge tempestades! Entonces solo puedo insistir: no tenemos ninguna solidaridad con los que explotan Ã?frica y las tropas francesas deben ser retiradas de todas las bases militares en este continente.

Entonces, con un eventual ejército europeo, la UE no harÃa más que permitir a las potencias imperialistas europeas arrastrar más fácilmente a los pequeños paÃses europeos en sus guerras de dominación.

¡No, su Europa no es la nuestra! Su proyecto de Constitución no es el nuestro. No solo no contiene nada para los trabajadores, sino que no contiene nada de nada para los pueblos: ¡ni menos opresión, ni menos militarismo, ni menos guerras!

Entonces digo y repito: ¡a esta constitución votaremos "no" y llamamos a votar "no"!

Pero este referéndum por la Constitución no es más que un epifenómeno. Incluso para los dirigentes polÃticos que lo han impulsado, el juego es limitado. Chirac ha afirmado claramente que si el "no" ganase, no es motivo para dimitir. El rechazo a la Constitución no le obligará siquiera a cambiar de polÃtica, lo mismo que no le obligó la derrota de la derecha en las elecciones regionales y europeas de 2004.

Por muchas más razones, la ofensiva llevada a cabo por la gran patronal contra el mundo del trabajo, con el sostén del gobierno, seguirá hasta que con sus luchas los trabajadores la paren.

Entonces, durante esta campaña como después, lo esencial de nuestras intervenciones polÃticas, será decir y repetir a los trabajadores que no queremos que el paro y la precariedad continúen aumentando.

Que no queremos que el poder de adquisición de los trabajadores continúe bajando.

Que no queremos que el Estado continúe consagrando siempre más dinero a la gran patronal, quitándolo de las cajas de la Seguridad Social y de los presupuestos que deberÃan estar consagrados a los servicios públicos, o aún a obligar a los trabajadores bajo pretexto de solidaridad a más trabajo sin retribuir.

Para impedir todo esto es necesaria una contraofensiva general del mundo del trabajo.

No hay sector de la clase obrera que se libre de la guerra de clases de la patronal y del gobierno contra los trabajadores. Los trabajadores públicos y los privados sufren los mismos ataques. Es la misma patronal, es el gobierno, son sus golpes repetidos, los que acabaran por convencer a todos los trabajadores de esos paÃses, públicos o privados y sea cual sea su corporación, de que nuestro interés es el de unirnos sobre objetivos vitales. Objetivos como el aumento general de todos los salarios, la reabsorción del paro y la precariedad prohibiendo los despidos colectivos y repartiendo el trabajo entre todos.

Contribuyendo en la medida de nuestras posibilidades a preparar los ánimos para futuras luchas de los trabajadores para defender sus condiciones de vida, seguiremos defendiendo nuestras ideas comunistas.

El partido dicho comunista desde hace tiempo ha abandonado la defensa de esas ideas para integrarse en la sociedad capitalista, en su juego polÃtico, para integrarse en las filas de los servidores de la burguesÃa, comprendiendo los niveles más elevados de gobierno. Por muchas más razones, el Partido dicho socialista no tiene nada que ver con las ideas que presidieron su creación, volviéndose uno de los grandes partidos de la burguesÃa. Pero no porque los dirigentes y los aparatos de esos partidos hayan roto hace tiempo con esas ideas, dejan de ser justas.

El sistema capitalista, la economÃa de mercado, que engendra el desempleo incluso en los paÃses más ricos y que condena a la mayorÃa de la humanidad, la de los paÃses pobres, a la miseria, al hambre, es un sistema económico condenado. Desaparecerá más temprano o más tarde. No es nuestra actividad militante, ni nuestra propaganda las que harán que el movimiento obrero vuelva de nuevo a las ideas comunistas. Será el mismo capitalismo, sus injusticias flagrantes, su incapacidad de resolver los problemas más elementales de la humanidad, los que empujarán hacia las ideas comunistas a los que no tienen nada que ganar sino todo que perder si este sistema se prolonga.

Pero la existencia de organizaciones que defiendan claramente este programa podrá acelerar las cosas, facilitarlas, evitar que el descontento sea canalizado por fuerzas que, bajo una u otra forma, quieran prolongar aún más la existencia de este sistema.

Es por ello que participando en la vida polÃtica, en las luchas pequeñas y grandes que se dan, no buscamos correr tras combinaciones polÃticas irrisorias.

Es por ello, que oponiéndonos claramente al gobierno Chirac-Raffarin, uno de los más reaccionarios que el paÃs ha conocido desde hace tiempo, no nos hacemos ilusiones sobre la izquierda oficial que, si vuelve al poder, llevará la polÃtica que la gran patronal les exigirá. Dice que no reharán la izquierda plural sino "las izquierdas unidas": ¡pero eso no son más que palabras!

Es por ello que nosotros no participaremos jamás en las maniobras polÃticas pequeñas o grandes que contribuirÃan a equivocar a los trabajadores atándolos al carro de los mentirosos.

Nosotros hacemos la afirmación que hicieron grandes militantes de generaciones hoy desaparecidas que sabÃan lo que es el comunismo, lo que el movimiento obrero revolucionario quiere decir: "solo la verdad es revolucionaria"

Si buscamos obtener un crédito entre aquellos que consideramos nuestra clase social, entre los trabajadores, queremos convencerlos sobre la base de las ideas comunistas.

Entonces, camaradas y amigos, aún os quedan algunas horas para disfrutar aún de esta fiesta. ¡Y después, nos encontraremos en las empresas, en nuestros barrios, para continuar la actividad militante!