La España de las autonomías y el problema nacionalista

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Julio 2005

En las últimas semanas se ha avivado la polémica nacionalista tras la propuesta lanzada por el Gobierno del PSOE de un posible diálogo con ETA si ésta deja las armas, propuesta respaldada en el Parlamento por todos los grupos polÃticos, excepto PP. Paralelo a este ofrecimiento, paradójicamente, se da un endurecimiento de la lucha contra ETA, con detenciones sonadas, como la de Otegi y a su vez, por parte de ETA, con la colocación de artefactos explosivos que, afortunadamente, no han provocado vÃctimas. La propuesta de negociación y golpear al mismo tiempo a dirigentes nacionalistas como Otegi, al que nunca se le ha podido probar su pertenencia a ETA, hace pensar que la propuesta está hecha con la boca chica. Sin duda Zapatero quisiera parecer eficaz y tolerante pero no ve cual es su margen de maniobra para salvar las apariencias. Esta espina le hace andar de puntillas sobre el tema vasco, que forma parte de una situación complicada, de relaciones de fuerzas polÃticas integradas en el funcionamiento parlamentarista vigente.

En Cataluña el debate se ha centrado en los nuevos Estatutos y sobre todo en la forma de financiación de la autonomÃa, proponiendo los nacionalistas la recaudación directa de impuestos por parte del gobierno catalán, lo que ha indignado a parte de la población española. A su vez proponen "blindar" ciertas competencias de forma que desde el gobierno central no pueda interferir de ninguna de las maneras. El tema sigue abierto pues otras comunidades están también en proceso de reforma de sus Estatutos: Valencia, AndalucÃa, etc.

El problema del nacionalismo en España es una de las asignaturas pendientes y que divide a la población. "Los vascos son unos asesinos" o "los catalanes, unos avaros" son comentarios frecuentes. Pero habrÃa que recordar brevemente que España, contra lo ocurrido en otros paÃses de Europa, por contar con una burguesÃa débil, fue incapaz de solucionar históricamente la unidad de la penÃnsula en una estructura polÃtica que respondiera al capitalismo en desarrollo. Mucho más tarde el franquismo arrasó el movimiento obrero en la guerra civil y mantuvo una dictadura terrible durante muchos años, pero también intentó arrasar con las lenguas, las culturas y las distintas tradiciones de los pueblos de España. Las provincias vascas sufrieron con diferencia la represión del franquismo. También las catalanas. No sólo fue dirigida contra la clase obrera sino que adquirió una extensión que llegó a la inmensa mayorÃa del pueblo. El PaÃs Vasco fue la única región de España donde Franco fusiló a curas. El factor nacionalista fue, por tanto, uno de los caracteres que radicalizó la lucha antifranquista en el PaÃs Vasco.

Pero tras la transición ningún gobierno ha tenido el coraje suficiente para encarar el problema polÃticamente. La llegada de los socialistas al Gobierno en 1982, no cambió nada esta situación. Y en la actualidad se nota que Zapatero quiere un consenso en este tema. Se opone a ciertos aspectos de la polÃtica del PP, pero no en el fondo. Esto es una actitud constante por parte del PSOE; forma parte de un sentimiento de responsabilidad de sus dirigentes frente a la clase polÃtica tradicional. De modo que ambos partidos optan por el inmovilismo aunque sea por motivos algo distintos. De hecho la defensa enfervorizada por parte de la izquierda, incluida IU, de la Constitución del 78 (su artÃculo 2: proclama la unidad indisoluble de la nación española) no se entiende sin comprender este hecho. Pues la Constitución fue realizada sin debates públicos, con el miedo de la población a la dictadura y al ejército y fruto de un compromiso oculto entre la izquierda y el régimen franquista.

Por su parte, el gobierno del PP en su momento exacerbó el odio contra los nacionalistas de forma inaudita, rentabilizando los muertos hechos por ETA de forma vergonzosa, cosa que aún siguen haciendo desde la oposición. Han pasado 30 años desde la muerte de Franco, pero las huellas son profundas.

¿Y qué decir de la locura polÃtica de ETA? ETA en absoluto tiene nada que ver con los comunistas revolucionarios, incluso cuando combate el aparato de Estado español, ya que el terrorismo ciego contra las fuerzas de represión no es inevitablemente el mejor medio de paralizarlo. Además solo desea preparar la posible instauración de otro Estado -vasco-, de otra policÃa, que serán igualmente adversario de los trabajadores.

Por parte de los dirigentes polÃticos vascos, los del PNV o los más radicales, no vemos nada progresista en sus programas e ideas; nada que pueda servir a los trabajadores, a las clases pobres. Su estatuto y sus propuestas darÃan alas a los burgueses vascos, a los polÃticos vascos, a los representantes del estado vasco. Pero ni habrÃa más libertades, ni mejorarÃa la vida a nivel social porque se trata de sustituir un estado español por otro estado vasco. El mismo collar para distinto perro, porque una nación vasca o catalana no resuelve por sà misma el hecho de que todo está subordinado a los dictados de la economÃa, de la patronal y de la burguesÃa. El obrero de los astilleros vascos o sevillano, o cualquier trabajador catalán tienen el mismo interés contra la patronal y el gobierno, sea vasco o andaluz: son asalariados en posición contraria a la burguesÃa.

Por eso aunque parezca irreal en estos momentos, sólo la clase obrera puede dar solución a los enfrentamientos, superando los nacionalismos y poniendo en primer término los problemas económicos y sociales del sistema capitalista. Por esto hoy es necesario construir la base militante que pueda mantener los intereses de los trabajadores por encima de los agrupamientos interclasistas, que son en definitiva los nacionalismos, y que ligada a la clase obrera, pueda ofrecer una salida a la barbarie capitalista.

Para comprender el papel del nacionalismo en España habrÃa que mirar la evolución histórica y la conformación del Estado español. El desarrollo de los nacionalismos está Ãntimamente ligado a la debilidad de la burguesÃa española para construir un mercado nacional que permitiera el desarrollo industrial y económico y sus beneficios. Además a partir de los sesenta, una pequeña burguesÃa permite el desarrollo de estas ideas, muchas veces tintadas de rojo, que con las autonomÃas les ha permitido acceder a puestos polÃticos y dirigir, en cierta medida, los destinos locales y regionales.

Cataluña: una historia nacionalista burguesa

Cataluña fue gestada a partir del Condado de Barcelona durante la Alta Edad Media y tuvo hasta el siglo XV su propia lengua, sus leyes de gobierno y representación estamental. A lo largo de los siglos XVI y XVII continuó siendo un territorio diferenciado dentro de los dominios de la casa de Austria. No perdió sus instituciones y con ella los Fueros y privilegios hasta 1716 por su derrota a manos de las tropas franco-españolas de Felipe V de Borbón, a raÃz de la guerra de sucesión a la corona española.

Cataluña, como el PaÃs Vasco, conoció el movimiento carlista. Isabel II gobernará bajo la regencia de Maria Cristina, que instalará nuevos aires liberales. Es en estos momentos cuándo nace el movimiento carlista, ideológicamente reaccionario, que bajo la bandera del pretendiente al trono Don Carlos, hermano del rey difunto, libra verdaderas batallas, seguido básicamente por pequeños y medianos campesinos y por el clero. En el campo catalán y en la montaña el surgimiento del fenómeno carlista y su prolongación a lo largo del siglo XIX demuestra la pervivencia de una mentalidad campesina particularista, que reivindica la devolución de los Fueros o antiguas leyes del principado. Defienden las tradiciones patriarcales contra las innovaciones centralizadoras que comportaban el estado liberal, unitario y burgués al que acusaban de poner fin a la sociedad tradicional; propugnaban el restablecimiento de las antiguas leyes y se lanzaban en sus luchas cantando himnos catalanes. Pero en la masa ciudadana y en el litoral catalán predominaba la opinión liberal.

Puede decirse que a través de todas las vicisitudes del siglo XIX, un movimiento de fondo no habÃa parado de afirmarse: propugnaba la recuperación y la profundización de las caracterÃsticas propias de la cultura catalana. Por toda Europa el romanticismo habÃa favorecido el retorno a las raÃces e idealizado a la Edad Media. A través de él Cataluña encuentra su "glorioso pasado". Pronto se impone la idea de que la lengua catalana, desterrada de la enseñanza y de la mayorÃa de los sitios públicos, se debe convertir en una lengua literaria.

La revolución de septiembre de 1868 dirigida por el catalán Prim se hizo general e intentó instaurar una monarquÃa liberal. Pero Cataluña da su aprobación a los republicanos federales encabezados por Pi i Margall. La muerte de Prim y la abdicación de Amadeo de Saboya precipitaron la instauración de la República el 11 de febrero de 1873. Presidida por dos catalanes, Figueres y después Pi i Margall, supone la primera proclamación de un Estado catalán. Tuvo que hacer frente a muchas divisiones y a los carlistas; apenas tuvo 1 año de existencia.

Tras la primera República y la mediocridad que le sigue surge el nacimiento del catalanismo como fenómeno polÃtico. En 1885 una comisión formada por las más grandes personalidades intelectuales y literarias presenta a Alfonso XII, vueltos los Borbones, las reivindicaciones esenciales del catalanismo. En 1891 se crea la Unión Catalanista que apadrina un proyecto de constitución regional que se conoce como las Bases de Manresa. Sus aspiraciones llevan al ideal autonomista: el catalán como lengua oficial única, resurrección de las cortes catalanas, devolución al gobierno local del mantenimiento del orden público, derecho a acuñar moneda, la enseñanza, etc.

Pero el catalanismo, como lo conocemos hoy dÃa, podemos decir que proviene de finales del siglo XIX, fecha en que se da un gran revuelo polÃtico, social y cultural en Cataluña. Tuvo lugar un gran crecimiento demográfico, tanto que sobrepasó en habitantes a Madrid. Del aumento de población, 2/3 viene de fuera: de AndalucÃa, Aragón, Valencia, y alimentan con sus brazos la industria catalana. Los cambios desembocaron en una verdadera sociedad moderna y una burguesÃa dinámica alrededor de un puñado de industriales, numerosas pequeñas empresas y todo un pueblo de comerciantes, artesanos, intelectuales, un campesinado relativamente próspero y una clase obrera que tomará principalmente el camino del anarquismo. PaÃs Vasco y Cataluña son una excepción en una España donde dominan los modelos agrarios y feudales, sobretodo en las grandes mesetas de Castilla, AndalucÃa o Extremadura.

Cataluña se convirtió en un verdadero polo industrial. Se desarrolla la industria textil y también la metalurgia y la electricidad. En 1930 Cataluña, que representa el 6.3% del territorio español, reúne el 25% de sus empresas industriales. La renovación económica que supuso la industrialización permitió la aparición de una burguesÃa industrial y de negocios con mentalidad empresarial; favoreció la aparición de una pequeña burguesÃa, de una amplia capa profesional y de unos intelectuales que descubrieron, con el romanticismo, el pasado de su propia nacionalidad. De ahà la Renaixença a partir de los años 40 del siglo pasado que impuso paulatinamente el uso del catalán como idioma literario. También surge el historicismo romántico volcado hacia el medievalismo: en la época medieval existÃa una entidad nacional, entonces perdida y por eso el intelectual vuelve allà sus ojos.

La misma burguesÃa que habÃa conducido la modernización de Cataluña empieza a tomar conciencia de sà misma y se organiza en cámaras de comercios, asociaciones y pronto en el partido que asegurará su representación casi exclusiva: la Lliga Regionalista, de nÃtido carácter conservador y burgués.

1901 fue el año de la 1ª victoria electoral catalanista. Sostenida por la Lliga Regionalista, la lista de 4 presidentes (3 de las grandes organizaciones corporativas patronales y uno del Ateneo barcelonés) gana en Barcelona y barre a los caciques de los partidos tradicionales. En 1905 una provocación anticatalana les hace crecer: un grupo de oficiales se sienten insultados por una caricatura que se mofa de la acción del ejército en Marruecos aparecida en un periódico satÃrico de la Liga. Se prohÃbe este periódico y las Cortes de Madrid, tras el revuelo formado, reserva a los tribunales militares el derecho a juzgar los atentados contra la patria y el ejército. El proyecto autonomista ganará progresivamente terreno. Hacia 1914 la Liga controlaba los principales ayuntamientos y tenÃa la mayorÃa en las diputaciones y en la mancomunidad; era la 1ª fuerza conservadora de Cataluña.

De todo esto decir que el movimiento obrero era ajeno al movimiento nacionalista y próximo al movimiento libertario, con su acción directa; los últimos años del siglo XIX estuvieron marcados por atentados espectaculares inspirados por la ideologÃa libertaria y seguidos de represiones feroces. Numerosos intentos de crear una izquierda catalanista capaz de dirigir el proceso de lucha por la autonomÃa y hacer participar a las clases populares acabaron en fracasos más o menos estrepitosos. El de mayor importancia fue el Partit Republica Catala creado en 1917, momento de gran tensión polÃtica y social, que presentó un programa claramente nacionalista muy radicalizado socialmente hasta el punto de aceptar el socialismo como sistema para la transformación de la vida. TenÃan el convencimiento de que solo una aproximación hacia los sindicalistas no partidarios de la acción violenta podrÃan dar a su partido el apoyo obrero que les faltaba. Este acercamiento no llegó a producirse: la ofensiva de la patronal en colaboración con el gobernador civil MartÃnez Anido se inició con el asesinato de uno de sus dirigentes, Layret, y con la detención de los principales dirigentes obreros y republicanos. El PCR dejó de tener una presencia polÃtica relevante.

Fue Primo de Rivera y su dictadura la que empujó a las clases populares hacia el catalanismo; su estúpida represión puso a flor de piel el sentimiento y la conciencia nacionales. La Lliga Regionalista apoyó la dictadura e intentaba apuntalar a la monarquÃa que se hundÃa con el dictador. Estaba más preocupada realmente por mantener la propiedad privada y al régimen, lo que supuso para esta formación el principio del fin.

Llegada la II República el Estatuto catalán fue aprobado. Su parlamento fue elegido en noviembre de 1932 mayoritariamente compuesto por miembros de Ezquerra Republicana. Pero vendrÃan pronto tiempos turbios; en los comicios republicanos del 1933 ganaron las derechas y la república estaba cada vez más influenciada por la CEDA que finalmente entró a formar parte del gobierno republicano, con su lenguaje y ceremonial fascista. Mientras en Asturias se levantó la clase obrera, en Cataluña el Parlamento se enfrentaba a Gil Robles, de la CEDA, proclamando el Estado catalán de la República Federal española el 6 de octubre de 1934. El gobierno catalán fue detenido y sus instituciones paralizadas. Las cárceles se llenaron de detenidos polÃticos y los centros nacionalistas y de izquierdas fueron clausurados. A partir de estos momentos las medidas anticatalanas se suceden y el Estatuto se suspende el 2 de enero de 1935.

Luego Franco, tras el golpe militar, con su represión, acosó y derribó a todo tipo de nacionalismos, se encargó del resto. El franquismo se ensañó no sólo con la clase obrera y la izquierda, sino que prohibió y sometió las culturas y lenguas de las distintas regiones de nuestro paÃs. Esta imposición violenta vino a dificultar y a reverdecer el problema nacionalista en Cataluña y Euskadi. Pero contrariamente a los años anteriores a la guerra civil, los nacionalistas en Cataluña y en Euskadi lograron aglutinar a la izquierda y extrema izquierda tras de sÃ.

PaÃs Vasco: orÃgenes de un nacionalismo clerical y reaccionario

El particularismo vasco se mantuvo durante siglos sin que casi nunca haya existido propiamente un Estado vasco. El reino de Navarra agrupaba en el siglo IX la mayor parte de las poblaciones vascas, pero poco a poco se dividió en favor de las monarquÃas castellana y francesa. Sin embargo, cuando anexaban una provincia vasca, los prÃncipes castellanos o franceses juraban respetar los "Fueros", los derechos vascos, que garantizaban a cada provincia vasca una serie de libertades locales.

La oposición vasca al centralismo español se concretó bajo dos formas diferentes; el carlismo, nacido en 1833, se oponÃa en nombre de la tradición, a la polÃtica centralista del Gobierno, representante de la gran burguesÃa y los grandes latifundistas. Pero lo hacÃa defendiendo una polÃtica aún más reaccionaria. Reclutaba a sus dirigentes en la pequeña nobleza pobre, y sus tropas en los pequeños campos del norte de España, principalmente en Navarra. La oposición de los carlistas al centralismo español no era pues de la misma naturaleza que la de la burguesÃa del litoral vasco, consciente de poseer la mayor parte de las riquezas de España y mantener con sus fondos un aparato de Estado pletórico, al que acusaba de su incapacidad de desarrollar el mercado interior español. Es pues en las provincias marÃtimas dónde se desarrolló la segunda forma de oposición vasca al centralismo español: el nacionalismo vasco.

En 1876 finaliza el Régimen Foral para Vizcaya, Ã?lava y Guipúzcoa y los viejos temas, como la independencia originaria o la apologÃa del funcionamiento de las Juntas Generales, cobran fuerza al unirse la apologÃa de las formas de vida agraria vasca con el sentimiento romántico que funde leyenda e historia para configurar una conciencia que puede clasificarse como prenacional. Los Fueros, reducida su significación polÃtica desde 1839, fueron exaltados como seña de identidad polÃtica y bastión de los valores vascos tradicionales. La inseguridad del hoy contrastaba con la solidez de los sÃmbolos. La cohesión interna del mundo rural en torno a la familia y a la iglesia, los Fueros como expresión de poder autóctono que se justifica aludiendo a la soberanÃa originaria, representan un mito que está ya montado a principios del siglo XVII.

El Partido Nacionalista Vasco fue fundado por Sabino Arana en 1895. Arana creó también casi todos los sÃmbolos del nacionalismo vasco, bandera, himno, incluso forjó un nombre de entidad polÃtico (Euzkadi). En cuanto a la bandera vasca, sus sÃmbolos dicen bastante sobre su ideario; según su creador, el fondo rojo simboliza al pueblo, sobre quien se inscribe en verde la cruz de San Andrés que representa la ley, superior al pueblo, y en blanco una cruz blanca superpuesta representando la moral cristiana, superior al pueblo y a la ley.

Arana era un perfecto reaccionario. Para él, entre los elementos que constituyen la comunidad vasca, está la "raza" cuya "pureza" debÃa defenderse ante la invasión española. Eso le llevó a escribir en 1895: "La fisonomÃa del vasco es inteligente y noble, la del español inexpresiva y dura." El vasco tiene un planteamiento elegante y viril; el español o no sabe ir o si tiene un planteamiento elegante, es de tipo femenino (ejemplo el torero). El carácter del vasco degenera si se frota en el extranjero; el español necesita de vez en cuando una invasión que lo civilice". De esta forma el hombre de caserÃo se convierte en modelo de comportamiento, con su limpieza de sangre, su autarquÃa y su moralidad católica, portador de un orden que la modernización amenaza.

El programa nacionalista de Sabino Arana encontró un destinatario propicio por proporcionar una estrategia eficaz: la invocación foral, que evidencia la opresión de España y ofrece un objetivo polÃtico claro, unido al sentimiento agónico de la identidad vasca tras la pérdida de los Fueros y ante el retroceso del euskera. La referencia a un "pueblo vasco" servÃa de concepto unificador. Pero aunque haya sido racista, católico ultramontano e integrista a nivel social, Sabino Arana siempre es considerado por todos los sectores del nacionalismo vasco, incluidos ETA y la izquierda "abertzale" en general, como un sÃmbolo progresista, como una figura histórica que solo debe juzgarse en función de su influencia sobre la sociedad vasca contemporánea.

El nacionalismo vasco surge del punto de encuentro entro entre una prolongada crisis del antiguo régimen marcado por la violencia de las guerras carlistas y los cambios que trae consigo la industrialización. La regla es que la implantación nacionalista sigue los ritmos de la industrialización, reflejando el desarrollo desigual del PaÃs Vasco. De ahà su carácter primero vizcaÃno, la paulatina expansión a Guipúzcoa desde principios de siglo y los limitados resultados en Ã?lava y Guipúzcoa hasta la posguerra.

Dadas las limitaciones que afectan a las transformaciones burguesas en el PaÃs Vasco en el siglo XIX y a la forma de industrialización bilbaÃna, que tampoco se extiende a las demás regiones de inmediato, las posibilidades de un nacionalismo progresista eran mÃnimas. La aparición del nacionalismo habÃa de germinar en el recinto del fuerismo tradicionalista; de ahà el componente arcaizante y reaccionario del primer nacionalismo.

Solo en la II república se ve un cambio y es a partir de 1960 cuándo cuaja la convergencia entre ideario nacionalista y clases populares. La Constitución republicana de 1931, preveÃa la posibilidad de autonomÃas. Cataluña la obtuvo rápidamente. En cambio, en el PaÃs Vasco las cosas fueron mucho más lentas debido, particularmente, a los desacuerdos surgidos en materia religiosa. El PNV se mostraba reservado respecto a una República que pretendÃa promulgar la separación de la Iglesia y el Estado (durante el debate de este problema, los diputados vascos dejaron las Cortes en señal de protesta). Sin embargo, el 31 de mayo de 1931, se presentó un proyecto de Estatuto General del Estado vasco. Pero hubo dos enmiendas conflictivas: uno, pidiendo que la ciudadanÃa vasca no pudiera adquirirse sino al cabo de diez años de residencia y no de dos; y otro que afirma que las relaciones entre la Iglesia y el Estado deberÃan depender en Euzkadi del Estado vasco. Como era de esperar, se rechazaron estas enmiendas. Pero sirvieron de pretexto a la derecha española y a los carlistas navarros para comenzar una violenta campaña contra el Estatuto. Los carlistas lo calificaron de "broma atea" y cubrieron las carreteras y las paredes de Navarra de carteles que declaran: "no votar el Estatuto laico" y "Fueros si, Estatuto no".

El 19 de junio de 1932, los delegados de 518 municipios de las provincias de Alava, Guipuzcoa, Vizcaya y Navarra se reunieron en Pamplona para votar el Estatuto. Navarra votó en su mayorÃa en contra y se excluyó. En agosto de 1932, las Cortes aprobaron el Estatuto de AutonomÃa catalán, lo que hizo crecer las esperanzas vascas en cuanto a la aprobación de su propio estatuto. Pero en octubre el problema religioso - esta vez un proyecto de ley sobre las congregaciones religiosas - trajo una nueva confrontación del nacionalismo vasco con el Gobierno republicano. La derecha desencadenó contra este proyecto de ley una intensa agitación popular que la República reprimió. Ello se tradujo en el cierre de los centros vascos, actuaciones judiciales contra la prensa nacionalista y la detención de numerosos militantes.Y finalmente el proyecto de Estatuto de AutonomÃa vasco, aunque fue plebiscitado el 5 de noviembre de 1933, se pospuso tras la victoria electoral de la derecha quince dÃas más tarde, y asà permaneció hasta 1936.

Tras el levantamiento militar del 18 de julio de 1936 el PNV optó entonces por el apoyo a la República, a cambio de la aprobación del Estatuto de AutonomÃa. Ãsta fue votada en las Cortes el 1º octubre, y seis dÃas más tarde se nombraba a Aguirre jefe del primer Gobierno vasco. Pero realmente, este Gobierno solo controlaba dos de las cuatro provincias vascas españolas. Navarra, feudo carlista, y Ã?lava habÃan caÃdo a las manos de los militares golpistas al principio del levantamiento.

No se componÃa al Gobierno vasco solo de miembros del PNV. Estaban representados todos los partidos del Frente Popular, incluidos PCE y PSOE. Pero era el PNV quien llevaba la voz cantante. Y la polÃtica de este Gobierno tendÃa, más claramente aún que la de Madrid, a mantener el orden establecido. Defender la independencia de Euzkadi y el orden capitalista eran sus principales objetivos. Pero a pesar de la polÃtica conservadora efectuada por el PNV durante los nueve meses de existencia de su Gobierno no por ello se redujo la amplitud de la represión franquista. Según el Presidente Aguirre, al final de 1937 se habÃan pronunciado 11.000 sentencias de muerte, 1.000 de entre ellas llevadas a cabo y se habÃa encarcelado a 50.000 personas. Vizcaya y Guipúzcoa, "provincias peligrosas" sufrieron la ley del vencedor. Euzkadi vive con sus leyes suprimidas, los partidos polÃticos y sindicatos prohibidos, disueltas las asociaciones culturales, la práctica y la enseñanza del vasco prohibida. El régimen franquista se empleó a fondo durante los próximos años en contra de todo lo que pudiera tener alguna relación con el nacionalismo vasco. La lengua vasca estuvo prohibida hasta en los cementerios, donde los energúmenos franquistas se dedicaron a borrar las inscripciones funerarias escritas en vasco...

...Y aparece la ETA en los años 60

Con este panorama de represión, en los años 60 apareció ETA formado por jóvenes militantes decepcionados del tradicional PNV. Tan solo se distinguÃan de éste por el rechazo de toda referencia religiosa, con un nacionalismo más radical, pero inspirándose en las viejas ideas del PNV a nivel social. Por ello la declaración adoptada en la primera asamblea de ETA en 1962 afirmaba: "ETA es un movimiento vasco revolucionario de liberación nacional, creado en la resistencia patriótica (...) preconiza para el PaÃs Vasco (...) el reconocimiento del Trabajo y el Capital - tanto privado como público - como elementos integrales de la empresa (...) en el ámbito de la cultura nacional (...) Exige para Euzkadi (...) la proclamación del vasco como única lengua nacional". ETA se comprometÃa en la lucha armada (su primera acción de este tipo fue una tentativa de hacer descarrilar un tren de antiguos combatientes franquistas el 18 de julio de 1961) y agrupaba a jóvenes intelectuales de distintas ideologÃas, los unos abiertamente conservadores, otros influidos por Mao, Castro, o el FLN argelino.

Dentro de ETA se dieron numerosas luchas de tendencias y escisiones. No careció de militantes que se preguntaban sobre la falta de perspectiva de una polÃtica cuyo único horizonte era el PaÃs Vasco. Ello unido a la seducción ejercida por las ideas marxistas sobre algunas corrientes de ETA hizo que en sucesivas ocasiones surgieron en su seno corrientes que se reclaman de la lucha de clases. Pero mientras que las corrientes que se reclamaban del marxismo revolucionario no conseguÃan establecerse en la clase obrera, vasca o española, la corriente puramente nacionalista, personificada hoy por ETA militar, conquistó por su intransigencia, gracias a los sacrificios de sus militantes, una innegable simpatÃa en una parte, al menos, de la población vasca.

Para esta corriente puramente nacionalista la principal opresión que sufre el "pueblo trabajador vasco" es la opresión nacional, y no capitalista. A causa de ello, la misión de este pueblo es luchar por la liberación nacional (y no para su emancipación social) y debe hacerlo conjuntamente con la pequeña y mediana burguesÃa. ETA se refiere por otra parte no a la "conciencia de clase", sino a la "conciencia nacional de clase". Todo eso, en definitiva, para no ofrecer al proletariado vasco otra alternativa que la de incorporarse a la lucha de liberación nacional... bajo la dirección de ETA.

Ello no significa, por supuesto, que ETA no se preocupase en sus inicios de ganar simpatÃas en la clase obrera. Durante varios años, intentaron intervenir en el movimiento obrero vasco y consiguieron ejercer una determinada influencia en las Comisiones Trabajadoras y Comités de empresa. La principal actividad de ETA en este sentido consistió en secuestrar algunos empresarios para obligarlos a satisfacer las pretensiones de sus asalariados, y en distribuir los "fondos expropiados" (procedente de bancos u otras sociedades) a las familias de presos y a las vÃctimas de la represión. Fue sonado el envÃo de 1 millón de pesetas a las familias de tres obreros muertos durante una huelga de la construcción en Granada.

El consejo de Burgos en 1970, el atentado contra Carrero Blanco en 1973, las ejecuciones de militantes del ETA y el FRAP en septiembre de 1975, fueron acontecimientos que suscitaron sentimientos de simpatÃa - generalmente desprovistos de crÃtica -para ETA por parte de toda la izquierda europea. Pero mientras que numerosos vascos reclamaban su derecho a disponer de sà mismos, sin que las poblaciones interesadas estuvieses consultadas, el Gobierno Suárez, ya en la transición, consideró como un hecho adquirido para siempre el voto del Navarra contra el Estatuto de 1932, y creó a dos Comunidades Autónomas: la del PaÃs Vasco por una parte (Ã?lava, Guipúzcoa y Vizcaya) y la de Navarra por otra parte.

...Y en la actualidad

Hoy la situación ha cambiado radicalmente a raÃz de los asesinatos ciegos e indiscriminados de ETA y también los sentimientos de la izquierda española, como la de otros paÃses europeos. Hoy se le acusa de ser un obstáculo a la coexistencia democrática en la sociedad española, o incluso de querer torpedear el régimen parlamentario, porque una vuelta a la dictadura favorecerÃa sus objetivos polÃticos.

Hay que decir que el sistema actual de autonomÃas no ha colmado las ansias nacionalistas y por otra parte, ha defraudado las ilusiones que levantó por la población de toda la penÃnsula de que una administración autóctona serÃa más cercana y resolverÃa mejor los problemas generales de la población. Y esto último en gran parte es cierto pero con la limitación atroz que supone un sistema de autonomÃas dentro del marco del capitalismo.

La realidad de las comunidades autónomas hoy dÃa es que no han resuelto nada, porque son simulaciones del estado central, en pequeñito. Y es que el gobierno inmediato, sin interferencias, es muy atractivo para los que quieren hacer carrera personal y polÃtica. Hay una gran cantidad de puestos, de posiciones de poder polÃtico que no existÃan antes. Ello determina una situación de ventaja que nada tiene que ver con el sentimiento de identidad ni cultura amenazado: de lo que se trata es de conseguir la mayor parte del poder. En todos los partidos nacionalistas en la actualidad hay un verdadero juego de intereses, de simulaciones por la patria, por la tradición perdida.

El conflicto vasco sigue dividiendo a la población vasca, dejando en un segundo plano los problemas sociales y obreros, en una pelea por más o menos independencia, pero en el fondo esta pelea responde a luchas electoralistas y politiqueras por más poder regional y donde se dirimen los intereses de una pequeña burguesÃa en cargos y demás prebendas, como en todo el Estado y en los debates autonómicos. Sin embargo ninguno pone en cuestión nada respecto al orden social.

La cuestión nacionalista se podrÃa solucionar por medios polÃticos. Históricamente es el proletariado el único que ha permitido dar una solución a los problemas del capitalismo. En épocas de crisis social, en épocas de revolución, fue la única fuerza social que permitió, desde el socialismo, dar salida a los conflictos nacionalistas. Por eso creemos que sólo el mundo del trabajo permitirá solucionar los problemas nacionales sin imponer por la fuerza una opción nacional.

Ahora los trabajadores no tienen nada que ganar en esta pelea de nacionalistas, ni con las sucesivas reformas institucionales que se pudieran pactar en el futuro. Sólo si los trabajadores lideran la movilización contra la burguesÃa con un programa independiente y obrero podrán solucionar el problema nacionalista. Pues superarÃa la división entre nacionalidades para unirse en un proyecto de futuro contra el capital.