La estrepitosa subida de los precios del petróleo el planeta rehén de los trusts del petróleo y de los especuladores

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Diciembre 2005

El precio del crudo se ha triplicado desde 2003, e incluso se ha multiplicado por cuatro desde 1999. Aunque haya habido una pausa después del verano en este fuerte alza, gobiernos, instituciones financieras y hombres de negocios se colocan en "la perspectiva de un petróleo duraderamente caro", afirma el editorial del 7 de octubre del periódico económico La Tribune.

En dicho contexto, los márgenes de las sociedades de refinerÃa han progresado del 80% en un año, a la vez que se disparaban los dividendos pagados a los accionistas por las grandes compañÃas. En cuanto a los consumidores, constatan que se les pide pagar más cara la gasolina (en Francia, más del 20% para la súper y más del 43% para el fuel doméstico en un año) y consumir menos petróleo.

Asà el presidente de Estados-Unidos acaba de hacer un llamamiento a los habitantes de ese paÃs para "economizar la energÃa" en un discurso ya muy oÃdo. En efecto, parece sacado palabra por palabra del que pronunció Carter en su toma de poder, en 1977, en el que pidió a los americanos que hicieran "sacrificios y cambios en (su) vida", ya que "tenemos que equilibrar nuestra demanda de energÃa con nuestros recursos que se agotan rápidamente". Y en otros lugares del mundo, otros dirigentes, tales como Villepin, entonan la canción de:"hay que preparar la era posterior al petróleo" o afirman como Sarkozy, cuando era ministro de EconomÃa, que hay que "reanudar el espÃritu (de sacrificio) de los años setenta".

Esta década estuvo marcada en efecto por la subida brutal del precio del petróleo. La primera crisis petrolÃfera fue, con la crisis del dólar, la primera manifestación de envergadura de la larga depresión de la que la economÃa mundial todavÃa no ha salido.

Los dos primeros "choques petrolÃferos"

Los precios del crudo se cuadriplicaron en 1973-1974, y de nuevo en 1979-1980. Los gobiernos de los paÃses ricos presentaron a los paÃses productores como responsables de aquellas subidas. A esta explicación, que tenÃa la ventaja de dejar en la sombra el papel de los trusts del petróleo, se le añadió otra de otro tipo. Los yacimientos de hidrocarburos no son infinitos y, al ritmo al que se sacaban, a la humanidad sólo le quedarÃan ante sà treinta años de reserva. HabÃa que hacerse a la idea: siendo escaso, el petróleo solo podÃa ser caro, muy caro.

El primer "choque petrolÃfero" se produjo en el momento en que la economÃa mundial entraba en una era agitada. Marca el final del periodo de los "Treinta Gloriosos" - en realidad, poco más de dos décadas - en el que la economÃa, reponiéndose de los estragos del último conflicto mundial, habÃa conocido ritmos de crecimiento sostenidos. Más allá de la humareda de mentiras, la primera subida brutal del precio del petróleo era fruto de la voluntad de los trusts del petróleo de anticiparse al estrechamiento del mercado y a la amenaza que conllevaba de una contracción de sus beneficios. PodÃan hacerlo. Estaban en posición de monopolio:herederos de las "siete hermanas", algunos grandes trusts tenÃan entre sus manos el abastecimiento del mundo en petróleo mediante el control, directo, de la refinerÃa y del reparto y, por potentados locales interpuestos, de la explotación de los yacimientos.

Respuesta de los capitalistas del sector petrolÃfero a la entrada en crisis de la economÃa mundial, el alza súbita de los precios del petróleo iba a agravarla aún más. Todos los sectores de la economÃa tuvieron que pagar un mayor tributo petrolÃfero. Grandes consumidores de energÃa, la industria y los transportes se vieron especialmente afectados.

Consecuencia de la aminoración general de la economÃa y de la erosión del dólar, moneda de referencia internacional, la inflación se disparó. En Francia, alcanzó el 20%, y se mantuvo a más del 10% durante años. El poder adquisitivo de los salarios fue arrasado. Por primera vez desde el final de la guerra, la producción retrocedió a nivel mundial en 1974-1975, y en 1979-1982, lo que corresponde a los periodos consecutivos a los "choques petrolÃferos". En los paÃses desarrollados, el paro volvió a ser un fenómeno de masas, elemento permanente del funcionamiento de la economÃa, que iba a servir para reducir la parte de la riqueza producida dejada a la clase obrera por las clases pudientes.

Las subidas de precios en cascada que conllevó la del petróleo redujeron de forma brutal el nivel de vida de los trabajadores en los paÃses desarrollados. En los paÃses pobres, que tenÃan en su gran mayorÃa que importar petróleo, el encarecimiento de este último azotó de lleno a las masas populares. La economÃa de estos paÃses, frágil porque fue saqueada por el imperialismo después de haberlo sido por las potencias coloniales, se vio apurada hasta el cuello. Para asegurarse un mÃnimo de abastecimiento energético y simplemente sobrevivir, el tercer mundo tuvo que endeudarse con los bancos, pasándose alrededor del cuello ese nudo corredizo que, treinta años después, sigue estrangulando a sus pueblos.

Mentiras bien orquestadas

El choque fue violento. Para presentar sus consecuencias como inevitables, las autoridades gubernamentales orquestaron en todas partes grandes maniobras para mentalizar a la población. En los paÃses ricos, por "evitar despilfarros", las almas de Dios aconsejaban en las ondas y en las pequeñas pantallas dejar la calefacción puesta en 19°, utilizar bombillas de bajo consumo. "No tenemos petróleo, pero tenemos ideas", proclamaba un eslogan oficial. En algunos lugares, se pusieron a prohibir la circulación de los automóviles ciertos dÃas. En otros sitios, los automovilistas tuvieron que equiparse de señaladores de sobreconsumo. En Estados Unidos, el anuncio que incitaba a los automovilistas a reducir la velocidad fue financiado por las grandes compañÃas:¡les vaciaban los bolsillos, por qué no sermonearlos! Y, en Francia, incluso para las fiestas de fin de año, las vitrinas de las tiendas y las iluminaciones de las calles tenÃan que ser apagadas imperativamente a cierta hora.

En los medios de comunicación, los "expertos" repetÃan que iba a faltar petróleo. Bastaba con martillearlo para presentar la fuerte subida de los precios como el resultado de una especie de fatalidad natural y no del ánimo de lucro de los trusts del petróleo. Y, una vez más para exculparlos, gobernantes y medios de comunicación designaron un chivo expiatorio para todos a los que las compañÃas petrolÃferas amputaban el poder adquisitivo:la OPEP (Organización de los paÃses exportadores de petróleo).

Durante décadas, los paÃses productores no habÃan tenido derecho a voz:el precio del petróleo habÃa dependido únicamente de las compañÃas, los paÃses petrolÃferos recibiendo sólo migajas de la "renta del petróleo". Los escasos responsables polÃticos a quienes, como Mossadegh en Irán, se les ocurrió atacar a los intereses de los trusts del petróleo, lo pagaron perdiendo su puesto, cuando no la vida.

¿Por qué entonces, súbitamente, las grandes compañÃas mostraban comprensión hacia los paÃses productores que querÃan aumentar el precio del petróleo bruto extraÃdo de su suelo tanto más cuanto la inflación rápida del dólar mermaba sus ingresos? Es que los mismos trusts del petróleo habÃan cambiado de estrategia. El petróleo barato, destinado a un mercado mundial en expansión, habÃan decidido sustituirlo, en un mercado que se contraÃa, por un petróleo caro, que aportaba más beneficios con un volumen menor y menos inversiones. Los intereses de los trusts coincidÃan esta vez con los de los paÃses productores: no los de sus pueblos, sino los de sus reyes, emires o presidentes-dictadores.

Desde finales de la Segunda Guerra mundial, con un barril vendido en torno a los quince dólares, que habÃa costado producir de dos a seis veces menos, los trusts del petróleo habÃan realizado beneficios colosales. A pesar de todo, ese precio se consideraba como relativamente bajo. Y al conjunto de la burguesÃa mundial le convenÃa ampliamente, porque una energÃa abundante y barata le era necesaria para volver a poner en marcha su industria, y para que ésta tirase del resto de la economÃa. En cuanto a los trusts del petróleo, que disponÃan de un monopolio que los convertÃa en dueños del "oro negro", los costes de producción muy bajos les permitÃan tomar cuotas de mercado a otras fuentes de energÃa - en especial al gran rival que era en aquella época el carbón - haciendo a la vez grandes beneficios con el volumen vendido. Ãste crecÃa de año en año, estando estimulada la demanda por el nivel de los precios. Las grandes compañÃas estaban por lo tanto atentas a que la oferta fuera abundante. Y si superaba la demanda, esto les servÃa de medio de presión ("no le necesitamos...") en las negociaciones con tal o cual paÃs productor. Los trusts del petróleo se aseguraron asà durante cerca de treinta años márgenes de beneficios del 300% o más, sobre todo en Oriente Medio. Es por lo que, para intentar limitar su rapacidad, durante este periodo, algunos paÃses nacionalizaron sus pozos y, en 1960 fundaron la OPEP.

En cuanto al "tesoro" que los paÃses productores habrÃan acumulado durante los "choques petrolÃferos", un tema machacado entonces, se trataba de otra manera de disfrazar la realidad. "La acumulación de decenas de miles de millones de dólares en los paÃses subpoblados del golfo Pérsico", pretendÃa el Nouvel Observateur en enero de 1975, "los dota de una potencia de disuasión financiera susceptible, a largo plazo, de poner a raya incluso al paÃs más rico del mundo, Estados Unidos". En realidad, de los 47 mil millones de dólares que los paÃses productores invirtieron en aquel momento en Occidente, sobre todo en Estados Unidos, más de la mitad lo fueron en bonos del Tesoro y obligaciones de los Estados imperialistas, lo que venÃa a ser dejar ese dinero a disposición de estos paÃses. El resto fue a fundirse en los circuitos financieros, la inmobiliaria de lujo o el capital de grandes empresas de los mismos paÃses ricos.

Por supuesto, la población de la mayorÃa de los paÃses productores nunca vio nada de este dinero. Ya que, si se cita a veces el crecimiento de la renta de los nacionales de algunos emiratos de opereta, donde la débil densidad demográfica hace que hayan podido beneficiarse de los efectos del "oro negro", se olvida el crecimiento en estos mismos paÃses de una población de trabajadores inmigrantes mal pagados, como se olvida el bajo nivel de vida de algunos paÃses petrolÃferos, de Nigeria a Irán, de Venezuela a Argelia.

Añadamos que al principio de los años ochenta, cuando el flujo de sus petrodólares empezó a reducirse, los paÃses productores apoyaron, en vano, una subida del precio del crudo para reconstituir su tesorerÃa:¡ya no tenÃan, incluso Arabia Saudita, con qué rembolsar a los bancos occidentales con los que estaban endeudado!

De todo esto, ni los medios de comunicación ni los gobiernos de los paÃses imperialistas dijeron nada. Y no iban sobre todo a decir que en 1973 o en 1979, la OPEP jamás hubiera podido aumentar sus precios sin el visto bueno de los trusts del petróleo. Y éstos no tenÃan ninguna razón de oponerse a una medida con la que salÃan ganando. El secretario de Estado americano Kissinger lo confesó a su manera, a finales de 1974, cuando se puso a reclamar la fijación de un precio mÃnimo del crudo, mientras que desde hacÃa meses los discursos oficiales no dejaban nunca de evocar el insoportable precio de la gasolina. Se trataba de garantizar a las compañÃas un nivel de precio mundial de tal forma que se volvieran rentables los yacimientos, en especial en América del Norte, que habÃan abandonado por ser de explotación demasiado costosa. Asà aseguraban también los 500 mil millones de dólares invertidos por ellas en fuentes de energÃa prometedoras, cuyo desarrollo, más costoso que una perforación en pleno desierto, solo se podÃa hacer con la garantÃa de beneficios mÃnimos. Esto es precisamente lo que con el tope mÃnimo les aportaba el Estado, en absoluto "puesto a raya", de la primera potencia mundial.

Beneficios extraordinarios y malthusianismo

La cotización elevada del crudo permitió a los trusts del petróleo llenar sus arcas. Desarrollaron también su actividad en direcciones desechadas hasta ese momento porque no eran lo bastante rentables, tales como la explotación del petróleo del mar del Norte (el "brent"). Lanzaron programas de perforación en Alaska, prospectaron zonas offshore más profundas que las explotadas en el golfo de México, a la altura de Ã?frica en particular. Se interesaron también por nuevos recursos minerales petrolÃferos, como los esquistos bituminosos. En Estados Unidos, los Standard Oil, Gulf Oil y grupo Getty se llevaron también la mejor parte en una industria nuclear a la que le costaba desarrollarse.

Los trusts del petróleo hicieron estas inversiones a cuenta de la población del mundo entero con la complicidad activa de los Estados de los paÃses ricos. Pero, con el estancamiento de la economÃa capitalista, los capitalistas del petróleo tenÃan tan pocas razones como los de las demás ramas para invertir en la producción. Entonces, ¿adónde han ido a parar los enormes beneficios que han realizado durante todos esos años? En gran parte, a sus accionistas. Ãstos, poniendo el ejemplo de Total, han percibido 24 mil millones de euros entre 2000 y 2003, mediante dividendos, rescates en Bolsa de las acciones de la compañÃa (una operación de las más jugosas cuando los trusts del petróleo anuncian una tasa de rentabilidad media del capital del 16%, e incluso del 19% en el caso de Total). En cuanto a los 35 mil millones de euros de inversión que Total anuncia haber realizado en el mismo periodo, solo una pequeña parte ha servido para desarrollar la producción. Total y los demás grandes trusts del petróleo han dedicado desde hace años una parte importante de los beneficios a recuperar yacimientos y equipamientos ya realizados por otras sociedades, comprándolas o fusionando con ellas para formar mega compañÃas. Entre los ejemplos más llamativos del último periodo, citemos Exxon-Mobil y Total-Petrofina a finales de 1988. Seis meses más tarde, esta última absorbió Elf, compañÃa pública, con la bendición de las autoridades francesas. Y si, en Estados Unidos, no se ha construido una sola refinerÃa desde 1976, es que ¡desarrollar la producción solo lo mÃnimo puede aportar lo máximo!

Durante las dos décadas que precedieron al primer "choque", la oferta de petróleo habÃa sobrepasado la demanda. Cuando la economÃa mundial se puso a ralentizar, las grandes compañÃas cambiaron de chaqueta. Les hacÃa falta precios elevados para un petróleo vuelto artificialmente menos abundante, a fin de mantener y, si es posible, aumentar el nivel de sus beneficios.

Durante el último tercio del siglo XX, las grandes compañÃas han gestionado de forma maltusiana el enorme montón de "oro negro" sobre el cual se basa su riqueza. Asà retomaban el camino de lo que habÃa sido, excepto en escasos periodos, una constante de su polÃtica desde Rockefeller y demás primeros magnates del petróleo:asegurarse beneficios elevados por medios que han podido variar a lo largo del tiempo (cártel de las "siete hermanas" a principios del siglo XX, limitación permanente de la producción, fijación de un precio mundial de monopolio, control estricto de toda la cadena de la industria petrolÃfera hasta la comercialización del carburante, etc.), pero que tenÃan todos como meta el poner esos beneficios a cubierto del "mercado" o de la "libre competencia", que tanto les gusta invocar a los defensores del capitalismo.

Es cierto que, desde hace treinta años, los trusts del petróleo han explotado nuevos yacimientos. Pero, jamás corriendo el riesgo de provocar una superabundancia de la oferta y en la medida en que les permitÃa diversificar su abastecimiento. En efecto, desde que en 1945, de vuelta de Yalta, Roosevelt habÃa sellado con Ibn Seud un acuerdo de petróleo contra protección militar ("la defensa de Arabia Saudita" habiendo sido declarada ya desde 1943 por Roosevelt "vital para la de Estados Unidos"), y que los trusts del petróleo americanos habÃan obligado a Gran Bretaña a dejarles sitio en sus terrenos reservados de Irak, Kuwait, Irán, etc., el abastecimiento de los trusts del petróleo se habÃa vuelto muy dependiente de los paÃses del golfo Arabo-pérsico. Sin embargo, se trata de una región presa de una inestabilidad crónica aunque, o debido, a que las grandes potencias, encabezadas por Estados Unidos, se apoyen allà sobre infames regÃmenes.

Pero, incluso cuando las grandes compañÃas han ido a buscar nuevos yacimientos fuera de Oriente Medio, aún hacÃa falta que el coste de explotación, según la AIE (Agencia Internacional de la EnergÃa) no superara los 10 dólares (16 dólares en el caso de petróleo "no convencional") para un crudo vendido a una media de 22 a 28 dólares. De muy cómodo, su margen se ha vuelto enorme con un barril que ha superado, y de lejos, los 60 dólares.

Además, a finales de los años ochenta, los trusts del petróleo se han beneficiado de una ganga:el derrumbamiento del segundo productor mundial de petróleo, la URSS, cuyo desmoronamiento provocó la puja por su industria petrolÃfera. Entre los burócratas, los "oligarcas", que le habÃan echado el guante a una compañÃa, a un oleoducto, a yacimientos en Siberia, en el Caúcaso, en Asia Central, querÃan poner lo que acababan de robar fuera de alcance de sus pares. Algunos contrayeron alianzas con trusts del petróleo esperando asà cobijarse bajo el ala del derecho occidental, mucho más protector de la propiedad privada que los jueces rusos. Esto no siempre ha funcionado; el ex-magnate Jodorkovski, que acaba de ser condenado a ocho años de cárcel, ha visto además al Estado ruso retomar "su" compañÃa. De forma generalmente enérgica, este Estado ha recuperado el control directo de una tercera parte de su industria petrolÃfera. En cuanto a los trusts del petróleo, han aprovechado la situación para tomar opciones sobre una parte de los recursos en petróleo y gas de la ex-URSS utilizando la venalidad de los representantes en la cumbre del Estado ruso, azerbaiyano, kazako, turkmenio...

Sangre en el petróleo

Unos treinta años han transcurrido desde los precedentes "choques petrolÃferos" sin que nada fundamental cambie en la polÃtica de los trusts del petróleo. Es cierto que para extraer el petróleo en la mayorÃa de los paÃses, ahora pasan por acuerdos con compañÃas locales. Y los contratos firmados son de duración limitada, queriendo además los paÃses productores multiplicar los interlocutores y fomentar la competencia entre ellos, a fin de depender menos de los "procónsules del petróleo". De ahà que los hombres de Elf, ayer, de Total, hoy, hagan y deshagan con menos facilidad que antes los dictadores en "Franciáfrica". Pero las poblaciones no salen obligatoriamente ganando con estos terrenos reservados porque, en especial en el Oeste africano, ello se acompaña a menudo de enfrentamientos entre compañÃas rivales mediante bandas armadas que aterrorizan a las poblaciones.

Desde hace unos cuarenta años, las grandes compañÃas se han desprendido de algunos eslabones de la cadena petrolÃfera. Pero siguen siendo dueños de las principales - lo que, con la diversificación de sus fuentes de abastecimiento, les asegura poder continuar imponiendo sus decisiones en el ámbito energético. A los paÃses pobres, por supuesto, asà como a los Estados productores. Pero también a los Estados más potentes, cuyos mayores representantes polÃticos no tienen nada que negarles a las sociedades petrolÃferas, y son incluso a veces hombres que han hecho carrera en sus cúspides, como el vice-presidente americano Dick Cheney. Bien es sabido hasta que punto, durante la preparación, y luego el desarrollo de la guerra contra Irak, en 2003, los intereses petrolÃferos han estado omnipresentes en las decisiones de unos y otros;y como los trusts del petróleo americanos y británicos, una empresa como Halliburton, pero también el trust Total y varios de sus semejantes que temÃan salir trasquilados, han reivindicado su parte de botÃn antes incluso de que los GI's vayan a buscarla para ellos entre las ruinas de Bagdad y los cadáveres de los IraquÃes cuya sangre sigue fluyendo en los oleoductos de la región.

El "quedarse sin gasolina"y el "diluvio"

A menudo se presentan las campañas sobre la economÃa de energÃa como teniendo que dejar desarmado al lobby petrolÃfero. Desde hace treinta años, en la medida en que no solo consistÃa en mentir, las principales medidas financiadas en este terreno por los Estados han beneficiado sobre todo a las empresas, incluidas las del sector petrolÃfero. Se crearon agencias gubernamentales en los paÃses desarrollados para ayudar a la patronal a realizar economÃas de energÃa y, con dicho pretexto, las empresas recibieron subvenciones que les permitÃan reducir costes, adaptar su funcionamiento, comprar máquinas más productivas.

La AIE (Agencia Internacional de la EnergÃa) que los paÃses industrializados miembros de la OCDE (Organización de la Cooperación y del Desarrollo Económicos) crearon después del primer "choque petrolÃfero", ha evaluado dichas economÃas. Según los cálculos de la AIE, entre 1971 y 2002, la cantidad de tonelada-equivalente-petróleo necesaria a la creación de un dólar de valor añadido ha sido dividida por dos para los paÃses de la OCDE. Es cierto que existen disparidades entre ellos :Japón y la Unión Europea consumen proporcionalmente dos veces menos energÃa productora que Estados Unidos, sin duda porque no tienen la misma posibilidad que estos últimos de pagar su petróleo con una moneda... que le cuesta poco emitir al Tesoro americano. Pero es entre los paÃses desarrollados y el resto del planeta donde la diferencia en el ámbito energético sigue siendo inmensa, incluso se agranda. Esto es válido incluso para los paÃses "emergentes" presentados como futuros gigantes de la economÃa:para producir un dólar, China se gasta, tanto en sentido propio como figurado, tres veces y media más energÃa que el vecino Japón.

Puesto que habÃa subvenciones en juego, y posiciones a ocupar eventualmente, los trusts del petróleo y los financieros no se apartaron de las energÃas llamadas renovables. En Francia, presentándolo como una "alternativa al todo-petróleo", el Estado financió masivamente el desarrollo del sector nuclear abriendo asà perspectivas de beneficios a toda una parte del mundo de las finanzas y de la industria. En Estados-Unidos, y luego en Europa, gigantes de la ingenierÃa petrolÃfera y de la construcción se interesaron por la energÃa eólica cuando se empezó a pensar en explotarla a un nivel más que artesanal, con fuertes subvenciones para la investigación y el desarrollo por parte de los Estados.

Ilustración de esta situación en la región parisina, los visitantes del pueblo-modelo de casas económicas en energÃa, creado en Nandy (en la entonces "ciudad nueva" de Melun-Sénart, en Seine-et-Marne) por las autoridades de la época, constataban, leyendo el panel situado delante de cada casa, que todas las patentes, o casi todas, de economÃa de energÃa en la construcción pertenecÃan a ... Elf, Total, Esso, BP, etc.

A pesar de todas las campañas más o menos oficiales sobre el agotamiento venidero de los recursos del planeta, nunca se planteó realmente la búsqueda de soluciones substitutivas al petróleo. Si abastece todavÃa la mitad de toda la energÃa consumida en la tierra, es porque, desde hace más de un siglo, la sociedad capitalista ha desarrollado su industria, sus transportes, su urbanismo apostando sobre esta fuente de energÃa, ciertamente fácil de extraer, transportar y almacenar, pero sobre todo que aporta mucho a quién la controla.

Este "todo petróleo" tiene un coste inconmensurable. Es el de la contaminación bajo todas sus formas, de las aberraciones en la organización de la vida de miles de millones de seres humanos, del derroche social y económico, del saqueo del medio ambiente que ello provoca, y finalmente el de la irresponsabilidad criminal ante la humanidad que caracteriza a todo el sistema capitalista. Los trusts del petróleo no son ciertamente una excepción en este ámbito, ellos cuyas actuaciones solo obedecen al fin y al cabo a una sola ley:que los beneficios, si no el petróleo, salgan a chorros y ¡después de ellos, el diluvio!

Es cierto que la catástrofe prometida por las campañas "evitar despilfarros" desde hace treinta años no se ha producido. El mundo no se ha "quedado sin gasolina" - tÃtulo de un suplemento reciente del Monde que, jactándose de revelar "uno de los secretos mejores protegidos", promete para pronto un "pico de producción petrolÃfera" anunciador de dicha "falta de gasolina".

En la época de los "choques petrolÃferos", es decir, hace treinta años decÃan que el final del petróleo era para dentro de unos treinta años. Y ahora dicen que es para dentro de cuarenta años. El plan de ahora es una ficción fantasiosa, si no una mera estafa. Cuando se habla de la reserva de hidrocarburos, solo se evocan las que se conocen. Sin embargo, no paran de descubrirse otras, pero solo se cuentan como "reservas" las que se piensa poder explotar. Las cantidades anunciadas tienen por lo tanto un carácter relativo que depende, en última instancia, de lo que los trusts petrolÃferos deciden considerar como reservas, dicho de otro modo de lo que estiman rentable para ellos, y solos ellos.

A lo largo de los últimos treinta años, se han descubierto nuevos yacimientos. Se han explotado algunos en regiones de las más inaccesibles del planeta, en fondos marinos cada vez más profundos. Se ha empezado a sacar gasolina del "petróleo no convencional":el crudo extra-pesado del Orinoco, en Venezuela, los betunes de Alberta y la arena asfáltica de Athabasca, en Canadá... Esto ha sido posible gracias a progresos técnicos cuya toma en cuenta cambiaba, a veces, el panorama del dÃa a la mañana. A principios de 2003, la Oil and Gas Journal (que publica cada año el estado de las reservas de hidrocarburos en el mundo) fue noticia al tomar en cuenta los asfaltos canadienses. Por ello, de golpe, las reservas de Canadá saltaron de 5 mil millones de barriles, casi nada, a 180 mil millones de barriles, ¡es decir el 20% del abastecimiento en petróleo del paÃs! Se conocÃan estas rocas sedimentarias de las que geólogos e ingenieros sabÃan sacar petróleo. Pero, lo que ha sido decisivo, es que con un precio del crudo en fuerte alza, la explotación de estas rocas se volvÃa atractiva para los accionistas de las compañÃas petrolÃferas.

Cuando beneficiosy especulación se alimentan uno a otro

En efecto, en 2003, la especulación se desencadenó en los mercados petrolÃferos "spot" (compras al dÃa) o a plazo del Nymex en Nueva York, del Internacional Petroleum Exchange en Londres. Incendio de una refinerÃa, atentados en Arabia Saudita, buenas cifras económicas en China, tensiones en Oriente Medio, un ciclón tropical, y luego otro, en el sur de los Estados-Unidos... la especulación no repara en medios. Desde hace meses, masas de capital, en busca de beneficios rápidos y en alza, afluyen virtualmente hacia las plazas bursátiles donde "barriles-papel" se compran y se venden sin que el petróleo que representan salga de los tanques, refinerÃas u oleoductos donde se encuentra.

Para que muchas opciones sobre la entrega de petróleo, que nadie tiene la intención de concretar, se emitan y se levanten, basta con que sus detentores tengan la convicción de que en poco tiempo su inversión va a aportarles mucho. Que "los mercados" piensen que el precio del petróleo va a seguir progresando, basta para mantener la especulación, y asà el alza.

Durante los primeros "choques petrolÃferos", las grandes compañÃas habÃan orquestado el alza. Hoy, la fisonomÃa del mercado del petróleo es tal -se la compara a un "gran barreño" al cual convergerÃa la producción mundial antes de salir hacia todos los recodos de la tierra- que el papel de los trusts del petróleo en el alza actual ya no es tan exclusivo como entonces.

El mercado petrolÃfero mundial representa unos 2 billones de euros. Una vez deducidos los diversos costes, se estima el "excedente petrolÃfero" a un billón y medio de euros - el equivalente del Producto Interior Bruto de Francia. Entonces, evidentemente, hay muchos, y no solo los grandes grupos petrolÃferos, que quieren llevarse una parte de este enorme "excedente" del "gran barreño" de beneficios:gigantes de la ingenierÃa como Halliburton; grande bancos de negocios, como la americana Goldman Sachs que, al predecir un barril a 105 dólares, contribuye a empujarlo en esa dirección; agentes y traders de los mercados petrolÃferos; navieros de tanques-basura; fondos de inversiones que apuestan sobre los "petroleros"; grandes grupos del gas, visto que el precio de este último sigue el del petróleo ; capas dirigentes de los paÃses productores; Estados cuyos ingresos aumentan con el alza del producto del IVA y de los demás impuestos sobre el petróleo, etc.

Pero, el ministerio francés de EconomÃa estima asà en 250 mil millones de dólares por año las necesidades de la industria petrolÃfera, mientras que en el transcurso de los diez últimos años, los trusts petrolÃferos solo han invertido anualmente de 100 a 120 mil millones de dólares. Por lo tanto, harÃa falta encontrar por lo menos varias decenas de miles de millones de dólares suplementarios por año. Los "mercados" saben que, para acceder a recursos más costosos de explotar, las compañÃas petrolÃferas deberÃan proceder a enormes inversiones. Saben también que, si quisieran financiarlas después de décadas de inversiones insuficientes, solo podrÃan contar sobre una fuerte alza de los precios. O más bien, una fuerte alza de los precios del petróleo es el mejor medio de que disponen los trusts petrolÃferos para atraer al capital - ya decidan después invertirlos en la producción o ya, siguiendo su actitud maltusiana en materia de inversiones productivas, inviertan esos billones considerables en los circuitos financieros de la economÃa mundial. Dicho de otra manera, todos los especuladores saben que, cualquiera que sea la situación, pueden pujar por un alza del petróleo porque es el propio interés de los trusts del petróleo de mantener el precio a un nivel elevado.

Actualmente, ningún otro sector ofrece tales perspectivas de ganancias, ni procura ya beneficios tan enormes como los que los trusts del petróleo realizan con el alza de las cotizaciones en bolsa. Este es el zócalo sobre el que se desarrolla la burbuja de la especulación petrolÃfera.

Un tercer "choque petrolÃfero"

En 2002-2003, los dirigentes y las instituciones de las potencias imperialistas que gobiernan el planeta parecÃan no preocuparse de la subida de los precios del petróleo, y algunos hasta lo celebraban. Hoy, el nivel alcanzado por este alza comienza a provocar reacciones inquietas de su parte en cuanto a lo que ellos llaman el "crecimiento", una noción que encubre sobre todo la de los beneficios de las empresas en una economÃa debilitada.

El presidente del Banco Central Europeo dice que se teme "un nuevo choque petrolÃfero", añadiendo que, ya hoy en dÃa, el crecimiento de los doce Estados de la zona euro será "de aproximadamente un punto de porcentaje inferior a lo que hubiera sido" si las cotizaciones petrolÃferas se hubiesen quedado en el nivel de 2004. Reunidos, a finales de septiembre, paralelamente a las asambleas anuales del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional (FMI), los ministros de Finanzas de los siete paÃses más ricos del planeta han dedicado la mayor parte de sus debates a la crisis petrolÃfera. Los responsables financieros de las potencias imperialistas han repetido casi palabra por palabra el informe del FMI, que señala el precio del petróleo como riesgo principal en un momento en el que "la disminución de la actividad se constata por todas partes".

En los paÃses desarrollados, este alza recorta por todas partes el poder adquisitivo de las clases trabajadoras, ya en descenso, y no solo en lo que concierne al transporte y a la calefacción, porque serÃa difÃcil encontrar productos que no integraran, de una manera u otra, costes (de fabricación, de almacenamiento, de transporte) en aumento debido al petróleo. En los paÃses de la zona euro, cuya moneda se habÃa apreciado frente al dólar, el impacto del alza petrolÃfera sobre los precios corrientes ha sido un poco amortiguado. Pero aún asÃ, los efectos del encarecimiento energético pesan cada vez más sobre amplias capas de la población. De hecho, en todas partes en los paÃses industrializados, la clase obrera es la primera, si no la única vÃctima de la fiebre petrolÃfera. Comentando estos efectos con una franqueza cercana al cinismo, un analista financiero, citado por el periódico Les Ãchos, declaraba: "El reparto del valor añadido se hace siempre a favor de las sociedades. Los asalariados pagan la totalidad de la factura energética".

Pero, es para las dos terceras partes de la humanidad que viven en los paÃses pobres para quien la especulación petrolÃfera tiene las consecuencias más dramáticas. Y antes de que esta nueva burbuja especulativa estalle, como otras antes, ya ha provocado estragos en el nivel de vida de los paÃses más pobres. Ya ha provocado manifestaciones, motines, en las Comores, en paÃses de Ã?frica o de Asia donde los primeros en reaccionar han sido a menudo pequeños conductores de tap-taps, taxis-brousse y otros medios de "transporte de fortuna" indispensables para los desplazamientos de la gente como de las mercancÃas. En paÃses como Guinea-Bissau - aunque cerca del golfo de Guinea, ese nuevo Eldorado de las compañÃas petrolÃferas - las finanzas públicas están en tal estado que, ya en tiempos " normales ", la mÃnima subida de la factura petrolÃfera provoca el paro de la única central eléctrica del paÃs, que funciona con fuel. ¡Quién sabe qué nuevos dramas provocarán los especuladores y accionistas de las compañÃas que aumentan los precios del petróleo!

"Me parece sin fundamento el juicio que nos hacen (...) el beneficio no es un concepto fácilmente admitido", declaraba Thierry Desmarest, presidente de Total, en el Figaro del 20 de septiembre. ¡"Pobre" dirigente de un trust que, con 11 mil millones de dólares de beneficios en 2004, ha superado el récord (francés) para una sociedad cotizada en Bolsa y que se prepara a pulverizar su propio récord con 15,8 mil millones de dólares en 2005! Y lo que es cierto para Total, vale para sus colegas del grupo de las diez primeras sociedades mundiales, entre las cuales una mayorÃa de compañÃas petrolÃferas, como ExxonMobil, primera sociedad cotizada del mundo, ¡que ha sacado 25 mil millones de beneficios en 2004 y que prevé 31,6 para 2005!

Este año, son más de 100 mil millones de dólares de beneficios (contra 84 mil millones el año pasado) lo que se preparan a cobrar los cinco mayores trusts petrolÃferos mundiales:ExxonMobil, Royal Dutch Shell, BP, Total, Chevron. Nunca, en toda la historia, un sector industrial ha obtenido tantos beneficios. ¡Con la cotización del "brent" que ha progresado del 49% en Londres en tan solo los seis primeros meses del 2005 y el barril que ha sobrepasado los 70 dólares en New York, los trusts del petróleo han mostrado, en el primer semestre, resultados en alza de un 30% de media! Y ello sin que los costes de extracción, transporte, refinerÃa y comercialización hayan variado sensiblemente. La extraordinaria progresión de los beneficios petrolÃferos es, por una parte, una anticipación especulativa sobre el coste venidero de los carburantes y, sin duda también, mera especulación.

El resultado es unos 100 mil millones de dólares de beneficios para los cinco mayores trusts del petróleo, que equivalen al presupuesto anunciado de las destrucciones provocadas por el ciclón Katrina en el sur de los Estados-Unidos, o al coste para la economÃa americana de un año de guerra en Irak. Los trusts petrolÃferos roban a la población mundial, lo que es una de las manifestaciones actuales de la crisis de la economÃa capitalista. Catastrófica a nivel del planeta y de la humanidad, esta crisis lo es al igual que el sistema guiado por la búsqueda de beneficios.

14 de octubre 2005