La economía capitalista mundial

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febrero 2006

1.El 2004 se ha presentado, casi de forma unánime, como un año de "resultados excepcionales" para la economÃa mundial, con una tasa de crecimiento de más del 5%, la más elevada desde 1976. Y las estadÃsticas acumulan las cifras: 4,4% de crecimiento para EEUU en 2004, en lugar del 3% de 2003, más del 5% de crecimiento en América Latina, y en el Este Asiático, incluso en Ã?frica (los niños con cuerpos famélicos de Nigeria o EtiopÃa lo apreciarÃan, si pudiesen). Sólo para Europa occidental, hay algunas rebajas, sobretodo en comparación con EEUU. Pero al menos tiene derecho cuándo menos a un 2% de crecimiento en el 2004, no obstante con una tendencia la disminución en 2005.

Estas estadÃsticas prueban sobre todo que la burguesÃa y sus portavoces se han adaptado, hasta en sus estadÃsticas y su vocabulario, a una situación donde el progreso de la producción real es débil, ver inexistente, donde las producciones productivas quedan, más allá de fluctuaciones periódicas, en un nivel bajo, donde las fábricas cierran, donde el número de parados es dramáticamente elevado y donde la noción misma de crecimiento encubre sobretodo el del beneficio de las empresas, asà como el aumento de las rentas y del consumo de la burguesÃa en general.

Las fases de expansión y retroceso que se suceden, los ciclos coyunturales, se producen tras el fondo de una economÃa que no consigue salir del largo perÃodo de depresión que comenzó alrededor de 1960 y 1970.

2.Evocando los rasgos que la crisis de la economÃa capitalista ha acentuado a lo largo de los treinta años de su duración, siendo el principal la financiarización de la economÃa mundial, recordamos en el texto del congreso del año anterior: "...El rol creciente de la finanza ha sido, en un primer tiempo, un efecto de la crisis: los capitales inutilizados en las inversiones productivas han sido enviados hacia emplazamientos remuneradores (según el perÃodo: compra de bonos del Tesoro de paÃses imperialistas, comenzando por los de EEUU; préstamos a los Estados de paÃses pobres; compra de acciones y obligaciones; especulación monetaria; financiación de operaciones de fusión-adquisición de grandes empresas, etc.). Ahora se convierte en una de sus causas. El funcionamiento que se lleva a cabo privilegia el beneficio financiero a corto plazo en relación a las inversiones productivas a largo plazo.

Todo ocurre como si, impidiendo a la crisis de la producción llegar hasta su lógico final, se perturbarse su rol regulador. Pues es necesario recordar que las crisis no son epifenómenos de la economÃa capitalista, subproductos accidentales. Constituyen fases esenciales de la reproducción capitalista. Es precisamente a través de las crisis que la economÃa de mercado, se mueve con la competencia sangrante, anárquica, reestablece los equilibrios entre la producción y el consumo solvente entre los diferentes sectores de la economÃa, sobretodo entre los medios de producción y los bienes de consumo, asà como entre las diferentes funciones económicas. Son las crisis las que, destruyendo una parte del capital productivo, arruina a una fracción de la misma clase capitalista, despeja el terreno, creando las condiciones de volver a poner en marcha inversiones productivas." (...)

Por el contrario: "Las "inversiones" realizadas por los grupos financieros, como los fondos de pensiones, los fondos de las mutuas, las sociedades de seguros y los fondos especulativos diversos, (son) puros emplazamientos financieros. (...) el dinero no es "invertido" (...) para estar inmovilizado (...) en inversiones productivas. Está destinado a reportar beneficios financieros a corto plazo. (...)

El crecimiento incesante de este tipo de financiación en los capitales de empresas industriales repercute en su gestión. La búsqueda del máximo beneficio a corto plazo se opone a las inversiones a mayor plazo, a la inmovilización de capitales en la construcción de una nueva fábrica, a la compra de nuevas máquinas, etc. AsÃ, es el capital más concentrado, el que controla los medios de producción más potentes de la sociedad, el que juega cada vez menos el papel que serÃa el suyo en la organización de la producción sobre base capitalista." (...)

3.El 2004, año dicho de crecimiento, no ha invertido las tendencias de fondo de la evolución económica, no más que las fases de expansión precedentes - y hubo muchas- terminaron cada vez con una crisis más o menos grave, crack bursátil, crisis monetaria, crisis sectorial. Muchos de los elementos que participan en la euforia actual, la especulación inmobiliaria, la reactivación de la Bolsa, incluso la subida de beneficios, acentúan aún la preponderancia de la finanza y los movimientos erráticos del dinero en busca de emplazamientos que ocultan nuevas amenazas de cracks.

4.Desde 2003 los beneficios de las grandes empresas crecen de nuevo de forma rápida, con récords en la primera mitad de 2005. Permiten, en primer lugar, distribuir dividendos copiosos a los accionistas, lo que está en la base del enriquecimiento de la burguesÃa. Si una pequeña parte de esos altos beneficios se transforma en construcción de nuevas fábricas, de cadenas de montaje, etc., ello se hace principalmente con el objetivo de aprovechar algunos nuevos mercados de consumo que están abiertos desde la apertura de los paÃses del este europeos o de China. En los paÃses industriales desarrollados, prácticamente no may más que inversiones de renovación (para reemplazar el material vuelto obsoleto o para modificar nuevas cadenas de montaje en función de nueva carga para sacar nuevos modelos, etc.). Lo esencial de lo que las estadÃsticas registran como inversiones consiste en simples compras de empresas competidoras, con sus fábricas ya existentes, sus patentes, sus laboratorios de investigación y, sobretodo, su parte del mercado. Ralentizado un momento por la crisis bursátil de 2001-2002 el llamado movimiento de "fusiones-adquisiciones" conoce un nuevo auge volviendo a dar vigor al mercado bursátil (20% de progresión para la Bolsa de ParÃs después del comienzo del año 2005). Otra utilización en boga de los altos beneficios consiste, para una empresa, en readquirir a fuerte precio sus propias acciones valorizando asà en el plano bursátil la fortuna de los accionistas. El "crecimiento" es el de la finanza y no el de la inversión productiva.

5.La fase de expansión de la economÃa mundial, nos dicen, es empujada hacia delante por la de EEUU y China, presentada como complementaria.

6.El pretendido crecimiento americano reposa sobre el despegue de lo inmobiliario y del consumo. Por otra parte, los dos están estrechamente ligados: el vuelo, en gran parte especulativo, de lo inmobiliario valoriza la propiedad inmobiliaria que sirve como aval hipotecario para los grandes bancos que conceden generosamente créditos para el consumo, de los que las capas más pobres de las clases populares, los parados, etc., están descartados. Las estadÃsticas sobre el crecimiento del consumo americano son tales que disimulan el hecho de que sólo las altas rentas crecen, favorecidas además por polÃticas fiscales, al mismo tiempo que baja el poder de adquisición de una gran parte de los asalariados y que el dinero de las ayudas sociales es brutalmente reducido. Las desigualdades sociales tienen una amplitud sin precedentes.

7.No obstante es significativo que, incluso en los EEUU, locomotora de la economÃa mundial, si el consumo interior crece un 35% desde el 2000, con una clara aceleración en 2004, la producción industrial global no aumenta en volumen más que un 5% desde 1997 y nada en absoluto desde el 2000 (las cifras son del "Departamento para el Análisis de la EconomÃa", organismo estadÃstico que depende del Ministerio de Comercio de los EEUU).

Hay que creer que la misma clase capitalista americana no se engaña por la actual euforia del consumo basado sobre el crédito y, pues, sobre el endeudamiento de los particulares. No ve un ensanchamiento del mercado suficientemente prometedor para el futuro para invertir masivamente y aumentar el aparato productivo.

8.Las multinacionales americanas se han beneficiado este año de una enmienda votada discretamente en el 2004 que les permite no pagar más que un 5,25% de tasas, en lugar del 35% teórico en caso de repatriar sus beneficios realizados en otras partes del mundo. En un año estas grandes empresas americanas han repatriado la suma fantástica de 350.000 millones de dólares. La enmienda fue votada para "favorecer las inversiones" en el interior mismo de EEUU y para crear empleos. Pero, como dice justamente Le Monde, esta suma servirá casi exclusivamente para "alimentar la oleada de fusiones y adquisiciones de Wall Street".

9.Las únicas inversiones que se han hecho han sido en el sector llamado de las "nuevas tecnologÃas", que han salido de golpe del desplome que siguió al crack de 2001. Son los equipamientos de ordenador, en informática o telecomunicaciones los que han hecho que, para las estadÃsticas, las inversiones están de nuevo creciendo desde 2003, tras un retroceso importante en los años precedentes.

El total del aumento de la demanda interior habrÃa sido satisfecho por las importaciones (constatación del Centro de Estudios Internacionales). Es, pues, la demanda muy fuerte del inmenso mercado americano la que empuja hacia delante al conjunto de la economÃa mundial.

Pero el hecho de que el creciente consumo privado americano se satisfaga por las importaciones se refleja en el déficit comercial igualmente creciente de EEUU, que ha pasado de 150.000 millones de dólares en 1997 a 700.000 millones de dólares en 2004. Este déficit es cubierto por emplazamientos de dinero que viene de los excedentes comerciales, sobre todo de paÃses como China, Taiwán o Corea del Sur. A pesar de la debilidad actual del dólar, la economÃa americana permanece en efecto la más poderosa del mundo, la única que inspira confianza a las burguesÃas de los diferentes paÃses. Todo ocurre como si los paÃses sub o semi desarrollados robasen a las clases trabajadoras para financiar el consumo de las clases acomodadas del paÃs más rico. Es una de las expresiones de la evolución de la economÃa mundial en economÃa de rentistas en beneficio de la burguesÃa, grande y pequeña, de las potencias imperialistas del mundo y la primera de entre ellas, la de EEUU.

10Disponiendo, gracias al papel del dólar, principal moneda de cambio y de reserva en la economÃa mundial, del privilegio de hacer compartir el deterioro de su moneda al mundo entero, los EEUU continúan endeudándose. La economÃa americana funciona sobre una montaña de deudas: la del mismo Estado, la de las grandes empresas, la de los particulares. El crecimiento incesante de este endeudamiento juega un papel principal en el crecimiento de las masas monetarias a escala del mundo que, no invirtiéndose, agravan la financiación de la economÃa y la amenaza recurrente de crack.

11Por su parte China desde ahora es presentada como el segundo polo de desarrollo de la economÃa mundial, cuándo no como el futuro rival del EEUU. Tras un largo perÃodo de casi autarquÃa, el comercio exterior chino progresa después de un cuarto de siglo al ritmo del 15% por año. Su parte en los intercambios internacionales ha pasado durante el mismo perÃodo del menos del 1% al 5%. El peso de los intercambios internacionales en la economÃa china serÃa hoy dos veces más importante que el de Brasil o India y comparable al de la economÃa mejicana.

Los dirigentes de China han logrado reintegrar al paÃs en los circuitos de la economÃa capitalista mundial. Guardando la etiqueta comunista del régimen, contrariamente a la ex Unión Soviética, el Estado chino ha logrado aquello en que el Estado ruso fracasó parcialmente: conduciendo con una mano de hierro una transición económica que ha hecho que hoy más de la mitad del PIB chino es debido a la empresas privadas.

12Durante cerca de treinta años, entre 1950 y el comienzo de la llamada "estrategia de apertura" en 1979, el Estado chino ha protegido la perspectiva de un cierto desarrollo burgués gracias a la ruptura de lazos anteriores de subordinación con las potencias imperialistas que siguieron a la toma del poder por Mao. Las barreras proteccionistas con las que el régimen rodeó al paÃs, completando los efectos del bloqueo que le fue impuesto por el imperialismo americano, el estatismo y el monopolio del comercio exterior, aislaron a China de la economÃa mundial y de las ventajas de la división internacional del trabajo. Pero igualmente la protegieron de la invasión de los grupos industriales de los paÃses imperialistas y de sus extracciones directas. Le permitió centralizar, por intermedio del Estado, los medios necesarios para un cierto número de grandes trabajos de infraestructura y la extensión de industrias pesadas. Con excepción de cortos perÃodos China fue, durante estos treinta años y gracias a la centralización estatal, uno de los paÃses donde las inversiones en capital fijo fueron las más elevadas. Se hicieron en detrimento del consumo de las clases trabajadoras de las ciudades y campos.

Si aún mantienen una capa privilegiada, el desarrollo económico se ha hecho, no obstante, con un cierto igualitarismo para las clases populares que, no teniendo más que un nivel de vida extremadamente bajo, podÃan sin embargo contar con una cierta protección del Estado en el terreno de la salud, jubilación, etc. Es este igualitarismo el que está a punto de ser completamente desmantelado.

13Es sobre la base de esta acumulación anterior que China se ha enrolado en la evolución actual que ha conducido al enriquecimiento excepcionalmente rápido de la burguesÃa china. Este enriquecimiento se ha vuelto espectacular por la aparición de algunos millonarios a la cabeza de fortunas comparables a las de sus semejantes de muchos otros paÃses semi-desarrollados del mundo (Brasil, Méjico, etc.) pero también por la aparición de una burguesÃa media más amplia que ha creado o se ha apropiado de miles de pequeñas empresas diseminadas en la inmensidad rural del paÃs y , a juzgar por algunas informaciones que llegan, llevando a cabo con el apoyo del aparato de Estado local una guerra de clase feroz contra la población de los campos. Por ser proporcionalmente poco numerosa en relación al conjunto de una población de un 1.300 millones de habitantes, esta clase privilegiada china que imita hábitos de consumo de Occidente, estimada en una treintena de millones de personas y pudiera ser cincuenta millones, representa no obstante, en valor absoluto, un mercado importante. El enriquecimiento de esta minorÃa privilegiada reposa sobre la explotación de la clase obrera y sobre la inmensa miseria de los campos. Los dos causas está ligadas en la economÃa capitalista: el aumento de masas importantes que huyen de los campos, que no permiten sobrevivir, ofrece a la burguesÃa china, y más aún, a los grupos imperialistas asociados a la evolución económica del paÃs, una mano de obra de entre las menos caras del mundo.

14Constatando el desmantelamiento de las protecciones sociales anteriores que aseguraban a la casi totalidad de la población urbana una cobertura ante la enfermedad y una jubilación, los organismos internacionales de la burguesÃa, hasta la Banca Mundial, dan al Estado chino consejos porque éste quiere remediar en cierta medida una situación social, sanitaria, catastrófica y con peligro de explosión (esta situación es atribuida al carácter "comunista" del régimen). Amonestación tanto más hipócrita en tanto que esta gran potencia pobre que es India, que no ha dejado jamás el seno del imperialismo, no es ciertamente un modelo en materia de protección de las clases pobres.

15En cuánto a hablar, como lo hacen algunos, de la "pareja" EEUU/China, que serÃa el elemento motor de la economÃa mundial, es un timo. Como lo es también el pretender que el crecimiento de la economÃa china representarÃa una amenaza para los paÃses imperialistas desarrollados, en particular para EEUU. Los lazos económicos entre EEUU y China no son lazos igualitarios sino lazos de un paÃs imperialista a un paÃs subdesarrollado. Las famosas exportaciones chinas que serÃan tan amenazantes para las industrias de los paÃses desarrollados son en sus tres cuartas partes empresas extranjeras implantadas en China o directamente asociadas en empresas conjuntas con empresas chinas. China ha estado en 2004 en el segundo rango de los paÃses destinatarios de flujos de capitales extranjeros, en los cinco primeros por el montante total de stock de estos capitales. La parte de esos capitales que no se ha emplazado sino invertido en creación de empresas nuevas, que viene principalmente de Japón, Taiwán o de la diáspora de la burguesÃa china en el sudeste asiático, domina ampliamente los sectores más modernos de la industria china (electrónica, electrodomésticos, montaje) y sus exportaciones.

16La mayor parte del comercio exterior chino se hace, tanto la importación como la exportación, con los paÃses más industriales del Este asiático. Buena parte de estos intercambios son movimientos en el interior de los mismos grupos industriales por los cuales China no es más que un lugar de ensamblaje, una etapa en un proceso de producción donde la matriz -y los beneficios- se encuentran en el exterior de China y que solo parcialmente se destina al mercado chino.

17Comerciando con sus mercancÃas a muy buen precio, gracias a los salarios extremadamente bajo de sus trabajadores, China cambia mucho trabajo humano por menos trabajo humano, para mayor beneficio del gran capital extranjero. Lo que constituye el mismo mecanismo del proceso de subdesarrollo. Los principales beneficiarios de la explotación de los obreros chinos son, por una parte, estas grandes empresas extranjeras, de las que depende la industria china de ensamblaje. En los EEUU y en Europa, donde las importaciones provienen sobretodo de sectores tradicionales de la economÃa china (textil, confección, calzado, etc.), la explotación de los obreros chinos beneficia por otra parte a los mastodontes de la distribución: las cadenas de hipermercados americanas, en cabeza Wal-Mart, una de las más poderosas empresas americanas con cifras de negocios superiores al Producto Interior de Grecia o Finlandia o en Francia, Carrefour, primera empresa de distribución en Europa. Estos trusts que se abastecen en China se benefician de los bajos salarios de allÃ, no para abaratar los precios para los consumidores en América o Europa, sino para aumentar más sus márgenes de beneficios.

18Cada vez más, los intercambios entre "la pareja" Estados Unidos/China sólo son parciales pues EEUU paga sus importaciones que proceden de China por dólares ingresados a EEUU por la misma China. Se trata de una transferencia de valores de un gran paÃs subdesarrollado hacia la principal potencia imperialista. Si en el pasado y contrariamente a las afirmaciones de los dirigentes maoÃstas, no habÃa salvación para China en una economÃa que funcionaba casi en la autarquÃa, la apertura iniciada desde hace una veintena de años hacia el mercado capitalista mundial está a punto de tejer y de apretar el nudo que ahorca a las clases trabajadoras chinas. Lo que no impide, dicho de paso, a "nuestros" capitalistas de aquà invocar la amenaza de la mercaderÃa china para reducir los salarios y despedir a los trabajadores de aquÃ.

19Más allá de las empresas con capitales extranjeros, las empresas con capitales chinos son o podrÃan ser capaces, con ciertos productos, de competir con las mercancÃas occidentales sobre el mercado internacional. La amenaza de reestablecer cuotas, presentada y más o menos realizada por EEUU y por la Unión Europea, ha mostrado que sobre este terreno los grandes paÃses imperialistas pueden volverse atrás y no dejar a China hacerles la competencia, no en todo caso sobre sus propios mercados. El principal obstáculo frente a las medidas proteccionistas de los grandes paÃses imperialistas reside actualmente en el hecho de que la misma China representa un mercado y sobre todo un mercado en crecimiento. Los grupos capitalistas de Europa occidental o de América aceptan fácilmente la competencia china para las camisetas, otros productos textiles o zapatos, que pueden exportar sobre el mercado chino desde avión, trenes de grandes velocidad, etc.

20El consumo a crédito de la gran y pequeña burguesÃa, el baile macabro de emplazamientos en lugar de las inversiones productivas, estos son las dos fuentes del pretendido crecimiento económico actual. Pero el retroceso incesante de la parte de la clase obrera en la renta nacional se traduce en un retroceso de su consumo. Bajando la capacidad de consumo de las clases explotadas, la clase capitalista cierra ella misma la posibilidad de salir de la crisis. Para remediar el bajo consumo de los trabajadores se aumenta de forma artificial -regalos fiscales y créditos- el consumo de las capas acomodadas. Pero ello contribuye aún más a acentuar la financiarización de la economÃa.

21La subida de los precios del petróleo desde hace un año es una de las manifestaciones de la fase actual de la crisis de la economÃa capitalista. Contrariamente a los mensajes lanzados por los formadores de la opinión pública mundial, esta crisis no es, no más que las dos precedentes crisis del petróleo, un fenómeno natural, expresión del carácter limitado de los recursos petroleros. Es debida fundamentalmente al hecho de que los grandes trust del petróleo no invierten o invierten poco desde hace años en la prospección y explotación de nuevos yacimientos petrolÃferos (el total de las inversiones de Total -campeón en todas las categorÃas en beneficios en Francia este año- está estimado por los especialistas en la mitad de lo que deberÃa ser. Igualmente para los trusts petrolÃferos de EEUU que no han construido nuevas refinerÃas desde hace 29 años porque no les reporta rentabilidad suficiente a los ojos de sus "mayores").

Los trusts del petróleo prefieren realizar más beneficios sobre una producción estancada, en baja, beneficiándose de su posición de monopolio que les permite controlar el aprovisionamiento del mundo en petróleo.

22La novedad, y un factor agravante, de la actual crisis del petróleo en relación a la primera "crisis petrolÃfera" de 1973 es que, durante la treintena de años que han pasado después, la financiarización de la economÃa mundial se ha agravado y que masas inconmensurablemente más importantes de excedentes buscan sin cesar colocarse de forma ventajosa. El movimiento de alza querido por los trust del petróleo, atrayendo a los emplazamientos financieros, ha alimentado a su alrededor el alza. El petróleo sube o baja según el momento al igual que la especulación bursátil o inmobiliaria, o la especulación sobre otras materias primas.

23La primera crisis petrolÃfera fue en la época, a través del llamado movimiento de reciclaje de los petro-dólares, un factor de agravación de la crisis monetaria y una de las fases esenciales de la financiarización de la economÃa. Los fantásticos beneficios actuales de los trusts petrolÃferos amenazan con traer consecuencias similares. Pudiera ser que fueran parcialmente utilizados para nuevos inversiones que volviesen rentables yacimientos de peor calidad o más costosos de explotar, incluso de otras fuentes de energÃa. Pero nadie garantiza, que incluso a la cabeza de excedentes considerables, los trusts del petróleo no continúen con su actitud maltusiana en materia de producción y que sus capitales crecidos no continúen engordando los circuitos financieros de la economÃa mundial.

24Este movimiento de rescates o de tomas de control se produce esencialmente entre grandes grupos capitalistas americanos y paÃses imperialistas europeos. Las fusiones- adquisiciones que no se producen en el interior mismo ya sea de EEUU ya de la Unión europea, son operaciones transatlánticas, es decir, capitales americanos que se emplazan en Europa y capitales europeos que se emplazan en EEUU. La parte de los accionistas extranjeros en las empresas del CAC 40 -las 40 primeras empresas en Francia por su capitalización bursátil en Francia- que era del 10% en 1985, alcanzaba cerca del 44% en 2003 (sólo los fondos de pensión americanos y británicos detentan más de un 25%)

Por el contrario, cerca de las tres cuartas partes de las inversiones extranjeras en EEUU son europeas. Resulta una interpenetración creciente de capitales de los grandes grupos industriales y financieros de una parte y otra del Atlántico.

25A excepción de una docena de paÃses pobres que atraen inversiones productivas - además de China, Corea del Sur, Malasia, Méjico o Brasil- la gran mayorÃa de los paÃses subdesarrollados no están integrados en los circuitos de capitales más que a través del endeudamiento. En cuánto a los más pobres, para los que se ha inventado la expresión "paÃses menos avanzados" (PMA), están completamente marginados y su parte en los cambios mundiales es insignificante. La economÃa capitalista condena a una fracción creciente de la humanidad a la muerte lenta.

26Hecho caracterÃstico de las relaciones entre los paÃses imperialistas y los no imperialistas: si las sumas importantes venidas no sólo de China sino también de Brasil, India, Méjico, Corea del Sur, Taiwán, son colocadas en los EEUU y permiten a estos últimos mantener su balanza de pagos en equilibrio a pesar de su déficit comercial, el movimiento de los capitales no es de la misma naturaleza y no tiene la misma significación en los dos sentidos.

Mientras que el dinero de los grandes paÃses pobres que tienen excedentes se colocan en EEUU bajo la forma de bonos del tesoro, obligaciones emitidas por empresas privadas, o simplemente, bajo forma de depósitos en banca, los capitales americanos se emplazan bajo forma de participaciones en las empresas. Dicho de otro modo, los capitales depositados por los paÃses pobres en EEUU no les dan pie para controlar la economÃa americana; los capitales colocados por los trusts americanos controlan las empresas y pueden arruinarlas.

27Cualquiera que sea la forma, simple o complicada, en la que tal o cual categorÃa de la burguesÃa accede a los "frutos del crecimiento" se trata siempre, en última instancia, de la plusvalÃa extraÃda a la clase obrera. La integración de nuevos contingentes de proletarios -los de China y los de algunos de los grandes paÃses pobres dichos emergentes- en los circuitos económicos mundiales no es más que uno de los medios de aumentar la plusvalÃa disponible para la burguesÃa mundial. La gran burguesÃa, los grupos capitalistas, no tienen más confianza hoy que ayer en una reactivación y una ampliación continuada del mercado mundial, susceptible de procurarles más beneficios por el crecimiento de la producción. Aumentar la plusvalÃa absoluta y relativa es el único medio en este contexto de acrecentar la plusvalÃa global. Esto significa el abaratamiento del coste de la fuerza de trabajo, el crecimiento de su duración y su intensidad. Por todas partes la patronal baja los salarios, reemplaza los contratos estables por precarios, alarga el horario del trabajo. Los gobiernos, por su parte, se esfuerzan por bajar los salarios indirectos. De ahà los ataques contra las jubilaciones, contra la sanidad, etc. Si la guerra de clase llevada a cabo por la burguesÃa y sus Estados se agrava en todos los paÃses del mundo y si todos los gobiernos tratan de hacer lo mismo, es que proviene de una exigencia profunda de la economÃa capitalista.

28Hace ya cerca de veinte años que se han derrumbado o demolido los obstáculos que, en el perÃodo anterior, habÃan en cierta medida limitado la libre penetración de capitales por todo el mundo. El desplome de la Unión Soviética abrió las puertas a los Estados herederos. Las ex Democracias Populares se han reintegrado completamente al mercado capitalista mundial, como lo ha hecho China. Los paÃses pobres que intentaron en el pasado oponer un cierto estatismo a la influencia de los grupos imperialistas han levantado unos detrás de otros estos obstáculos.

Y un hecho más importante sin duda, la debilidad del movimiento obrero ha dejado las manos libres al gran capital por todas partes, comprendiendo a los grandes paÃses industriales

Pero los nuevos campos de acción abiertos ante los grandes grupos industriales y financieros no han abierto un nuevo perÃodo de desarrollo ante el capitalismo. La dominación del capital financiero sobre la economÃa capitalista agrava solo el carácter parasitario, usurero, del capital. Las desigualdades no cesan de aumentar entre las clases trabajadoras y la burguesÃa, entre algunas grandes fortunas y la mayorÃa de la población del planeta, entre los paÃses ricos y los pobres.

29Producto del mismo desarrollo capitalista, que agita en el interior del orden social actual, el movimiento obrero nunca estuvo a resguardo de la presión de la sociedad tal como es. El desarrollo del imperialismo a finales del siglo XIX conllevó la degeneración reformista del movimiento obrero. Las derrotas de la primera gran oleada de revoluciones obreras en 1917-1919, que dejaron a la Unión Soviética aislada, seguidas diez años después por la gran crisis económica, la subida de regÃmenes reaccionarios y el nazismo, conllevaron a la degeneración estalinista. La podredumbre del imperialismo de hoy se traduce, en el terreno de las ideas, por la subida de una multitud de formas de ideas reaccionarias, de integrismos religiosos de todo género, del etnismo, sin hablar de la glorificación permanente del capitalismo presentado como la única forma de sociedad posible.

El marxismo, incluso bajo su forma deformada por el estalinismo, adulterada, ha retrocedido en consecuencia.

Es precisamente esta subida de las ideas reaccionarias las que vuelven vitales la perseveración y la defensa de las ideas y del programa marxista. Solo el programa comunista, el marxismo revolucionario que, por parafrasear a Marx, busca comprender la sociedad para transformarla, ofrece una perspectiva polÃtica a las futuras luchas de la clase obrera. Y es la evolución del mismo capitalismo, su incapacidad para resolver los problemas de la colectividad, los que acabarán, más temprano o más tarde, por hacer renacer un movimiento obrero revolucionario capaz de retomar su papel histórico. Pues, más allá de la evolución interna de la economÃa capitalista, la clase obrera mundial es la única fuerza susceptible de transformar la sociedad.

17 octubre 2005