Deuda, presupuesto, inflación: los trabajadores pagan, los capitalistas cobran

Textos del semanario Lutte Ouvrière - 24 de agosto de 2026
24 de agosto de 2026

Con la preparación del presupuesto, vuelve el chantaje de la deuda. Si el Gobierno renuncia a duplicar las franquicias médicas, se plantea congelar total o parcialmente las pensiones de jubilación. ¡Los jubilados que cobran más de 2.000 euros serían demasiado ricos!

Mientras los precios se disparan —desde la fruta y la verdura hasta el gas y la electricidad, pasando por el combustible—, los trabajadores jubilados, en activo o en paro tendrán que apretarse un poco más el cinturón.

Se les pide que paguen una deuda de la que nunca se han beneficiado, al tiempo que se les acusa de ser los responsables de la misma. Para los ministros, el Estado está demasiado endeudado y hay demasiado déficit público porque los trabajadores nunca trabajan lo suficiente, los enfermos se curan demasiado, los jubilados están demasiado bien atendidos y los desempleados reciben demasiadas prestaciones.

Para ahorrar, nunca se plantea reducir el presupuesto del ejército, cancelar los pedidos de aviones Rafale o tocar los 270 000 millones de dinero público entregados a los capitalistas privados, todos ellos gastos que agravan la deuda. Y para llenar las arcas del Estado, nunca se plantea tocar los dividendos de los accionistas ni los beneficios de los capitalistas, por muy indecentes que sean.

Bueno, claro, con la campaña para las elecciones presidenciales y como no tiene mayoría en la Asamblea, el Gobierno se está conteniendo. Pero, desde Glucksmann hasta Retailleau, la mayoría de los que aspiran a sustituir a Macron anuncian abiertamente que harán sudar cada vez más sangre y lágrimas a las clases populares.

En cuanto a los que hacen algunas promesas a los trabajadores, obedecerán cuando la patronal les diga que eso no es posible. Porque el Medef tiene su propio programa y, sea quien sea el próximo presidente de la República, tendrá la última palabra.

El programa exigido por la burguesía

Alargar la jornada laboral suprimiendo días festivos o monetizando la quinta semana de vacaciones; retrasar hasta los 65 o 67 años la edad de jubilación; suprimir 1,5 millones de puestos de funcionarios, es decir, de agentes locales, bomberos, docentes, personal sanitario…; recortar 100 000 millones de euros del presupuesto del Estado; reducir cada vez más los impuestos y las cotizaciones de las empresas… Estas son algunas de las medidas que reclama el Medef (organización de la gran patronal francesa).

En realidad, la patronal no ha esperado a las elecciones para imponer su ley. En las fábricas, las obras o el sector servicios, los salarios están congelados, se imponen horas extras, la plantilla es insuficiente, mientras que las condiciones laborales van de mal en peor. ¿Cuántos trabajadores siguen en la fábrica a los 65 años porque no tienen todos sus años de cotización? ¿Cuántos han trabajado este verano a 40 °C sin pausas adicionales? ¿Cuántos no se atreven a faltar al trabajo cuando están enfermos?

El verdadero poder no está en el Elíseo

Nuestras vidas dependen mucho más de los empresarios que nos explotan que del próximo inquilino del Elíseo.

Dependen de las guerras que se han convertido en permanentes en Ucrania, Oriente Medio o África. Con la subida vertiginosa del precio del petróleo, el cierre de rutas comerciales y los cambios en las relaciones de poder entre los capitalistas, estas guerras por el control de los recursos agravan el caos de un sistema capitalista ya enfermo.

Dependen de las finanzas, que imponen su ley al mundo. Miles de miles de millones de dólares que podrían destinarse a necesidades útiles, por ejemplo, a la lucha contra el calentamiento global, se desvían hacia la especulación.

Con el pretexto de que la deuda de Francia o de Estados Unidos es demasiado elevada, los mercados financieros exigen ahora tipos de interés del 4 % o el 5 %. Estos tipos alimentan la inflación, encarecen los créditos y enriquecen a los banqueros: ¡en seis meses, el Estado francés les ha pagado 34 500 millones de euros solo en concepto de intereses!

La especulación financiera amenaza con provocar caídas bursátiles y el colapso general de la economía. Ante estas amenazas, las medidas insignificantes propuestas por los distintos candidatos —ya sea «congelar» una pequeña parte de la deuda o reducirla despojando a tal o cual sector de los trabajadores— resultan irrisorias.

No hay lugar para negociaciones ni compromisos con los financieros y los grupos capitalistas que imponen su dictado a toda la sociedad. Para impedir que causen daño, no bastará con cambiar de presidente o aprobar leyes. Será necesaria la intervención masiva de los trabajadores para expropiarlos sin indemnizaciones ni recompra.

Nathalie Arthaud
Editorial de los boletines de empresa del 24 de agosto de 2026