¡El empleo y los salarios antes que los beneficios!

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Textos del semanario Lutte Ouvrière - 20 de abril de 2026
20 de abril de 2026

Entre dos programas especiales sobre la guerra, nos enteramos la semana pasada de que se iba a detener la fabricación de coches en la planta de Stellantis en Poissy. Se trata, por tanto, del cierre programado de la última planta de montaje de automóviles de la región parisina.

El anuncio de la dirección de Stellantis, apenas difundido por los medios de comunicación, es indignante. El grupo ha obtenido 54.000 millones de beneficios en los últimos cinco años y pone en peligro 2.000 puestos de trabajo en Poissy y miles más en las empresas subcontratistas.

En la misma línea, Renault ha anunciado recortes en sus puestos de ingenieros. ¡Otro millar de empleos eliminados! Por supuesto, estamos acostumbrados a este tipo de anuncios. Los cierres y los planes de despidos —ArcelorMittal, Brandt, Vencorex, Arkema, Domo, Teisseire, Auchan, Casino…— son interminables y afectan a todos los sectores. Pero cada uno de estos anuncios es una razón más para enfadarse.

El derecho al salario es un derecho vital

En esta sociedad explotadora, el único derecho real de los trabajadores, el derecho a ganarse la vida, es pisoteado constantemente, sumiendo cada vez a más mujeres y hombres en la indigencia.

Los trabajadores no son máquinas que se puedan conectar, desconectar y desguazar según los caprichos de la producción, el mercado y la competencia. Para vivir, todos necesitamos un sueldo que llegue cada mes, porque los alquileres o las cuotas de los créditos hay que pagarlos cada mes. Porque los hijos de los obreros, al igual que los hijos de los burgueses, necesitan comer todos los días.

¡La crisis es el pretexto!

Los defensores de los empresarios presentan estos cierres de plantas como algo inevitable debido a la crisis, la guerra o la competencia china. Estos pretextos sólo tienen un objetivo: conseguir que los trabajadores se resignen a ver sacrificadas sus condiciones de vida.

Pero sean cuales sean las razones esgrimidas, los accionistas, por su parte, salvan sus millones. Es más, año tras año se hacen cada vez más ricos, pues si bien los grandes grupos sufren los avatares de los mercados y de la competencia, son ellos mismos los que los provocan y se benefician de ellos.

El aumento de los precios, empezando por la subida vertiginosa del combustible, no es una ley de la naturaleza, son los dirigentes de los grandes grupos quienes lo deciden. Y son ellos quienes organizan la guerra económica en la que no arriesgan nada, ya que se libra con el salario y el empleo de los trabajadores, ya sean fijos, temporales o empleados de subcontratistas.

Pues bien, dejemos que los lacayos de las grandes empresas pontifiquen sobre la crisis energética, del automóvil, de la industria química o del comercio, y sobre los trastornos provocados por la guerra en Ucrania y en Oriente Medio. Esos son asuntos de la gran burguesía; ¡ocupémonos nosotros de los nuestros!

Defender nuestro derecho a la existencia

Nosotros, los trabajadores, nos enfrentamos más que nunca a una guerra social, a una ofensiva generalizada de la gran patronal que se intensifica en este periodo de crisis y guerra.

Esta se manifiesta en forma de todos esos despidos, a los que se suma la especulación con el precio de la gasolina, que se está convirtiendo en una especulación generalizada, ya que, por efecto dominó, todos los precios están subiendo sin que los salarios sigan el ritmo. Y en esta guerra no cabe esperar ningún alto el fuego por parte de la gran patronal.

Los trabajadores debemos defender nuestro derecho al trabajo y a un salario digno. Debemos organizarnos y encontrar el camino de la lucha colectiva, primero en nuestra empresa y luego dirigiéndonos a los demás trabajadores del país.

Es necesaria una lucha general

Todos estamos siendo atacados de una forma u otra. La ofensiva de la gran patronal es generalizada, y es a esa escala donde realmente podremos hacernos temer y respetar.

¡No dejemos que la patronal se arrogue el derecho de vida o muerte sobre la clase obrera! Es la gran burguesía la que dirige este sistema capitalista y la responsable de su evolución. Y es ella quien se beneficia de él. Son los accionistas, actuales o pasados, quienes deben pagar para garantizar el derecho a vivir dignamente a los únicos y verdaderos productores, que son los trabajadores. ¡Las condiciones de vida de la clase trabajadora deben anteponerse a las fortunas de esos multimillonarios que no son más que parásitos!

Nathalie Arthaud

Editorial de los boletines de empresas del 20 de abril de 2026