¡Reforcemos la movilización!

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Textos del semanario Lutte Ouvrière - 26 de octubre de 2026
26 de octubre de 2026

El sábado 24 de octubre, cientos de miles de jóvenes y trabajadores volvieron a manifestarse. Sin embargo, el Gobierno, la derecha y la extrema derecha, con el apoyo de todos los medios de comunicación, habían hecho todo lo posible por asustarnos y desacreditar a los manifestantes. Las prefecturas multiplicaron las intimidaciones y las prohibiciones de manifestarse. Estas maniobras tuvieron el efecto contrario: volvieron a congregarse auténticas mareas humanas, ¡y no podemos sino alegrarnos de ello!

Esto ha obligado al Gobierno a hacer algunas promesas a los estudiantes de secundaria. Muchas son falsas, pero el mero hecho de que haya tenido que hacer un gesto demuestra que la protesta es la única forma de ganarse el respeto. ¡Así pues, hay que intensificar nuestra movilización contra la falta de recursos en educación y sanidad, contra los bajos salarios, los precios de la energía y la represión!

¡No hay piedad para los pobres!

Casi 10.000 jóvenes han sido detenidos. ¡Algunos, por haber escrito “ACAB” en un trozo de cartón; otros por haber lanzado piedras a los policías! El Gobierno dice defender la libertad de manifestación y de expresión… ¡excepto cuando queremos hacer uso de ella!

Si se tratara de un país pobre, calificaríamos los saqueos del 17 de octubre como disturbios por el hambre y nos preguntaríamos cuáles son sus causas. Aquí, ni hablar de intentar comprender: ¡hay que condenar y encarcelar a diestro y siniestro! Decenas de jóvenes ya están en la cárcel por un botín de unos pocos cientos de euros, mientras que los políticos o los empresarios no pasarán ni una sola noche allí tras haberse embolsado millones.

El mensaje del Gobierno es claro: si perteneces a las clases explotadas, quédate en tu sitio. Tienes derecho a una educación de pacotilla, a un trabajo de pacotilla, a una vivienda de pacotilla, ¡y confórmate con eso!

Se nos margina, se nos discrimina. Sufrimos el racismo e incluso, cada vez más, la violencia racista, con el riesgo de que nos disparen, como ocurrió en Trappes el pasado viernes, donde Pengo Bossio Wangi fue asesinado y otras cinco personas resultaron gravemente heridas por ser negros o árabes. Una vez más, habría que callarse y mostrarse respetuoso con los principios de “libertad, igualdad, fraternidad”. Esta hipocresía enfurece a una parte de la juventud, ¡y con razón!

El sábado pasado, los manifestantes denunciaron a la vez la situación de la juventud, el alto coste de la vida, las guerras, la violencia policial y el racismo. Y eso es muy positivo, porque todas estas indignaciones se funden en una sola y ponen de manifiesto una profunda voluntad de cambio.

El verdadero saqueo

Las grandes empresas están librando una guerra contra los trabajadores y las clases populares. La explotación, los bajos salarios y la estafa que supone la inflación no se consideran saqueo, porque están consagrados por la ley. No hay nada ilegal en disparar el precio del combustible, pero se trata sin duda de un “robo”, ya que las decenas, o incluso los cientos de euros que nos sacan de la cartera van a parar directamente a las arcas de los accionistas de las compañías petroleras.

La sociedad capitalista se ha construido sobre el derecho al saqueo concedido a la burguesía. Esta roba el fruto de nuestro trabajo y explota sin piedad el planeta, imponiendo privaciones cada vez más desproporcionadas con respecto a las posibilidades, los avances y las inmensas riquezas de la sociedad.

¡Quien siembra miseria, cosecha rabia!

Hoy en día, la ira ruge en Francia, pero también en Bélgica, Italia, Portugal, España, Albania… En todas partes, millones de mujeres y hombres se ven empujados a la revuelta por una minoría de parásitos cada vez más voraces.

Para que esta revuelta creciente pueda invertir la relación de fuerzas, es necesario que los trabajadores ocupen su lugar en el movimiento y que lleven las manifestaciones y la protesta al interior de las empresas mediante huelgas. Porque ahí es donde se encuentra el corazón del sistema, es decir, la máquina de beneficios.

El Gobierno espera apaciguar la rabia de los trabajadores adelantando la indexación del salario mínimo interprofesional (SMIC). Lo aumentaría en 15 euros, ¡una verdadera provocación! No pedimos limosna, sino que reivindicamos nuestro derecho a vivir con dignidad. ¡Lo que necesitamos es un mínimo de 2.200 € netos al mes y al menos entre 300 y 400 euros más en todos los salarios!

Las confederaciones sindicales convocan a los trabajadores de todos los sectores a una jornada de huelga el 5 de noviembre; es una de las convocatorias a las que hay que sumarse.

Nathalie Arthaud

Editorial de los boletines de empresa del 26 de octubre de 2026