Colombia: tras el terremoto, la catástrofe social

Textos del semanario Lutte Ouvrière - 19 de agosto de 2026
19 de agosto de 2026

El 10 de agosto, un violento terremoto ha causado, hasta la fecha, cerca de 300 muertos, 200 desaparecidos y miles de heridos. Pero las consecuencias de esta catástrofe no tienen nada de natural.

El epicentro se encuentra en el Chocó, una de las regiones más pobres de Colombia: dos tercios de los habitantes de Quibdó, su capital, viven en la pobreza extrema. Los equipos de rescate tardaron más de 48 horas en llegar a algunas zonas, debido a la falta de carreteras en condiciones. El Chocó, cuya población es en un 90 % de origen afrocolombiano y indígena, lleva décadas abandonado por el Estado colombiano.

¿Y qué hizo el presidente de extrema derecha, admirador de Trump, Abelardo de la Espriella, recién investido? Acudió a repartir balones de fútbol con el lema de su campaña «defensor de la patria», recorriendo los barrios devastados en su 4x4 blindado. Esto provocó la ira de los damnificados, que recordaban que la ciudad carece de colegios y hospitales y que el terremoto no hace más que agravar una situación ya de por sí indignante. Un joven declaraba con rabia: «¡Nos dan unos putos balones con un logotipo que debe de haber costado millones, mientras los niños se mueren de hambre en el hospital de al lado!».

En Cali, la tercera ciudad del país, los vecinos, movilizados para socorrer a las víctimas atrapadas entre los escombros, expulsaron al alcalde de la ciudad a pedradas. Perteneciente a una familia de ricos industriales, magnates del azúcar y del sector agroalimentario, al servicio de la burguesía local, el alcalde recibió ese día su merecido.

Los vecinos, por su parte, han puesto toda su energía y han demostrado de qué son capaces los trabajadores, sobre todo en los barrios pobres, donde los edificios han sufrido mayores daños. Algunos organizan recogidas de alimentos, el personal sanitario atiende a los enfermos que han salido de las clínicas derrumbadas, los técnicos de cine han proporcionado proyectores para iluminar los escombros… Desde Cali, algunos se han desplazado para ayudar a las regiones devastadas del Chocó y de la costa del Pacífico.

¡En la propia Cali, mientras se movilizaban para salvar a sus familiares o vecinos, vieron llegar los blindados del ejército! Con el pretexto de evitar los saqueos, el Gobierno pretende así sofocar cualquier protesta. Sin embargo, hace todo lo posible por avivarla. En los primeros días tras el terremoto, cuando cada hora contaba, el nuevo jefe de Estado rechazó la ayuda de México y solo aceptó la de El Salvador, Israel y Estados Unidos. Porque las alianzas entre políticos de extrema derecha valen más que las vidas de los habitantes.

El ministro del Interior, de visita en un barrio pobre de Buenaventura, hizo gala de su desprecio ante las cámaras al afirmar que los habitantes no tenían más que arreglárselas para reconstruir sus casas, ya que, al fin y al cabo, contaban con la mano de obra necesaria. Según él, ¡era «cuestión de dos minutos»! Ahí tenemos a alguien que nunca ha cogido una paleta.

En esta región de alto riesgo, habría que construir siguiendo normas antisísmicas. Eso requiere recursos que el Estado nunca pondrá al servicio de la población.

19 de agosto de 2026