1999: 40 años de la revolución cubana

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Mayo-Junio de 1999

El 1 de enero de este año se conmemoró el 40 aniversario de la revolución cubana que puso fin a la cruel dictadura de Batista. El año nuevo de 1959 el odiado dictador Batista huía hacia EEUU abandonando la isla. Su dictadura era financiada y apoyada por el vecino americano que mantenía intereses económicos y estratégicos en Cuba desde la desaparición del Imperio español en 1898. Castro invitó a 2000 asistentes de todo el mundo a los actos de celebración del 40 aniversario de la revolución.

En la mayoría de los medios de comunicación se resaltó el carácter dictatorial del castrismo y su continua violación de los derechos humanos. De hecho ante la situación de miseria que viven los cubanos mucha gente se extraña que Castro siga teniendo popularidad y el apoyo mayoritario o por lo menos de un sector importante de la población. Pero si es verdad que el régimen de Castro mantiene una férrea dictadura prohibiendo a sus oponentes de izquierda o de derechas y con un control férreo de la población, no existe ni existió una represión donde las torturas y desaparecidos eran la crueldad propia de las dictaduras latinoamericanas. Sus propios oponentes más presentables, descartando la extrema derecha de Miami, no le reprochan más que la falta de libertades y como en el caso de Gutiérrez Menoyo tratan de negociar con el régimen, buscando una tercera vía.

Respecto a las condiciones de vida, Cuba mantiene unas condiciones sociales que serían envidiables para los países de su entorno. Incluso ahora, a pesar de la retirada de la ayuda de los antiguos países de la órbita soviética, mantiene unas condiciones sanitarias, educativas y asistenciales que serían la envidia de los pobres latinoamericanos y de ciertos sectores empobrecidos de EEUU. Antes del periodo llamado "especial", es decir antes de la disolución de la URSS, el Estado cubano daba directamente de comer a más de 4 millones de cubanos, con una sanidad digna, a niveles de los países desarrollados más elevados y un sistema educativo de los más eficaces de toda América. Por poner unos ejemplos sólo en el primer año de la revolución se hicieron 59 escuelas en la Habana, con Batista había 3.000 médicos, ahora 60.000 y 600.000 universitarios en una población de aproximadamente 11 millones de habitantes. E indiscutiblemente los cubanos y sobre todos los más pobres tienen niveles de vida actualmente, aún mayores que en tiempos de Batista.

Y toda esta situación a pesar de que la falta de alimentos, medicinas, maquinaria, repuestos de todo tipo, en definitiva de que la indigencia en general golpea al pueblo cubano provocada en parte por el bloqueo, no ha hecho que la población rechazara activamente el régimen, ni que este se viera desestabilizado. Este apoyo de la población cubana viene dado precisamente por el mantenimiento de las condiciones sociales, que incluso en las más desfavorables, han beneficiado a los más pobres y éstos saben bien que las condiciones igualitarias y sociales en la cual viven proceden del mantenimiento de la expropiación de los Truts americanos y la burguesía cubana que dominaban la isla, de una reforma agraria que benefició a los campesinos y a la política de mantener los avances sociales para los más pobres que ocuparon prioridades básicas como la vivienda, ocupando los barrios residenciales de la burguesía que ésta abandonó para irse a Florida.

Este mantenimiento de la estabilidad del régimen no puede obedecer sólo a la dictadura sino también a las condiciones de vida que mantiene el sistema salido de una revolución apoyada por el pueblo y que tampoco se puede entender sin la presencia del ataque constante del imperialismo norteamericano. La primera potencia mundial lleva desde hace 38 años sometiendo al pueblo cubano a un bloqueo económico impidiendo cualquier relación comercial incluso persiguiendo a los que desde su territorio osan comerciar con la isla. Además ha intentado por todos los medios desembarazarse del régimen de Fidel utilizando desde la invasión militar como la de bahía de Cochinos, el atentado a Castro o la propaganda permanente desde Florida anti-castrista.

Política del "periodo especial"

Cuando a finales de marzo se jugó un partido de beisbol entre cubanos y estadounidenses, 55.000 personas presenciaron en la Habana el espectáculo, habían pasado 40 años del último. El presidente de los Orioles, el equipo norteamericano, tuvo que negociar tres años con su gobierno para que fuera posible el partido en Cuba. Por parte del gobierno cubano no tuvo desde un principio ningún problema sino que incluso lo alentó. A pesar de que se negó intencionalidad política al evento, no podía por menos que recordar la política, en época de Nixon, de comienzo de relaciones con la China de Mao a través los partidos de ping-pong. El que se puedan realizar este tipo relaciones, aunque sean deportivas, indica una cierta permisión de las partes y es, en sí mismo, un acto político mínimo de abrir un establecimiento de relaciones soslayando la permanente ruptura que supone el bloqueo. Indica también los objetivos de la política que el gobierno de Castro lleva a cabo.

El eje central de la política cubana después, y sobre todo, del recrudecimiento de su aislamiento provocado por el hundimiento del bloque del este, ha sido la denuncia del bloqueo norteamericano y el intento continuado de la aceptación por los países imperialistas del régimen. Todo ello dentro del marco de una política nacionalista. Fidel Castro intenta por todos los medios y en todos los foros posibles el establecimiento de relaciones económicas y políticas "normales", como otro país capitalista cualquiera. En las reuniones Iberoamericanas, en sus visitas a Europa, con la visita del Papa etc., denuncia el bloqueo y pide el reconocimiento de su país y la ayuda necesaria que presione al imperialismo americano para establecer relaciones políticas "normales".

Esta política se justifica por la situación creada después de la retirada de la ayuda soviética que había permitido mantener unos niveles de vida aceptables y un crecimiento económico y social envidiable en comparación con los países vecinos. Pero si bien es verdad que el bloqueo yanqui impide unas relaciones normales, dentro de lo que cabe, y que su anulación podría suponer un alivio de la situación económica y social con un acceso normalizado a las divisas y en especial al dólar, no es menos verdad que el comercio capitalista con la isla a través de México o Europa se realiza con pingües beneficios para los capitalistas que invierten en la zona sobre todo en el sector turístico.

En realidad cualquier turista o cubano que posee dólares tiene acceso a los bienes de cualquier tipo que se puedan encontrar en cualquier país. Las leyes del mercado son las leyes del mercado y precisamente el problema es ésto. El petróleo venezolano, por ejemplo, hay que comprarlo a precios del mercado y si el país es pobre y depende de su producción exportadora como el de la mayoría de los países subdesarrollados - y cuba con el azúca-con el precio de las materias primas por los suelos, no hay más que pobreza para repartir, aunque en Cuba sirva para mantener mínimamente a los más pobres.

En el periodo especial, llamado así ante la caída de la producción y de los niveles de vida provocado por supresión de la ayuda soviética, se tuvieron que legalizar las prácticas de transferencias de dólares de los exiliados y emigrantes en EEUU para poder atraer las divisas necesarias para una mínima actividad económica. El turismo realiza esta tarea imprescindible. Para los cubanos ir a la Habana es sinónimo de ir de choping (compras en inglés, las tiendas donde solo se compra en dólares), y con los fulas (billete de dólar), que se obtienen de mil y una maneras que la imaginación depara, se puede mantener una supervivencia mínima que supone adquirir desde el jabón para lavarse o la pasta de dientes hasta la carne. No es extraño que con la dolarización se haya desarrollado de nuevo la prostitución, el llamado jineterismo.

El ofrecimiento de la mano de obra cubana, de inversiones en condiciones muy baratas para el capital extranjero, entra dentro de esta política de tratar de mantener el régimen dentro de los circuitos comerciales del mercado. Tanto la política interior como la exterior no pretenden más que tener un lugar al sol que permita sobrevivir. El problema está en cuánto tiempo se podrá sostener el ritmo económico en estas condiciones que el imperialismo impone a todos los países subdesarrollados y si los más pobres mantendrán su situación alimentaria, el mínimo sostén que el Estado cubano realiza. Gracias a las comidas que el estado realiza en las fábricas se mantiene un nivel alimentario para los trabajadores y la cartilla de racionamiento permite que dentro de la pobreza se tenga un mínimo para subsistir pues la economía dolarizada realiza por sí misma la diferenciación social.

Fidel Castro sigue teniendo la aureola revolucionaria y una popularidad extraordinaria entre los más pobres de América Latina. Pero sin embargo siempre juega la carta del reconocimiento del imperialismo y no el de los trabajadores y los pobres. Por eso aunque pueda aceptarse temporalmente sus medidas económicas y su necesidad de que los países ricos acepten a Cuba por lo menos en las mismas condiciones que los demás países, no se podrán sostener a largo plazo las medidas sociales de apoyo a los trabajadores y los más pobres de Cuba si no hay una perspectiva revolucionaria internacionalista que permita una plataforma donde asirse a los pobres latinoamericanos. Para los comunistas revolucionarios la única solución, aunque sea a largo plazo, solo puede venir de la unión de los trabajadores y de los pobres que tomen en sus manos la economía y la organicen y planifiquen no solo en el ámbito nacional sino continental y por supuesto mundial.

Pero para esto habría que dotarse de los medios políticos y organizativos que permitieran a los trabajadores tener los mismos objetivos internacionalmente. Porque la solución, por poner el ejemplo del petróleo no estaría en pagar los precios del mercado, sino en intercambiar solidariamente las riquezas producidas por los trabajadores y esto solo puede hacerse si los trabajadores de Venezuela tienen en su poder el petróleo y no los parásitos de la burguesía. Ello conlleva la concepción de una sola clase obrera internacional, la única fuerza social con el único interés de expropiación y reparto de las riquezas.

Desde los tiempos de Marx ha sido una constante en el movimiento comunista el combatir al capitalismo internacional, al imperialismo, con la fuerza social internacional que da la clase social creada por el propio capitalismo: el proletariado. Por eso siempre ha sido un elemento básico de nuestra política una única organización internacional proletaria. Además una de las características desde los principios del movimiento obrero ha sido la diferenciación del socialismo o comunismo revolucionario de otras corrientes que también utilizaban este nombre. De la misma manera que hay que denunciar como aberrante el"socialismo" de Solana o el stalinismo.

Después de la II Guerra Mundial, con la ola descolonizadora, aparecieron movimientos de liberación nacional, de la que muchas organizaciones y líderes nacionalistas se hicieron eco poniéndose el adjetivo de socialistas y en los países que se independizaban se llamaban socialistas.

¿Desde nuestra perspectiva podemos decir que son países socialistas, y que llevaron a cabo una revolución proletaria?. Utilizaron ese nombre sí, nacionalizaron industrias básicas y la propiedad privada es verdad, pero esos requisitos no son suficientes. Marx escribía en la Ideología Alemana: "el comunismo empíricamente, sólo puede darse como la acción coincidente o simultánea de los pueblos dominantes, lo que presupone el desarrollo universal de las fuerzas productivas y el intercambio universal que lleva aparejado". Y más abajo decía : "el proletariado sólo puede existir en un plano histórico- mundial." Desarrollar el socialismo en un solo país sería impensable pues en todo caso se repartiría la pobreza y no la riqueza. Por eso para Marx y Engels el socialismo suponía la posesión de todos los medios de producción mundiales por la humanidad lo que lleva aparejado una concepción internacionalista basada en la fuerza social de los trabajadores y de los pobres. Por lo tanto las expropiaciones en un terreno nacionalista y sin otra perspectiva que la de reacción contra el imperialismo y aunque en un momento pueden mejorar o mantener a los más pobres, solo pueden acabar en derrota.

Entre sectores de la izquierda y los restos de la extrema izquierda que se agarran como a un clavo ardiendo al castrismo, se suele hacer un paralelismo de las medidas económicas del periodo especial con la Nueva Política Económica, la NEP, realizada en la Rusia revolucionaria después de la guerra civil. Si es verdad que la NEP fue una salida para la acumulación de capital necesario ante el aislamiento de la Rusia revolucionaria, fue una política coyuntural que exigía el mantenimiento de una política revolucionaria internacionalista que pudiera reconducir las deformaciones que invariablemente producía la NEP. Y lo más importante era que la revolución socialista de Rusia se basaba en la fuerza obrera y de campesinos pobres que estaban organizados en soviets, consejos elegidos por los trabajadores, campesinos pobres y soldados y que tomaron en sus manos la economía y la sociedad impulsando la revolución más allá de sus fronteras con la III Internacional. Precisamente las condiciones de aislamiento y fracaso de las revoluciones obreras de los años 20 en Europa produjeron la extinción y degeneración de la revolución obrera rusa transformándose en una dictadura burocrática en manos de Stalin.

En este sentido lo que diferencia la revolución obrera rusa triunfante o las derrotadas como las alemanas posteriores al 17 y la española del 36, de la revolución cubana es lo que nos separa del castrismo y su política, sin menoscabo del apoyo contra la agresión imperialista y a los logros sociales en Cuba. Y para explicitar esta diferenciación hay que recorrer desde sus inicios los jalones que marcaron el devenir de la revolución cubana.

El triunfo de la revolución

Contrariamente a lo que mucha gente cree el grupo guerrillero que desde Sierra Maestra combatió a la dictadura de Batista no tenía ideología marxista, ni siquiera socialdemócrata. Desde la Universidad Fidel Castro nunca militó en grupos de izquierda marxista y tampoco en el PC cubano. Tanto sus comienzos en la política como su grupo guerrillero, el Movimiento 26 de Julio, tenían un carácter democrático-burgués nacionalista, el ideario de José Martí. Su evolución hacia el llamado socialismo cubano tienen que ver más por un posicionamiento político que

permitiera una independencia efectiva del vecino americano que por una elección del proletariado como fuerza revolucionaria transformadora e internacionalista.

Tanto en los combates de la lucha guerrillera como en su actividad política el grupo liderado por Fidel acogía a gentes del más variado pelaje político unidos por el carácter democrático nacionalista. En la famosa defensa de Castro en el juicio por el Moncada que terminaba con la famosa frase "...la Historia me absolverá!", plantea su ideario y programa político. En este discurso proponía la vuelta a la constitución de 1940, una reforma agraria, la participación de los asalariados en los beneficios y la confiscación de los corruptos entre otra medidas por el estilo y se reclama de las luchas contra las tiranías, realizadas por la burguesía del XVII y XVIII.

La elección del método de lucha y las fuerzas sociales de apoyo no fueron nunca ajenas a su ideario político nacionalista. Mientras Castro actuaba militarmente aislado y diezmado su grupo en Sierra Maestra, existía una clase obrera organizada y con tradiciones de lucha y con un partido comunista estalinizado con cierta implantación en ella. La elección de Fidel por la lucha militar esperando el apoyo pasivo de la población correspondía a la concepción de lucha nacional contra las tiranías o la invasión extranjera y en absoluto a la concepción marxista de la revolución social que se basa en la organización consciente de los trabajadores y de los más pobres y su autonomía e independencia como clase.

Por consiguiente tanto por el método de lucha como su carácter inicial la revolución cubana estaba en la órbita de las revoluciones nacionalistas contra el opresor imperialista y no podemos catalogarla entre las revoluciones obreras y socialistas. Estaría cerca el tipo de revolución mejicana o sandinista y lejos de la revolución rusa. No por esto los comunistas revolucionarios tenemos que dejar de apoyar las luchas contra los opresores y su carácter democrático, pero por esto mismo significa también que debemos defender y clarificar contundentemente nuestro terreno de lucha pues la confusión impide la solución real de los problemas de los trabajadores y de la humanidad.

Como en toda revolución popular la desigualdad militar entre las fuerzas en conflicto no es determinante en el resultado. El ejército de Batista estaba armado y asesorado por EEUU, con muchos más efectivos y organizado que su oponente, la guerrilla de Fidel Castro. El tiempo vino a demostrar que la superioridad del ejército batistiano solo era pura apariencia. Aunque se pudiera pensar que militarmente era un ejército bien pertrechado y asesorado vencería sin ninguna duda al grupo original de guerrilleros comandados por Fidel, la realidad mostró todo lo contrario. Si en un principio la situación de los guerrilleros venidos de México en el Granma, diezmados y aislados en Sierra Maestra daba lugar a pensar en su rápida derrota, la historia demostraría lo contrario.

Y la única explicación para esto solo puede venir de la propia bancarrota del régimen de Batista que se sostenía gracias a la represión, su corrupción y nepotismo, en definitiva en la impopularidad y el odio de la población ante su situación social y económica. Esta situación dio como resultado el apoyo primero campesino, después urbano de las capas populares a los guerrilleros.

La entrada de los guerrilleros en Santiago y la huida del dictador desató una alegría entre la población que se lanzó a las calles de la Habana a destruir lo que representaba la dictadura y "el amigo americano" : las casas de juego y la prostitución. El odio popular a Batista llevaba implícito el odio a la dominación norteamericana. A los ojos de los hombres y mujeres populares de cuba el régimen de Batista representaba la miseria, la desigualdad, la corrupción y degeneración más abyecta. Esto explica el desmoronamiento del ejército y el régimen así como el apoyo popular a los guerrilleros.

Como es sabido el capital norteamericano había desarrollado en la isla toda una red turística y de medios de diversión que habían convertido a Cuba en un "paraíso tropical" del juego y la prostitución en manos de la mafia. La dominación del imperialismo norteamericano había transformado el sistema productivo en un monocultivo agrícola del azúcar, cultivo tradicional cubano, y sus derivados como el ron. Toda las industrias básicas desde las telecomunicaciones a la electricidad pasando por la energía estaba en manos del capital norteamericano y la oligarquía cubana. En este siglo aprovechando la geografía y las condiciones climáticas del trópico habían convertido la isla en un antro de diversión para turistas y mafiosos. Cuba era conocida como "el burdel de América".

Desde un principio el triunfo de Fidel contó con el apoyo popular. Las primeras medidas políticas y sociales, sin embargo, no fueron nada radicales. La reforma agraria no empezó a implantarse hasta pasados 5 meses y sólo se realizaron medidas suaves como el cierre de las casas de juego, que ya la población se había encargado de saquear, y la rebaja de alquileres y tarifas telefónicas y eléctricas. Incluso en la huelga que estalló en un ingenio propiedad de capital americano -la Cuban América Sugar Co-, Fidel pidió la vuelta al trabajo de los obreros argumentando, que aunque tenían razón, debía de cortarse la caña sin tardar para no perder la cosecha.

Esta política no era casual ingenuidad de revolucionarios. Era la que cabía hacer desde el punto de vista nacionalista para no asustar al "amigo americano". Se trataba de buscar el reconocimiento del vecino imperialista aportando pruebas de tranquilidad. Se quería insistir en que la revolución contra Batista no iba contra los intereses norteamericanos. De hecho el primer gobierno provisional constituido estaba compuesto por personalidades destacadas por su ideología liberal y para nada radicales.

A los tres meses del triunfo de la revolución Fidel visitó EEUU y dejó claro ante los periodistas y en sus intervenciones públicas que no eran comunistas: "He dicho de forma muy clara y definitiva que nosotros no somos comunistas". Incluso proponía que los norteamericanos invirtieran en un "Plan Marshal" para América Latina. Estas posiciones políticas respondían al sentido común ante la realidad objetiva cubana. Prácticamente todo el entramado económico de la isla, por no decir todo, estaba en manos de los norteamericanos. Hubiera sido un suicidio político el mantener una pugna con el gigante americano desde la pequeñez de Cuba. Pero naturalmente desde una concepción nacionalista no había fuerzas suficientes para oponerse al imperialismo americano sin buscar aliados de otras naciones en pugna. Esta fue la salida que escogió Fidel y buscó, cuando la situación se hizo insostenible, a la URSS.

Finalmente la ruptura con EEUU se hizo inevitable. El patio trasero de los norteamericanos es propio de ellos y solo mandan gentes de su confianza y Fidel se encontraba en la tesitura de realizar una política de lavado de cara como cualquier cambio político en una república bananera, para mantenerse en el poder, o ceder a la presión del campesinado que le había dado su apoyo y al sentimiento nacionalista martiano. La reforma agraria de mayo del 59, y la exigencia de que las compañías mineras del níquel estuvieran sometidas al estado desencadenó la animadversión de los norteamericanos que comenzaron a boicotear las relaciones comerciales anularon los acuerdos preferenciales con el azúcar y comenzó la diáspora de los burgueses asustados por el cariz que tomaban los acontecimientos.

El conflicto se fue tornando más y más evidente y los norteamericanos comenzaron a organizar ataques terroristas contra Cuba. A cada ataque o boicot económico Castro respondía atacando los intereses norteamericanos. Si le embargaban el petróleo se nacionalizaron las refinerías. Y así fue pasando con las industrias básicas que fueron pasando al estado. Finalmente la URSS le brindó la ayuda necesaria para subsistir. Esto permitió a Cuba organizar su economía estatalmente pero no solo la ayuda soviética permitió sobrevivir sino que también trajo sus inconvenientes. Supuso que la economía Cubana siguiera anclada en el monocultivo agro-exportador y la extracción de níquel. Se renunció a la diversificación económica.

Como medio de presión hacia los EEUU los cubanos utilizaron su "internacionalismo" sui géneris. Para ellos la ayuda militar a ciertos movimientos guerrilleros en frica era su política internacionalista. Utilizando este mismo razonamiento EEUU sería internacionalista también. En la época del Che, estaba Vietnan, la idea era hacer "uno, dos, muchos Vietnan". Y mientras el Che intentaba realizar un foco guerrillero en Bolivia y años más tarde Castro mandaba tropas a frica, el proletariado latinoamericano, el movimiento negro de EEUU no obtenía la ayuda política necesaria que hubiera permitido avanzar en la lucha. Esta estrategia no respondía a la concepción marxista de una sola clase obrera mundial y la necesidad de una organización internacional en lucha contra el capitalismo por el socialismo. Sino que respondía a la búsqueda de aliados dentro del nacionalismo contra el imperialismo.

Finalmente a partir de 1986, con Gorbachov, la ayuda soviética fue declinando, abriéndose lo que se llamó en Cuba "el periodo de rectificación". A partir de la disolución de la URSS la ayuda cesó y comenzó la bancarrota que actualmente se encuentra inmersa, el llamado "periodo especial".

¿Hubiera podido hacerse otra política?. Desde luego se podía haber hecho desde otra concepción del mundo, desde una concepción comunista. Naturalmente no tenemos la propiedad de la verdad y no tenemos la credibilidad popular ni estábamos allí para oponer con resultados otra política. Pero de lo que sí estamos seguros es que para los comunistas revolucionarios el principal aliado y la única fuerza que nos puede permitir vencer es el proletariado internacional, aunque sin descartar otros aliados. Son los pobres y los trabajadores del mundo y en especial los de los países imperialistas los que nos pueden permitir en último caso resolver los problemas de la humanidad. Pues el talón de Aquiles de cualquier país imperialista está en sus propias masas oprimidas. Y los EEUU tenían a los negros y trabajadores, en general a los pobres como el punto débil que en los años 60 se movilizarían.

El futuro de Cuba

El partido de vuelta en EEUU entre los equipos de beisbol cubano y norteamericano terminó hace unos días con victoria de los cubanos. En la isla fue todo un acontecimiento. Las ciudades vacías, las gentes arremolinadas en torno a la televisión que retransmitía el partido. Parecía más un acontecimiento nacional que un evento deportivo. Lo cual no es de extrañar pues las confrontaciones deportivas ponen en juego algo más que una pelota, los sentimientos nacionales son fácilmente proyectados, asumidos e identificados por masas de gente. El final con victoria cubana fue celebrado con fuegos artificiales y en las calles de las principales ciudades cubanas la población lo celebró como un acontecimiento patrio. No se había vencido solo al equipo norteamericano, se había vencido también al enemigo tradicional que había sometido a un pueblo con dictaduras y corrupción y desde hace 38 años con un bloqueo.

Este sentimiento nacional contra el "vecino" americano está inmerso en toda la vorágine que rodea la situación actual y el futuro. Si desde la desaparición de la URSS muchos pensaban, con el imperialismo a la cabeza, que Castro caería como fruta madura, ahora después de 8 años de penuria y escasez la cosa no se ve tan clara. Hace unos años se contaba en cuba el chiste de un espía de la C A que informa a Clinton sobre la situación cubana.

"Señor presidente, decía el espía en su informe, no hay paro, pero nadie trabaja. Nadie trabaja pero según las estadísticas se cumplen todas las metas de producción. Se cumplen todas las metas de producción pero no hay nada en las tiendas. No hay nada en las tiendas pero todos comen. Todos comen pero continuamente se quejan de que no hay comida y no tienen ni desodorantes. La gente se queja constantemente, pero todos van a la plaza de la revolución a vitorear a Fidel. Sr. Presidente, tenemos todos los datos y ninguna conclusión".

Aprovechando la situación de colapso económico, desde Miami los sectores de extrema derecha redoblaron sus acciones y ataques desde 1991 año en que la Unión Soviética dejó de ayudar a Castro. La producción cayó entre 1991 y 1994 un 38% y la situación se hizo insostenible. Creyeron que ante la penuria alimentaria y económica, el régimen se derrumbaría. Los EEUU reforzaron el bloqueo con leyes como la Torricelli o Helms-Burton. Su arma fue la creencia de que el descontento social derribaría el régimen. Y comenzaron toda una política de potenciar la emigración a EEUU. Mas de 35000 personas salieron de Cuba con el momento álgido de crisis de los balseros. Pero no fue así, a pesar de la crisis de los balseros en agosto de1994, donde se dio la única manifestación nutrida contra el régimen que el mismo Fidel Castro en persona y con su sola presencia se encargó de disolver pacíficamente. Según cuentan las crónicas la gente al ver al "Caballo", apelativo popular de Fidel, se tornó a su favor con gritos a favor del régimen y contra los EEUU.

La caída de los países del este reforzó la idea de la próxima caída del régimen. Pero Castro aguantó incluso con los consejos "desinteresados" de sus amigos socialdemócratas como Felipe González que mandó su ministro de economía Solchaga para indicarle como tenía que hacer para llegar a una economía de mercado. Naturalmente no había más que ver los resultados de esas transiciones en la antigua Unión Soviética y demás países del este, para saber la hecatombe que podía suponer ese tipo de consejos de sus desinteresados amigos. Precisamente es la expropiación a que fueron sometidas las industrias y empresas en manos de la oligarquía cubana y el capital norteamericano lo que permite al pueblo cubano sobrevivir en las condiciones de acoso económico y aislamiento y que casi en solitario mantiene una resistencia contra las agresiones exteriores.

El fracaso de las tentativas derechistas es evidente pero esto no indica que tanto en el interior como en el exterior las distintas corrientes políticas cubanas vayan dando pasos para tener posiciones de ventaja a la hora de la muerte de Fidel y su sucesión. En especial la situación podría agravarse con la desaparición de Fidel. Este aparece envejecido y con una delgadez enfermiza posiblemente resultado no sólo de la edad avanzada. Con esta previsión las distintas formaciones de castristas y anti-castristas, con la tercera vía de por medio,actúan intentando mantener sus posiciones. Pues aunque el bloqueo determina hasta ahora el eje central de la política de los castristas y anti- castristas, la estrategia contra el bloqueo queda determinada por el nacionalismo.

Mientras que el exilio con los grupos de extrema derecha cada vez con menos fuerza y sus organizaciones como la que lideraba Mas Canosa, con menos apoyos, se refuerza la llamada tercera vía, con políticos como Menoyo que intentan lograr acercamientos a Castro condenando el bloqueo. Para los castristas abrir o liberalizar la dictadura a ciertos grupos políticos significa dar más posibilidades al partido ?norteamericano?. En el interior las distintas corrientes dentro del aparato del estado y del PC buscan desde justificaciones para una mayor abertura hacia el mercado, como el mantenimiento de una cierta "ortodoxia", pero siempre en busca del mantenimiento de sus posiciones en el aparato de estado.

La clave de todo el asunto parece estar entorno al bloqueo y la posición de EEUU. Si como parece ser, la diplomacia del beisbol acaba con un progresivo desmantelamiento del bloqueo alimentará las posiciones hacia la privatización de la economía y a un cierto pluripartidismo que de los puestos en el estado a todo el grupo de políticos que esperan su turno. Y todo ello manteniendo el aparato castrista que se mantendría en el poder.

El mérito de Fidel Castro es que ante los ataques del imperialismo se ha mantenido fiel a sus posiciones de independencia apoyándose en las capas populares cubanas. Si incluso ahora viven mal, su vida es menos desigual que los millones de niños y de pobres que rodean con su miseria los barrios residenciales de los ricos en cualquier ciudad de Latinoamérica. Pero su límite, el que nos diferencia, es que nunca buscó la organización de las masas oprimidas para construir una sociedad mundial sin explotados ni explotadores. Si utilizó el stalinismo fue porque el "socialismo en un solo país", le convino para mantener su nacionalismo frente a los yanquis.

De todas formas el problema para las masas trabajadoras y pobres cubanas, de las cuales como comunistas revolucionarios nos reclamamos, está en el mantenimiento de su nivel de vida, y su progreso, depende del mantenimiento de la expropiación del capital imperialista y de la oligarquía cubana y sobre todo de una perspectiva revolucionaria internacionalista que tenga como principal fuerza los trabajadores tanto de Latinoamérica como de EEUU. Por esto mucho nos tememos que sean los perdedores en el futuro de cuba y que solo tendrían salida si toman en sus propias manos su destino junto a sus hermanos de clase de todo el continente. Por eso nos reclamamos de los revolucionarios que apoyándose en el proletariado, organizaron la revolución rusa de 1917, como un primer paso de la revolución mundial. Por consiguiente nuestro lema no es "Patria o muerte, venceremos", sino "¡Proletarios del mundo uníos!", porque los trabajadores y los pobres no tienen patria.

Mayo/1999