La OMC, la LCR y nosotros

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Septiembre y Octubre de 2000

El artículo que consagramos a la Organización Mundial del Comercio (OMC) y a las manifestaciones contra su reunión en Seattle, en el número de febrero del Lutte de Classe, conllevó un comentario por parte de los camaradas de la LCR (Rouge del 2 de marzo de 2000).

Esto es normal: criticamos en ese artículo algunas tomas de posiciones de militantes representativos de la LCR porque adoptaban los discursos y el lenguaje de los organizadores de la manifestación y globalmente presentaban la movilización de Seattle como una "toma de conciencia de la opinión pública de las fechorías de las leyes del beneficio", incluso "una combinación peligrosa para el orden establecido".

Desgraciadamente este texto de Rouge no abre una verdadera discusión pues, aunque nos critica en su entorno, no busca responder a lo que nosotros escribimos realmente. Sus críticas podrían ser resumidas por la frase: "Laboriosa, la demostración conlleva errores de análisis de fondo, incomprensión de los resortes de la movilización e ignorancia de las posiciones presentes, para justificar la ausencia de LO en las manifestaciones".

Pasemos al aspecto formal del reproche: no parece que la LCR haya estado más presente que Lucha Obrera en la manifestación de Seattle, aunque Lucha Obrera no ha estado en absoluto...

Sobre todo es nuestro "análisis de fondo" lo que Rouge critica, así como nuestra "incomprensión de los resortes de la movilización" y nuestra "ignorancia de las posiciones presentes"

Pero, manifiestamente, lo que se critica sobre todo, es que hayamos descrito la heterogeneidad de aquellos que fueron a impugnar la reunión de la OMC en Seattle, que iban en efecto desde militantes de extrema izquierda a "soberanistas" de todo género, partidarios del proteccionismo nacional, pasando por ciertos dirigentes sindicales americanos poco reputados por su progresismo, defensores de la naturaleza de todas clases y ecologistas de cualquier obediencia política, etc. Sin embargo, en este caso no se trata de un análisis, acertado o no, sino de una descripción de hechos que Rojo se guarda de contestar.

Igualmente habíamos señalado que algunos de los dirigentes políticos del mundo imperialista, comenzando por Clinton, han manifestado su simpatía, sincera o no, con respecto a los manifestantes.

Finalmente habíamos mostrado que el fracaso de la reunión de Seattle se debe mucho más a los conflictos de intereses comerciales entre miembros de la OMC que a las manifestaciones que se desarrollaban fuera.

Pero es necesario creer que Rouge tiende a aparecer como el portavoz de los manifestantes de Seattle, hasta el punto de dejar a un lado cierto número de hechos que, sin embargo, los mismos organizadores de las manifestaciones no disimulaban especialmente.

No tenemos intención de volver a discutir aquí qué es la OMC, ni incluso la manifestación de Seattle, y más habiendo tenido lugar otras desde aquella con los mismos o no. Por nuestra parte, aparte del artículo de la Lutte de Classe en cuestión, hemos dedicado a la OMC un Cercle León Trotsky, disponible en folleto.

Pero el fondo de las críticas de Rouge se resume en esta conclusión: "En realidad, la divergencia que nos separa de Lutte Ouvrière se encuentra menos respecto a la OMC que sobre la dinámica de los movimientos sociales y el papel que los revolucionarios pueden y deben jugar. Esto no es nuevo".

En efecto, no es nuevo.

Nuestros objetivos fundamentales

En el fondo nuestra posición es simple. Nuestra razón de ser fundamental es la de construir un partido obrero revolucionario capaz de defender y hacer prevalecer los intereses políticos de la clase obrera y que tenga la competencia y la capacidad, en los periodos de lucha de clases aguda, de proponer al proletariado la política que le permita tomar y conservar el poder y comenzar la transformación revolucionaria de la economía y la sociedad.

Esta óptica distingue fundamentalmente nuestras perspectivas de todas aquellas fuerzas políticas que se sitúan en el marco de la organización actual de la sociedad, de la economía del mercado, del monopolio de una minoría capitalista sobre los medios de producción, etc. En nuestra opinión, tal partido no podría ser más que comunista en el sentido en que lo entendían Marx, Lenin, Trotsky, Rosa Luxemburgo y muchos otros, y se construirá sobre la base del marxismo. Nuestras solidaridades y alianzas se encuentran en función de esta perspectiva fundamental.

En principio, la LCR comparte con nosotros esta convicción fundamental, aunque no sea más que por su filiación trotskista. Lo precisamos porque es en función de esta perspectiva por lo que criticamos tal actitud o aspecto de la política de la LCR o algunas de sus elecciones.

No nos erigimos en jueces de las numerosas organizaciones que militan contra una u otra de la multitud de injusticias u opresiones que engendra sin cesar el capitalismo, y que no tienen como objetivo acabar con el mismo. Debemos defender, en todas las cuestiones políticas, un punto de vista que parta de los intereses de clase del proletariado.

Siendo solidarios de numerosas iniciativas de estas corrientes contestatarias diversas y variadas que no se sitúan en el terreno de la lucha de clases, incluso que la rechazan claramente, no aceptamos, sin embargo, fundirnos con estas corrientes abandonando o disimulando nuestra propia política.

Las organizaciones de este género son numerosas, unas con cierta influencia, otras sin ninguna; algunas efímeras, otras duraderas; unas, aunque provenientes de la corriente socialdemócrata o del PC, son engullidas por la servidumbre de sus dirigentes respecto al capitalismo cuando están en el poder; otras no ven contradicción entre la política de los gobiernos socialistas y la denuncia, demagógica o sincera, de ciertos aspectos del capitalismo.

La corriente ecologista, contrariamente a las dos anteriores, no ha tenido ningún lazo con el movimiento obrero, ni histórico ni lejano, pero algunas de sus preocupaciones, en particular las que conciernen a los daños al medio ambiente, la oponen a la economía del beneficio.

También son numerosas las asociaciones que militan en el campo de la defensa de los excluidos, especialmente los inmigrantes sin papeles, los sin techo, los parados, y que no sólo no se reivindican de una corriente política sino que manifiestan una desconfianza proclamada, incluyendo a este respecto a la extrema izquierda revolucionaria. También son frecuentes, igualmente, sindicatos salidos o no de confederaciones sindicales pero en ruptura con ellas, como la Confederación campesina o aún el SUD.

Podemos encontrarnos al lado de los militantes de estas asociaciones o sindicatos en bastantes circunstancias, siempre criticando el término "movimiento social", término inventado para negar las nociones de "clase" o de "lucha de clases". Pero no tenemos ninguna intención de abandonar estas nociones ni la realidad que describen para complacer a estos movimientos. No vamos a ser garantes de su proclamado apoliticismo que, sincero o no, va en contra de la necesidad de la clase obrera de defender sus intereses políticos de clase.

Los movimientos contra los "excesos" del capitalismo

Y después, desde algunos años, con lo que se ha llamado la "mundialización" o la "globalización", es decir, después de la desregulación de los mercados financieros y la dictadura cada vez más visible de las finanzas sobre la producción, se han visto aparecer movimientos, generalmente provenientes también ellos de la socialdemocracia en general, que diciéndose desconfiados ante la política, critican la evolución de la economía capitalista en términos a menudo justos, incluso radicales, y proponen respuestas a algunos de sus aspectos más repulsivos.

Es una corriente con los límites mal definidos que culpabiliza sin orden ni concierto a las desregularizaciones, al robo en el Tercer Mundo, a la especulación, presentando todo esto como excesos del capitalismo o, aún, como las consecuencias de la política ultraliberal preconizada no hace mucho por Reegan o Thatcher, antes que todos los Partidos Socialistas en el poder la hicieran suya. Esta corriente vapulea a las instituciones internacionales de la burguesía como la Organización Mundial del Comercio (OMC), el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Banca Mundial, etc., y reclama la reforma de estas instituciones, incluso su supresión.

Las personalidades más destacadas de este movimiento no intentan en absoluto apoyarse en la movilización de la clase obrera, pues eso sería muy peligroso, pero sí convencer -si se presenta el caso, incluso haciendo presión, pero presión solamente- a las instituciones de la sociedad actual.

Es lo mismo para gran parte de la base de este movimiento que, incluso si se rebelan sinceramente por tal o cuál aspecto del capitalismo, comparten ampliamente las perspectivas de sus dirigentes. De otro lado, su hostilidad por las instituciones internacionales de la burguesía, tanto unos como otros, coinciden en reivindicaciones como la supresión de las deudas de los países pobres o la aplicación de una tasa sobre la especulación internacional, como la "tasa Tobin", con la proposición complementaria de la distribución, a los países pobres, del producto de esta tasa.

Un reagrupamiento como Attac representa bastante bien, en Francia, las preocupaciones e ideas de este movimiento, como lo representa por ejemplo, el periódico Le Monde Diplomatique dónde numerosos redactores son miembros activos de Attac.

¿Cómo considerar este movimiento, qué política tener respecto a él?. Esta es, en efecto, una divergencia que tenemos con la LCR, que nos reprocha unas veces nuestra falta de solidaridad con respecto a este movimiento- lo cual es falso pues podemos ser solidarios con determinadas iniciativas suyas sin dejar de decir lo que pensamos de su perspectiva general-; otras veces se nos reprocha, siguiendo su expresión, el no "invertir" en ese movimiento enviando militantes, es decir, participando en su construcción en los entornos dónde no existe.

Pues bien, al menos en este último punto asumimos voluntariamente la crítica que nos hace.

Reivindicaciones parciales y perspectiva general

Precisar tan solo que no somos de aquellos que, en nombre de perspectivas revolucionarias, miran con desdén las luchas parciales que se dan. Eso sería, seguro, una forma de abandonar el terreno revolucionario pues nadie puede saber a partir de qué movilización, contra qué injusticia de la sociedad burguesa, se producirá la movilización del propio proletariado y su toma de conciencia del papel político decisivo que tiene que desempeñar. Es por ello por lo que un verdadero partido obrero revolucionario, por parafrasear a Lenin, debería invertir en todos los sectores de la vida social.

Ni Lutte Ouvrière, ni la Ligue Comuniste Révolutionnaire tienen el número de militantes, la implantación en barrios o en empresas, la influencia, para que puedan estar presentes en todos los sectores de la vida social. Es una prueba de que la construcción del partido obrero revolucionario es aún una tarea por cumplir y no una tarea ya cumplida. Y ello impone elecciones sobre lo que se hace y, sobre todo, en la manera en que se hace.

Es en el seno del proletariado, y más particularmente entre los contingentes más importantes reagrupados en las grandes empresas, dónde es prioritario defender, propagar y popularizar la política revolucionaria.

Hemos elegido dar prioridad a nuestra implantación entre los trabajadores de las grandes empresas. Por útiles y legítimas que sean muchas de las luchas parciales o defensivas llevadas a cabo por diversas categorías de oprimidos, pertenecientes o no a la clase obrera, la única fuerza social capaz de cambiar realmente la relación de fuerzas entre los mantenedores del orden capitalista y sus víctimas, es la fuerza colectiva y consciente del proletariado.

Este trabajo de implantación en las grandes empresas en sí mismo cura rápidamente de tentaciones de "ultra-izquierda" y no deja apenas lugar para posiciones únicamente propagandísticas a favor del comunismo. No es con una propaganda general, aunque sea justa, como los revolucionarios pueden ganar la confianza de los trabajadores. Las preocupaciones y luchas concretas de los trabajadores exigen una política concreta. La cuestión es saber qué política. La nuestra, sean cuales sean los resultados inmediatos, apunta en todas las circunstancias a la toma de conciencia de los trabajadores, a acrecentar su sentimiento de pertenecer a una clase que tiene sus propios intereses políticos. Por ejemplo, todas las huelgas no desembocan en perspectivas de transformación social, pero hay muchas que permiten a los que en ellas participa comprender la diferencia entre una política que se sitúa en esta perspectiva y una política al servicio del orden social existente.

Entonces, la cuestión no está de ningún modo dónde la sitúa el título del artículo de Rouge "¿Testimoniar contra el capitalismo... o combatirlo?"- pues la formulación que se quiere criticar, a nuestro parecer, no es correcta, nosotros nos contentaríamos con "testimoniar" en nombre del comunismo, a diferencia de los que lo "combaten". Este mismo título "testimonia" en sí mismo que, para el redactor de Rouge el combate es lo que hacen los de Seattle, y los defensores de las ideas comunistas están reducidos a testimoniar, a menos que se sumen a los de Seattle. No se les ocurre pensar que entre "la lucha contra el capitalismo" a la manera de ellos, que no quieren transformar el orden social sino solo mejorarlo y la posición puramente propagandística a favor del comunismo, hay un lugar para una política que se sitúe en la perspectiva de la destrucción del orden social capitalista por el proletariado revolucionario.

¿Somos organizaciones demasiado pequeñas, demasiado poco influyentes sobre el proletariado para hacer prevalecer esta política?. Cierto. Las ideas revolucionarias no pueden transformar el mundo más que si las masas se las apropian. Esto no llega más que en periodos de crisis revolucionarias, que no son frecuentes. Pero entonces es necesario que existan militantes en esos momentos, un partido fiel a esas ideas y que proponga la política resultante y que no las hayan abandonado para reemplazarlas por un sucedáneo que no pasa de reformismo. Esto nadie lo hará en nuestro lugar.

La prioridad dada al trabajo revolucionario entre los trabajadores de las grandes empresas no nos impide, sin embargo, mostrar nuestra solidaridad con muchas otras luchas útiles y legítimas que no se sitúan en la perspectiva revolucionaria. Sin querer polemizar con la LCR, a menudo nuestros camaradas han sido más numerosos que los suyos participando en manifestaciones por la defensa de los intereses de los sin papeles, por el derecho al voto de los trabajadores inmigrantes, por la liberación de Mumia Abu Jamal, para apoyar a las asociaciones de parados o la defensa de los derechos de las mujeres, participando en la movilización de los docentes de Seine-Saint-Denis o en la de la enseñanza técnica, por citar sólo las últimas acciones.

Por otra parte, que existen movimientos que contestan los "excesos" del capitalismo ¡tanto mejor!. Podemos, hasta debemos, encontrarnos a su lado en cierto número de manifestaciones sin ponerles condiciones, concretamente sin ponerles como condición el compartir nuestras perspectivas revolucionarias, lo que sería estúpido. Pero rehusamos atribuir a esos movimientos una significación revolucionaria que no tienen y que ni sus dirigentes ni su misma base quieren darle de ninguna manera.

Hemos puesto en evidencia, sistemáticamente, los lazos que existen entre tal o cual ignominia de la sociedad capitalista y su funcionamiento general. Hemos mostrado que mucho de los "excesos" del capitalismo o presentado como tales el dominio de los monopolios, el robo al Tercer Mundo, las crisis económicas, la orientación de las elecciones económicas en función del beneficio para una minoría y la misma explotación- no son precisamente "excesos" sino el modo de funcionamiento del capitalismo. Queremos mostrar que no se puede acabar con esos "excesos" sin acabar con el mismo capitalismo.

Tenemos que tomar el camino contrario de todos los que buscan canalizar las indignaciones legítimas hacia perspectivas aceptables por la burguesía o incluso hacia falsas perspectivas donde las organizaciones reformistas saben usar y abusar, al menos en tanto no están en el poder. Por ejemplo, designando falsos blancos Maastrich, la OMC, etc. que no ponen fin a la burguesía, a la patronal, para disimular las oposiciones de clase.

Una política de renuncias

Una de las formas tradicionales de la LCR de renunciar a este campo y de fundirse en los movimientos que apoyan, a los que atribuye un "dinamismo objetivamente progresista" (cuándo no revolucionario) es adoptar en nombre de este "análisis", la dinámica propia del movimiento, incluso cuándo éste no representa para nada un progreso desde el punto de vista de la toma de conciencia o de la movilización de los trabajadores o, más vulgarmente, marcar su mismo paso, tomar como suyas las preocupaciones y hasta el vocabulario de las organizaciones reformistas que en ellos participan y que los dirigen.

Tomemos como ejemplo la participación de la LCR en Attac y su actividad militante en torno a la tasa Tobin que Attac defiende. Que esta tasa, propuesta no hace mucho por el viejo consejero de economía de Kennedy y de Carter, no sea nada revolucionaria, es una evidencia que la LCR no niega... no más que Attac que, de todas formas, no tiene ninguna intención de hacerse pasar por revolucionaria.

Con rigor se puede considerar como un progreso el hecho de que la idea de tal tasa avance, aunque el que la sostenga algunas de las cabezas pensantes de las finanzas, nos debería hacer desconfiar de ella. Aún más, se puede decir que vale más que el proyecto de una tasa sobre el gran capital, aunque mínima, sea extensamente compartido, que cualquier idea de tasación sobre el capital especulativo sea rechazada en nombre del "liberalismo" ambiente.

Pero los revolucionarios tienen otro programa que defender en materia de fiscalidad sobre el gran capital, ¡incluso en forma de "reivindicación transitoria"!. Y además no es solo esto. Si hubiera un verdadero movimiento popular en torno a esta reivindicación, los revolucionarios deberían preguntarse ¿cómo participar en ellos y cómo hacer progresar las conciencias?. Sería ciertamente, no escondiendo sus propias ideas. No dejando de oponerse a todos aquellos para los que defender la tasa Tobin no es más que una coartada. No dando al movimiento virtudes que no posee.

Pero, además, la "dinámica" actual se sitúa en una perspectiva puramente parlamentaria. La LCR se lanza a esta dinámica, estando entre los iniciadores, por ejemplo, de un Comité Attac en el Parlamento europeo. A pesar de usar un vocabulario diferente, es igualmente la trayectoria de Los Verdes. Pero en esta trayectoria, los Verdes son más lógicos cuando afirman que si los parlamentarios de derecha se suman a la tasa Tobin, tanto mejor pues eso permite constituir una mayoría para votarla.

Con esta política, el hecho de que un Bayrou se declare partidario de la Tasa Tobin es un paso adelante. También lo es cuándo en el Parlamento europeo un Pasqua vota a favor de un texto que, no pudiendo llevar a ninguna decisión concreta, puede en cierto sentido contribuir a propagar la idea. Pero, ¿dónde está el progreso para las ideas comunistas?. ¿Dónde está el paso adelante desde el punto de vista de la construcción de un partido revolucionario?

El mismo artículo de Rouge testimonia como, a fuerza de querer defender el movimiento, comprendidas cuestiones dónde sería mejor no silenciar sus críticas, la LCR termina por adoptar su trayectoria. Veamos el pasaje dónde el autor del artículo busca convencernos de que "los manifestantes de Seattle han jugado un papel progresista, trampolín para nuevas luchas". Admitimos el razonamiento, pero la demostración se limita a afirmar que "las firmas internacionales se preguntan acerca de la funcionalidad de los Estados; intentan elaborar nuevas reglas legales, más adecuadas a sus objetivos. Para los "trabajadores" no es indiferente que consigan o no vencer los obstáculos, especialmente las legislaciones "nacionales", que sancionan particularmente en Europa- conquistas sociales y democráticas frutos de luchas pasadas. Disipando la opacidad que conviene habitualmente a las transacciones internacionales, los manifestantes de Seattle han jugado un papel progresista, trampolín para nuevas luchas" (las comillas de las palabras trabajadores y nacionales son del redactor. Nos preguntamos qué significan).

No, no es indiferente para los trabajadores que sus conquistas sean demolidas. Pero ¿no será que por sus silencios, la demostración sugiere que la demolición de las protecciones sociales es obra de la OMC o de las organizaciones internacionales de la burguesía y sugiere que los Estados nacionales y las legislaciones nacionales protegen, en cierta medida al menos, a los trabajadores cara a la agitación de los primeros?.

Pero hay que ser ingenuo para escribir cosas del género: los truts multinacionales se preguntan sobre la "funcionalidad de los Estados". Ellos se plantean aún menos que son precisamente los Estados nacionales los principales instrumentos de dichas firmas multinacionales y de la gran patronal para demoler las protecciones sociales, para hacer saltar las famosas conquistas sociales. Si los revolucionarios tienen una lucha que conducir, es mostrando como la "mundialización", es decir, el dominio de los grandes truts sobre la economía, comienza aquí mismo; que las firmas nacionales no son una realidad virtual a la sombra de organismos lejanos como la OMC y el FMI, sino que se trata de truts donde muchos tienen aquí gran parte de sus fábricas y sus sedes sociales y que alcanzan a los trabajadores y a sus acciones colectivas.

Es una forma de abundar en el mismo sentido que los proteccionistas, y de participar en esos discursos de moda que consisten en trazar un paralelismo, es decir una relación causa-efecto, entre la pretendida disminución del papel de los Estados como instrumentos de la gran burguesía de un lado y la degradación de las condiciones de vida del proletariado por otro. Pero, en primer lugar, el papel de los Estados no ha disminuido en absoluto. Segundo, no protegen en nada a las masas laboriosas contra la patronal. Nunca los Estados nacionales han jugado un papel tan importante en el enriquecimiento de los grupos multinacionales. Nunca los Estados han recortado tanto al conjunto de la sociedad y más concretamente a las clases laboriosas, para poner las sumas recortadas a disposición de la gran patronal.

Otro capítulo tienen por título: "¿Todos proteccionistas?". Nuestro artículo de Lutte de Classe evidentemente no afirma que todos los participantes en las manifestaciones de Seattle eran proteccionistas sino señalaba que eran numerosos, que marcaban el tono y que era preferible para una organización revolucionaria desmarcarse, en lugar de integrarlos en un juicio general muy positivo- de Seattle. Pero este tipo de título sirve rápidamente al autor del artículo para desviar la discusión afirmando beatíficamente: "No se trata de negar la confusión política de algunas organizaciones presentes en Seattle, ni la existencia de tentaciones proteccionistas alimentadas por una visión poco crítica del modelo social europeo o de la excepción francesa".

¿Qué significa "la confusión política de algunas organizaciones presentes en Seattle"?. ¡Es la confusión de la LCR de lo que discutimos!. No es divertido reprochar a Chevenement, aún menos a Pasqua, ser "confusionistas". Tienen una posición política. Pero es nuestro deber llamar gato a un gato, nacionalista reaccionario a un nacionalista reaccionario, reformista a un reformista, ecologista a un ecologista, en lugar de mezclarlos, después secundando todo, decretar que el conjunto "amenaza el orden establecido"... con la bendición de Clinton.

Todas estas gentes no son para nada revolucionarias y no afirman serlo, al contrario. Y han constituido, ampliamente, la mayoría de esta manifestación. Una vez más, el problema no está en rehusar manifestarse, llegado el caso, a su lado; está en el hecho de disimular lo que son, en un artículo consagrado a analizar qué ha pasado en Seattle y, por consiguiente, en principio, para aclarar a sus militantes.

¿Por qué, también, la LCR aparenta, en este artículo, defender a la Confederación campesina que, por nuestra parte, no hemos atacado?. José Bové y su organización luchan en el terreno que han elegido. Están en su derecho. Una vez más decimos que podemos encontrarnos a su lado en ciertos aspectos de su lucha y que, entiéndase bien, hemos apoyado la defensa de José Bové cuándo estuvo preso. ¿Pero por qué diablos disimular lo que diferencia su lucha de la nuestra?

¿Por qué afirmar que " Mundializar las luchas contra el nuevo desorden mundial, es desarrollar los lazos entre los sectores de la sociedad que entran en movimiento, con el fin de hacer progresar, concretamente, un nuevo internacionalismo. ¡Hace falta estar a su lado!"? Pero ¿qué son pues ese "nuevo internacionalismo"?. ¿Qué son pues esos lazos entre "los sectores de la sociedad que entran en movimiento"?. Solo hay que la LCR presenta, este movimiento como el comienzo de una internacional, tanto por lo que dice como por lo que calla, pero utilizando prudentemente la palabra "sectores" para no hablar de clase social.

Entonces, para terminar, nosotros no sufrimos para nada la "satisfacción solitaria de ser los únicos que expedimos las verdaderas respuestas" pues, si sufrimos por algo, sería más bien por la tristeza de ver escrito esto en Rouge. Sólo decimos que hoy, al igual que el pasado, la transformación social en el sentido en que la entendemos, es decir en el sentido comunista, no podrá venir más que de la fuerza colectiva del proletariado. Afirmar esto pudiera ser, como dice el redactor del artículo, "cultivar la nostalgia impotente de los tiempos en que las corrientes revolucionarias estaban presentes en la clase obrera".

Pero hemos elegido trabajar para que las corrientes revolucionarias estén de nuevo presentes en la clase obrera, mejor que diluirnos en movimientos que, aún conduciendo luchas que pueden ser legítimas, no ambicionan dirigir la lucha a la transformación revolucionaria de la sociedad y, lo peor, desvían al mundo del trabajo de la única política que podría llevarles a realizar este objetivo.

Traducción del artículo del mismo título aparecido en el n° 51 de Lutte de Classe.

Mayo-Junio 2000