la victoria de la contrarevolución

Εκτύπωση
Mayo 1996

La instalación del gobierno negrín

Con los acontecimientos de mayo, el equilibrio de fuerzas se desplaza a la derecha en detrimento del proletariado. Los días del gobierno de Largo Caballero, que había expresado la relación de fuerzas existente en el verano del 36, pero que después había hecho todo lo posible por modificarla en favor de la burguesía, estaban contados. Tanto el ala derecha del Partido Socialista como el Partido Comunista querían desembarazarse de él. Largo Caballero intentó resistir algunos días denunciando en su periódico Adelante la política que iba a ser la de su sucesor: "Si el gobierno debe aplicar las medidas de represión a las que incita la sección extranjera del Komintern, actuaría como un gobierno Gil Robles o Lerroux, destruiría la unidad de la clase obrera y nos expondríamos al peligro de perder la guerra y de minar la revolución... Un gobierno compuesto en su mayoría de representantes del movimiento obrero no puede utilizar los métodos que son atributos de gobiernos reaccionarios y de tendencias fascistas". Se trataba efectivamente de formar un gobierno que dirigiera una represión abierta contra los trabajadores revolucionarios. La derecha del Partido Socialista y el Partido Comunista resolvieron mejor la cuestión. Caballero fue reemplazado por Negrín, su antiguo ministro de finanzas. Los anarquistas no formarían más parte del gobierno central (dimitirían también en junio del gobierno catalán, tras haber contribuido a la derrota de la revolución).

Un regimen que se parece cada vez más al de Franco

Se instala una dictadura sangrienta que se encarga en primer lugar del POUM, puesto fuera de la ley. Todo el verano de 1937 está marcado por el terror contra los militantes revolucionarios, terror que continuaría hasta el fin de la guerra. Es el socialista Prieto quien crea el instrumento del terror, el SIM (Servicio de Información Militar), verdadera sucursal de la GPU. La policía española y los agentes de la GPU trabajan, mano a mano, para arrestar, torturar, asesinar a los militantes trostkistas, poumistas, anarquistas, o de la izquierda socialista. La desaparición de Andrés Nin y su asesinato por los esbirros de Stalin causa un enorme escándalo, pero los raptos, las torturas, las ejecuciones no fueron por eso a menos. Todos los que estaban marcados eran acusados de venderse a Franco. Stalin quería incluso montar un proceso de alta traición contra los dirigentes del POUM al estilo de los procesos de Moscú que estaban en su apogeo desde agosto del 36. No lo conseguiría, pero los dirigentes del POUM permanecerían en prisión hasta el fin de la guerra. Los periódicos revolucionarios fueron prohibidos, se endureció la censura, se pusieron fuera de la ley las organizaciones revolucionarias, sus locales son saqueados y cerrados. La cacareada república democrática burguesa no podía decididamente ser más que una dictadura. El terror ejercido por el SIM continuó hasta el fin de la guerra incluido el frente.

En el plano social, la lucha contra las colectivizaciones de tierras e industriales se propuso devolver, en la medida en que la situación lo permitía, los medios de producción a sus antiguos propietarios. Negrín se lo garantizaría incluso a los que estuvieran huidos o hubiesen pasado al bando franquista. Prieto mandó al ejército de Lister, dirigente del Partido Comunista, promovido a jefe militar, a descolectivizar a la fuerza Aragón, obligando a todos los pequeños campesinos, que estaban asociados voluntariamente a las colectivizaciones, a tomar posesión individualmente de sus propiedades. Estas medidas para retomar en sus manos el poder económico por parte del gobierno y que según éste deberían permitir una mayor eficacia fueron por el contrario desastrosas : pequeño burgueses e intermediarios hicieron de nuevo beneficios pero la población padeció hambre y la producción cayó en todas partes incluidas las industrias de guerra. Todo se había hecho para contentar a las clases ricas pero estas habían elegido hacía mucho a Franco. La perspectiva de restablecer una república burguesa democrática era una traición a los intereses del proletariado, pero era al mismo tiempo una engañifa. No había otra alternativa al fascismo que la revolución obrera. El fin de ésta representaría el triunfo de Franco.

Los sepultureros de la revolución abren el camino a Franco

En el plano militar, se mantuvo el mando único, en manos de oficiales que no esperaban más que la oportunidad de pasarse al lado de Franco.

Pero sobre todo, los obreros y los campesinos que habían sido los únicos con la fuerza y el coraje de vencer la sublevación militar cuando se erguían por un mundo mejor, no tenían ya confianza ni en sus oficiales, ni en el que la victoria militar pudiera aportarles nada. Como batirse con entusiasmo por una república que devolvía la tierra a sus propietarios y que se parecía cada vez más al régimen de enfrente?.

En su deseo de seducir a la burguesía, el gobierno presentará, en lo sucesivo, la guerra como una guerra de independencia nacional. Preconizando la reconciliación de todos los españoles contra Hitler y Mussolini. Tendió la mano a los fascistas y a la burguesía española pese a saber bien que ésta estaba al lado de éstos. La propaganda gubernamental patriotera imitó literalmente la de Franco.

Pero como representante de la burguesía española el gobierno Negrín estaba llamado a dejar la plaza libre porque la burguesía ya había elegido a Franco hacía tiempo.

Todo lo que el gobierno republicano esperaba, era que Inglaterra y Francia se entrometieran para obligar a Franco a aceptar un compromiso. Pero ambos países imperialistas, que tenían intereses en España, tenían también dos razones para no entorpecer la victoria de Franco. Pensaban que éste sería más eficaz para contener a la clase obrera y no querían dejarle con la única salida de arrojarse en brazos de Hitler y Mussolini. Es por esto por lo que recibió también, discretamente, el apoyo de Inglaterra y Francia que intentaban cortejarle.

El mito de una ayuda posible, incluso segura, de las grandes potencias servía en el campo republicano como argumento para explicar a las masas que no había que hacer nada que pudiera indisponer a los representantes de los gobiernos francés e inglés, hasta hacer desaparecer los murales revolucionarios de las paredes de Barcelona.

Y, en plena batalla del Ebro, el gobierno Negrín aceptó retirar del combate las brigadas internacionales, bajo el pretexto de demostrar que estaba dispuesto a prescindir de toda ayuda extranjera.

La única razón que tenía el gobierno Negrín para seguir la guerra era obtener ciertas garantías de parte de Franco. Pero éste, convencido de su victoria, exigía una capitulación sin condiciones.

En marzo del 38, la aviación italiana llegó hasta Barcelona, los bombardeos produjeron 1.200 muertos. La ciudad estaba desde entonces amenazada.

La CNT decidió de nuevo su participación en el gobierno Negrín que continuó mientras tanto persiguiendo y asesinando a algunos de sus militantes. Llamó a la leva de 100.000 voluntarios para enderezar la situación militar.

Pero el 25 de enero de 1939 Barcelona fue tomada sin combate por las tropas de Franco.

Francia y Gran Bretaña reconocieron el gobierno de Franco desde el 27 de febrero. Las tropas franquistas entraron en Madrid el 27 de marzo y tomaron posesión de todo el país el 31 de marzo del 39.