"Mundialización", "globalización" de la economía : frases hechas que, más que aclarar, disfrazan la realidad del imperialismo.

Print
enero 1996

Las palabras "Mundialización" y "globalización" han salido de los cenáculos de los economistas distinguidos y del terreno de su jerga profesional para convertirse en una moda en los medios de comunicación y en el vocabulario de los políticos.

La ventaja de estas palabras es que, en sí mismas no significan nada, y por consiguiente pueden decir cualquier cosa. De esta manera pueden completar los términos "moneda única", "criterios de convergencia" y, claro está, el inevitable "Maastricht", para evocar, según los unos, un futuro de progreso y de felicidad, según los otros, una calamidad.

Es frecuente escuchar o leer informes de políticos y economistas, bien procedentes del mundo burgués o bien de sectores de la izquierda que describen la mundialización en términos catastróficos y como un movimiento irresistible de deslocalización. Es decir, para ellos existe un verdadero intercambio desigual entre países con "bajos salarios" y países que ellos llaman con "alta proteccion social"; y según ellos, en estos últimos el intercambio desigual no puede generar más que destrucción de empleos, paro y pobreza.

Pocos son los patronos, o sus portavoces, en la prensa y demás, que no han disertado con complacencia sobre aquellos países, como Vietnam, China y algunos otros, donde los salarios representan le 1/30 de lo que se paga aquí. En esos mismos círculos, se evita sin embargo precisar que si el capital se deslocaliza- suponiendo que se traslade a los países a muy bajo salario - no es debido a una operación realizada por obra y gracia del espíritu santo, sino que se debe a que a los poseedores de capital les parece rentable invertir allí. Pero de todas maneras, este tipo de discurso anuncia raras veces, de parte de los que lo profieren, inversiones reales en Vietnam, Madagascar o Haití : evocar los salarios lamentables de aquellos paìses es sobre todo una manera de hacer presión sobre los salarios de aquí.

En general, la propaganda exagerada sobre el tema de la "Mundialización" tiene a menudo por razón de ser el establecer como causa del paro el crecimiento de los intercambios internacionales y las exportaciones de capital más o menos asimiladas a deslocalizaciones. Ay, qué bonito sería el capital si permaneciese nacional...! No se trata evidentemente más que de palabras y, hasta cuando éstas salen de la boca de políticos, no impiden a un solo capitalista invertir su dinero en otra parte si le interesa. Pero todo esto vehicula estupideces sobre las causas del paro.

Qué realidad se esconde detrás de las palabras ?

Se supone que el término de mundialización recubre un conjunto de evoluciones económicas que podrían resumirse en los puntos siguientes :

-La integración cada vez más importante, dentro del mercado mundial, de la totalidad del planeta, debido a la liquidación progresiva de los "cotos privados" que pertenecían a las potencias imperialistas de segundo orden (las ex-colonias francesas, británicas, etc...) y el final del aislamiento relativo de los países de la ex-Unión soviética.

-La intensificación del comercio internacional, favorizada por los acuerdos comerciales internacionales como los que han conducido a la creación de la Organización mundial del comercio, que intenta disminuir las barreras arancelarias y demás, susceptibles de constituir un obstáculo al comercio internacional.

-La circulación sin trabas del capital, que por consiguiente engendra el crecimiento de lo que la jerga economista llama "inversión directa", intentando distinguirla - sin lograrlo realmente - de los desplazamientos puramente especulativos de capital. Cabe recordar que los capitalistas pueden definir la "inversión" como compra total o parcial de empresas ya existentes pero tambien como creación de nuevas empresas. La intensificación incontestable de las exportaciones de capital durante los últimos quince años se debe esencialmente a la compra de acciones o de títulos de propiedad de empresas ya existentes.

-El incremento de la concentración de capital debido a las fusiones de grupos financieros y a las adquisiciones y tomas de control de empresas por estos mismos grupos. Unas cuantas multinacionales gigantescas organizan la actividad económica de centenares de miles, incluso millones de personas en gran número de países. Estos trust razonan a nivel planetario y desplazan sus actividades, reales o contables, en los países que les permiten realizar los beneficios nacionales máximos.

-La preponderancia de la finanza sobre la industria y de la circulación financiera sobre la circulación de mercancías.

-El abandono progresivo por el Estado, en los países desarrollados como en los países pobres, de la gestión directa de sectores más o menos importantes de la economía, incluso a veces de servicios públicos.

El predomínio del capital financiero sobre el capital industrial, las exportaciones de capital, la constitución de grandes grupos financieros importantes en gran número de países consecuencia de la concentración creciente del capital, constituyen en efecto los hechos más marcados de toda la economía y más allá, de toda la vida social y política Pero esta evolución data de más de un siglo !

Ya en 1916, Lenin pudo constatar que "el siglo veinte se destaca por un viraje decisivo donde el antiguo capitalismo cede su lugar al nuevo, donde la dominación del capital financiero se sustituye a la dominación del capital en general".

Como todos los marxistas de la época -aunque todos no sacaban las mismas conclusiones - Lenin llamaba imperialismo a esta nueva fase del capitalismo. No combatía esta nueva etapa del capitalismo en el nombre de la antigua. No combatía la emergencia de grandes grupos financieros en el nombre del retorno al capitalismo familiar y de libre competencia. No combatìa la competencia internacional cada vez más dura, las exportaciones de capital, las "deslocalizaciones" - el término es nuevo, pero no los hechos - en el nombre de la utopía que consiste en defender la competencia limitada en el interior de un solo pais. No oponía al libre comercio a la escala internacional el proteccionismo nacional. Porque sabía que éstas son actitudes que el capital puede adoptar, en proporciones diferentes, en función de su fuerza y de las necesidades del momento. Y sobre todo, él no quería proponer al proletariado asumir una u otra de las políticas de la burguesía.

Tampoco reclamaba un Estado nacional más fuerte, para poder "resistir a los mercados financieros". Sabía que los Estados imperialistas no son "impotentes" frente a los trust, a los grupos financieros, sino que son su instrumento.

Y la conclusión que Lenin adoptó después de analizar todo esto fué que, el capitalismo en su fase imperialista, fuente de toda la podredumbre de la sociedad, había al mismo tiempo acumulado todos los materiales necesarios para su destrucción y para la reorganización racional de la economía bajo la dirección del proletariado. Y el pasaje siguiente de El imperialismo fase superior del capitalismo suena más moderno y sobre todo más justo que toda la literatura dedicada hoy en día a la mundialización o la globalización :

"Cuando una gran empresa se convierte en gigantesca y organiza sistemáticamente, apoyándose en un cálculo exacto con multitud de datos, el abastecimiento de 2/3 o 3/4 de las materias primas necesarias para una población de varias decenas de millones ; cuando se organiza sistemáticamente el transporte de dichas materias primas a los puntos de producción más cómodos, que se hallan a veces separados por centenares y miles de kilómétros ; cuando desde un centro se dirige la transformación consecutiva del material en todas sus diversas fases hasta obtener numerosos productos manufacturados ; cuando la distribución de dichos productos se efectúa según un plan único entre decenas y centenares de millones de consumidores (venta del petróleo en América y en Alemania por el trust del petróleo norteamericano), entonces se advierte con evidencia que nos hallamos ante una socialización de la producción, y no ante un simple "entrelazamiento", se advierte que las relaciones de economía y de propiedad privadas constituyen una envoltura que no corresponde ya al contenido, que esa envoltura debe inevitablemente descomponerse si se aplaza artificialmente su supresión, que puede permanecer en estado de descomposición durante un período relativamente largo (en el peor de los casos, si la curación del tumor oportunista se prolonga demasiado), pero que, con todo y con eso, será ineluctablemente suprimida."

Una simple cuestión de vocabulario ?

Cuando se nos presenta la mundialización como un fenómeno nuevo no se trata de un simple cambio de vocabulario. Y eso que el vocabulario, de por sí, no es neutro. Detrás de la aparente neutralidad de los términos "mundialización" y "globalización" hay una orientación política, porque existe la voluntad de ocultar las relaciones de dominación entre un pequeño número de países imperialistas y el resto del mundo.

El término "mundialización" permite sugerir de esta manera que gran número de países se han lanzado en la vía del desarrollo capitalista de la misma manera que los que les precedieron. Ademas, muchos no se contentan con sugerirlo sino que lo afirman. Y asi les podemos ver evocando los éxitos de los que denominan "dragones del sud-este asiático" : Corea del sur, Taiwan, Hong- Kong, Singapur. Hasta se ha puesto de moda discutir de la fecha en la que China reemplazará a los Estados Unidos como primera potencia mundial.

Encontramos el mismo tipo de razonamientos en lo que concierne al comercio internacional. En este caso, se representa la mundialización como caracterizada por el acceso de un número cada véz más grande de países al rango de competidores verdaderos, susceptibles de arrebatarles partes del mercado, si no a los países imperialistas en su globalidad - y todavía ! - al menos a un gran número de sus industrias. De todo esto se deduce naturalmente el argumento de que el paro proviene de la competencia con los países con bajos salarios y que por consiguiente, los trabajadores de los países imperialistas deben sentirse en competición con los de los países pobres. Esta manera de plantear el problema, es decir, hablando siempre en términos de "países" - Corea del sur, Indonesia - , permite ocultar el hecho de que las empresas industriales de estos países están a menudo bajo el control de las viejas potencias imperialistas.

Alcance y límites del desarrollo del comercio internacional.

La economía es internacional y se ahoga desde hace ya mucho tiempo dentro del marco nacional. Pero los marcos nacionales persisten, y la internacionalización de la economía es el resultado de un combate permanente donde cada capitalista, cada grupo capitalista y su Estado se afanan en defenderse en el interior de su mercado nacional, intentando al mismo tiempo, gracias al mercado internacional "liberado" de toda traba, agrandar su acceso.

A pesar de la multiplicación de las negociaciones comerciales bipartitas, regionales o internacionales, a pesar de la Organización mundial del comercio, en funciones desde el 1 de Enero de 1995 con el objetivo de facilitar el libre- cambio a escala internacional, el mercado internacional no es en ningún caso "libre", en el sentido de acceso igual para todos. Es un lugar de confrontación de las relaciones de fuerza. Los dirigentes de la nación imperialista más potente, los Estados Unidos, que son por otra parte los principales promotores de la Organización mundial del comercio, no se sienten incomodados al declarar que no aceptan las reglas de esta última más que en los casos en los que no perjudican a sus intereses económicos. Todavía más que en la época en la que la existencia del bloque soviético imponía a los Estados Unidos preocupaciones de orden milita-político, la diplomacia Americana es una auxiliar de las estrategias económicas de los trust. Hablar de libre comercio refiriéndose a la guerra económica entre, por ejemplo, el imperialismo americano y el imperialismo japonés es una desfachatez.

Sólo los más fuertes acceden verdaderamente al mercado mundial. Cuando ello ocurre a un país pobre, suele ser porque un grupo industrial ha juzgado que sería más fácil disimularse detrás de un pequeño país. Por ejemplo, es de notoriedad pública que, frente a las barreras arancelarias creadas en ciertas épocas por los Estados Unidos o por los principales países europeos para defender su comercio internacional - impuestos elevados y sobre todo cuotas -, los trust japoneses prefirieron evitar los obstáculos remplazando los "made in Japan" por "made in Indonesia" o "made in Malasia".

Desde la guerra, el comercio internacional se desarrolla más rapidamente que la producción. Sin duda, esto ha permitido que el estancamiento económico que se prolonga desde hace veinte años no se haya transformado en una depresión económica catastrófica. No obstante, no ha habido una aceleración significativa del crecimiento de los intercambios internacionales durante los últimos diez o quince años. Sería más bien lo contrario. Por lo que dice Elie Cohen, economista francés, en un libro reciente, "el comercio internacional se ha incrementado en un 6.6% de media anual entre 1950 y 1980, o sea 2.3 puntos de PIB de más que la progresión de la producción. En los años 80, la diferencia no ha sido más que de 0.9 puntos PIB. El periódo 1991-1993 que se caracteriza en los países europeos por una disminución del crecimiento del PIB, ha visto también reducirse el comercio exterior". Y el mismo economista afirma que a largo plazo, desde princípios de siglo, si "el mundo ha conocido períodos de apertura y de cierre, hoy en día no se encuentra en su totalidad más abierto que antes de la primera guerra mundial".

Después de un largo período de regresión del comercio mundial entre las dos guerras, debido a la caída de la producción durante la crisis del 29 pero también a las políticas proteccionistas de los Estados, el comercio internacional se ha, sin lugar a dudas, incrementado en volúmen y en valor después del final de la guerra, pero la porción de la producción de las grandes potencias imperialistas que va a parar a los mercados exteriores es globalmente la misma que en 1913.

Los cambios en las fronteras y en la naturaleza de los productos hacen que las comparaciones sean muy aproximativas. Pero de todos modos, por lo que respecta a los Estados Unidos, las exportaciones no representan, aún hoy en día, más que el 7.1% de la producción, aunque en 1913 ya representaban el 6.1%. La porción de las exportaciones se ha incrementado sin lugar a dudas en esos dos países complementarios que son Francia y Alemania, pasando respectívamente de 13.9 a 17.5% y de 17.5 a 24% de la producción nacional entre 1913 y 1992. Pero sin embargo, y a pesar de muchos tópicos, la porción de las exportaciones en comparación con la producción, ha disminuído en el caso de Japón y del Reino Unído, para pasar respectívamente de 12.3 a 9.2% y de 20.9 a 18.2% entre 1913 y 1992.

Hay que añadir que hoy en día una parte importante del comercio internacional se constituye simplemente de intercambios entre empresas de un mismo trust, o entre departamentos o talleres de una misma empresa. Por ejemplo, las exportaciónes realizadas en el interior de un mismo trust representan 33.5% de las exportaciones de los Estados Unidos ! La interpenetración de las economías se realiza esencialmente en el interior de los grandes trust multinacionales.

Europa en la competencia internacional.

El comercio internacional es de una importancia primordial para las potencias imperialistas de Europa, literalmente ahogadas dentro de sus exíguos territorios. Para todas ellas, el comercio inter-europeo es vital.

Esa es la razón por la que los países más avanzados de Europa se han comprometido desde hace más de cuatro años en lo que ellas llaman la "construcción europea". Las burguesías alemana, francesa, británica, italiana y en menor medida, holandesa y belga compiten entre ellas por sus intereses nacionales, pero estos intereses son tambien complementarios. Es por ello que estos países europeos han necesitado más de cuarenta años de negociaciones, de pequeños progresos y de vueltas atrás, para deshacerse más o menos completamente de las barreras aduaneras, los obstáculos arancelarios y para intentar poner un poco de orden en la jungla de las iniciativas que cada Estado puede llevar a cabo para dificultar la penetración del capital adversario en el interior de sus fronteras comerciales y facilitar la penetración de los suyos en los otros. Y una vez que las principales potencias económicas del continente - principalmente Alemania, Francia, Inglaterra y en cierta medida Italia - consiguieron crear un mercado común, los otros países no tuvieron más opciones que la de alinearse con esta decisión. Lo que hicieron y continúan haciendo, los unos detrás de los otros.

La reciente crisis de las vacas locas ha recordado con qué facilidad las barreras pueden volver a aparecer. Su "construcción europea" no ha suprimido para nada los Estados nacionales - nunca ha tenido esa ambición - y cada Estado puede, en principio, deshacer lo que se construyó con su acuerdo.

Los debates sobre la "supranacionalidad" en oposición a la "soberanía nacional" son ociosos en el mejor de los casos, pero en realidad són engañosos. los discursos sobre las "autoridades de Bruselas que imponen sus directivas a los Estados" son mentiras. La autoridad de Bruselas no ha remplazado la autoridad de los Estados. Estos continúan representando los intereses de sus burguesías respectivas. No es más que una emanación. Bruselas no hace nada que no resulte de las decisiones de los Estados, o en todo caso, de los compromisos aceptados por ellos mismos, sobre la base de en pulso entre las burguesías. Y los Estados más potentes de la Unión europea, entre los cuales Francia, pueden rechazar cuando les plazca las directivas que no desean aplicar - y no se molestan en hacerlo, como acaba de demostrarlo le primer ministro francés Juppé recientemente, rechazando aplicar una directiva ecologista de Bruselas (a pesar de que el delegado francés la haya votado) porque era defavorable a la mayoría desde el punto de vista electoral. Esto no impide a los dirigentes políticos refugiarse detrás de las "decisiones de Bruselas" o las "directivas de la comisión europea" cuando les conviene, para no imponer decisiones impopulares. Pero designar Bruselas como responsable de la política de su propia burguesía es otra forma de engañar a los trabajadores.

Uno de los principales recursos que los Estados nacionales conservan hasta hoy en día para favorecer su propia burguesía reside en la utilización de la moneda nacionál como arma de guerra contra los otros países. Las famosas "devaluaciones competitivas", realizadas en el periodo reciente por España, Portugal como Italia y Gran Bretaña, proporcionan una ilustración de la utilización de este recurso.

Es por ello que Alemania y Francia, los dos pilares de la construcción europea - porque finalmente son ellos los que más beneficio le sacarán - se empeñan desde hace varios años en obligar a todos a deponer ese arma, creando una moneda europea única. Esto requiere cierta homogeneidad en las politicas presupuestarias, un cierto nivel de las tasas de interés y una inflación más o menos similar. He aquí el fundamento de esos "criterios de convergencia" establecidos en Maastricht que no son más que la expresión del acuerdo entre burguesías europeas para imponer algunas reglas y prohibirse algunos golpes bajos.

La moneda europea no se ha realizado todavía y ciertas potencias de mayor importancia en el continente, Gran Bretaña en particular, no tienen, por el momento, intención de asociarse a su construcción. Pero es sin embargo probable hoy en día que la moneda única se realice por lo menos entre Francia y Alemania y en los países que se encuentran dentro de sus esferas de influencia, porque ello corresponde a los intereses de la gran burguesía. Esto será un factor de unificación - puramente consensual y a lo mejor temporal, pero un factor de unificación de todas maneras - entre países europeos. Y al mismo tiempo será un instrumento de guerra económica contra el exterior. Aunque la moneda única no existe todavía, yá ha aparecido en una tribuna libre del periódico francés "Le Monde" un artículo donde cuatro patronos, dos franceses y dos alemanes, exigen que su paridad de cambio con el yen o el dolar sea tál que aventaje las exportaciones. Las empresas alemanas y las empresas francesas no podrían, según ellos, continuar la carrera entre los primeros con tál desventaja, siendo esta un "euro" demasiado fuerte en comparación con las divisas americana y japonesa.

"La Europa unida" no es más que la organización conflictual de la esfera de influencias de las principales potencias europeas, a la vez rivales entre sí y obligadas a unirse frente a las más potentes que ellas (los Estados Unidos y Japón). La necesidad de una moneda única no hace más que reflejar una situación donde la economía más poderosa, es decir la alemana, no se encuentra en posición de imponer su moneda, el Deutschemark, como moneda aceptada por todos. Los Estados Unidos no tienen ese tipo de problemas en su propia esfera de influencia regional organizada, la ALENA, en la que se encuentran también Canadá y Méjico, al hacer oficio el dolar de moneda común indiscutible.

Deslocalización y competencia asiática.

Cuando los políticos y economistas hablan del peligro representado por los países con salarios bajos para la industria, y por consiguiente para el empleo en Francia, se refieren a cierto número de países del sudeste asiático. Perderían toda credibilidad si esgrimiesen la amenaza de Mali, Senegal o de ese Africa que, en vez de industrializarse, tiene más bien tendencia a lo contrario.

De todos modos existe una verdadera mala fé cuando se evoca la penetración de coches y ordenadores coreanos sin explicar que si las burguesías europeas aceptan abrir un poco sus fronteras ante importaciones de este tipo es porque a cambio esperan poder venderle sus trenes de alta velocidad o sus aviones. Y una vez más, en la competencia, no son fuerzas inmateriales las que ejercen su influencia, sino intereses económicos bien determinados. Y no es verdad que el Estado soporta unas fuerzas contra las cuales no podría combatir : él negocia en el nombre de sus capitalistas.

Y qué decir de las famosas "desocalizaciones" hacia los países con bajos salarios ?

Con excepción de algunos sectores, estas deslocalizaciones son ínfimas. Cuando se insinua que la apertura de las fronteras a la competencia asiatica es responsable, al menos parcialmente, de los millones de parados o semi- parados de los países industrializados, se trata de un embuste de lo más descarado.

Las inversiones de capital de los países industrializados se han incrementado indudablemente. Pero en su mayor parte, estas inversiones tienen por objetivo el acceder a los grandes mercados y se han dirigido por lo tanto hacia los países ya industrializados. Cerca de la mitad de las inversiones de los países imperialistas en los países subdesarrollados son en el sector minero, o el turismo, sectores en los cuales ne se trata de mudar una empresa de un país industrializado hacia un país con bajos salarios.

Por muy bajos que sean los salarios en los países de Africa o del Sud-este asiatico, están lejos de ejercer esa atracción fatal sobre el gran capital. Porque los salarios no compensan facilmente la insuficiencia o la mala calidad de las infrastructuras, la productividad más reducida del trabajo, la inseguridad y la eventual inestabilidad política, sin hablar del costo del transporte. En los pocos países semi- avanzados que no plantean estos problemas, o mejor dicho, que ya no los plantean, como en particular Corea del sur o Taiwan, gracias a las luchas de los trabajadores, los salarios terminan siempre por aumentar. Un obrero que trabaja en una gran empresa de Seul gana practicamente, si tiene la misma cualificación, el equivalente del salario de un trabajador parisino.

Para ciertos productos que conciernen esencialmente dos sectores (los sectores textil y componentes electrónicos), la atracción de los bajos salarios juega realmente un papel. Los parques industriales especialmente habilitados en Indonesia o Singapour, donde la mano de obra a buen precio es entregada al mismo tiempo que las infrastructuras, atraen un cierto número de trust de la electrónica o del audiovisual (Thomson, Schneider en particular, pero tambien ATT o Sanyo). Y existen otros, en el sector textil, para aprovechar la mano de obra todavía peor pagada de las "zonas especiales" de China. Pero no hay que olvidar que para los principales sectores donde se encuentra el gran capital, la porción del capital variable es cada vez más pequeña en comparación con la del capital constante. La proporción de los salarios sobre el capital invertido sería de un 10% en la industria del automóbil, en las empresas fabricando televisores de última generación sería de un 5 %, y de un 3% en la hilera de los semi-conductores. Cuando Citroën invierte en China, él tira provecho de la mano de obra barata, pero no para invadir Europa de coches "made in China" sino para venderlos a la casta privilegiada de ese país.

Permite la mundialización que los países pobres alcancen los países ricos ?

Es una estupidez intencionada muy difundida. Se apoya en primer lugar sobre la trampa que consiste en extrapolar a partir de unos veinte países semi- avanzados de Asia y América latina generalizaciones sobre el conjunto de los países pobres.

El administrador del PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo) que, a juzgar por sus funciones, no se trata de un revolucionario, acaba de declarar en una entrevista reciente para el periódico francés Le Monde :

"Hay un primer mito a combatir. Es el de un mundo en desarrollo que, gracias a la globalización de la economía mundial, iría cada vez mejor bajo el mando de una quincena de dragones". En realidad, "en más de un centenar de países, la renta per cápita es hoy en día más baja que hace quince años. Para hablar claro, casi 1.6 millares de individuos viven peor que al principio de los años ochenta.

En espacio de una generación y media, la distancia entre países ricos y pobres se ha agrandado. Al principio de los años sesenta, era del 1 al 30 entre los 20% más ricos del planeta y los 20% más pobres. Hoy en día, es del 1 al 60, y eso que la riqueza global ha aumentado considerablemente (...)
Las tres cuartas partes de los flujos de inversiones extranjeras directas destinadas a los países pobres se concentran en realidad en menos de una docena de países, la mayoría situados en Asia. Africa, por su parte, no tiene derecho más que a las migajas (6%), y los países menos avanzados, los cuales se encuentran principalmente en ese continente, no reciben más que un 2%".

Pero hasta el pretendido desarrollo de esta docena de países no es más que una extrapolación consciente, a partir de la industrialización y del aumento rápido de la producción en ciertas zonas francas en función de las necesidades de los comanditarios imperialistas.

China en vías de desarrollo ? Méjico en vías de desarrollo ? "El privilegio" que representa beneficiar de las inversiones occidentales significa sobre todo una explotación y un pillage más grandes, la emergencia o el refuerzo de una capa privilegiada local más o menos compradora con, y es el único aspecto positivo para el porvenir, la transformación de una fracción - muy pequeña - de las clases pobres de esos países en proletariado. Y además, se puede afirmar que las empresas extranjeras implantadas en China son más numerosas de lo que eran en 1927 ?

Podriamos citar algunas grandes sociedades multinacionales coreanas o brasileñas. Pero áun en ese caso habría que estudiar cual es la proporción de capital americano o japonés en cada una de ellas. De todos modos, entre los cien más importantes trust que dominan la economía mundial, no hay ni uno solo que proceda de los países del Tercer mundo. Las tres cuartas partes (75 sobre los 100) se reparten entre cinco países imperialistas : los Estados Unidos, por supuesto, Japón, Francia, Gran-Bretaña y Alemania. La relación de fuerzas entre potencias imperialistas ha cambiado desde la época en que Lenin escribEl imperialismo, fase superior del capitalismo, pero no la identidad de los principales bandidos que saquean el planeta.

Mundialización y Estatismo.

La "mundialización" no ha reducido la función de los Estados. Al contrario. Y no solo en lo que concierne a la diplomacia económica. En todos los países imperialistas, hasta en aquellos donde los dirigentes han hecho del liberalismo su profesión de fé, el presupuesto del Estado, la caja pública se ha transformado en depósito destinado a financiar el parasitismo de los grandes grupos financieros. De ahí, el abandono creciente de los servicios públicos, hasta en los países más ricos. De ahi también, el endeudamiento considerable y constantemente en crecimiento de los Estados.

Se trata de una manera parcial de enfocar las cosas cuando se presenta a los Estados imperialistas como víctimas impotentes de los mercados financieros. Los Estados no son las víctimas pasivas de la evolución económica, sino que son los actores conscientes. Se trata de ellos mismos, de sus déficit, de sus emisiones de empréstitos para colmarlos, de sus necesidades de financiamiento para ayudar a la burguesía, de sus mismas políticas de privatización; son ellos mismos los que alimentan el capital especulativo.

Por ello, reivindicar funciones más importantes para los Estados nacionales como antídoto de la mundialización, sinónimo de capitalismo desbocado, presentar esto como progresista, como lo hacen distintos sectores de la izquierda, es una estupidez. Y encima, es una estupidez reaccionaria.

Con respecto al imperialismo no se puede volver atras. Y si el imperialismo se sintiese obligado por culpa de una crisis, de un desmoronamiento económico, a refugiarse detrás de políticas proteccionistas, esto se haría pagando el precio de una disminución aún más catastrófica del nivel de vida de la clase obrera, pagando tambien el precio de regímenes autoritarios o fascistas para imponerlo. El interés del proletariado no se encuentra en la lucha contra la internacionalización de la producción, contra la interpenetración de las economías, sino en el combate a favor del derrumbamiento del orden capitalista a escala mundial. La reorganización de la economía sobre una base superior, racional - el comunismo - no es posible sin la base de una economia que, digan lo que digan los reaccionarios de todas las tendencias, esté internacionalizada desde tiempo atrás. Y si, bajo la forma de subproductos modestos de las exportaciones de capital imperialista, empresas industriales nacen allí donde no las había anteriormente, si ello hace surgir un proletariado industrial donde sólo existían masas pobres subproletarizadas, pués mejor. Los trabajadores de Corea del sur, de Indonesia o de China no son nuestros adversarios, ni siquiera se trata de competidores. Son los nuevos regimientos de ese proletariado mundial que puede, y es el único, arrancarle el poder a la burguesía y terminar con el capitalismo y su último avatar, el imperialismo.