Al parecer, el desfile militar del 14 de julio fue “excepcional”: más soldados, más carros de combate, más aviones de caza… Se trata de “impresionar”, según dicen.
¡Ahí hay dinero, ahí hay miles de millones, ahí hay planificación y previsión para preparar la guerra! La gente muere en sus casas por la ola de calor, los hospitales no tienen aire acondicionado y los medios para combatir los incendios son muy insuficientes, pero al ejército se le mima.
Quieren que aceptemos sus decisiones belicistas
Un antiguo general de la Fuerza Aérea declaró que: “Para defender mejor la paz, hay que mostrar los músculos”. Pero, ¿a quién quiere impresionar el Gobierno? ¿A Putin? A él le da igual este desfile. Somos nosotros, los trabajadores y toda la población, a quienes el Gobierno quiere condicionar.
Es cierto que Putin libra una guerra terrible contra la población ucraniana y también contra su propia población, a la que recluta y utiliza como carne de cañón. Pero, por otro lado, el bando de las potencias occidentales se comporta de la misma manera, con la única diferencia de que lo hace a costa de la población ucraniana y, al mismo tiempo, la saquea con el pretexto de “ayudar a Ucrania”. Porque detrás de la guerra de trincheras hay otra guerra, esta vez económica, en la que los grandes industriales europeos y estadounidenses saquean Ucrania, se apoderan de sus tierras agrícolas, famosas por su fertilidad, o de sus riquezas mineras, como las famosas tierras raras…
Todos los países están inmersos en un rearme masivo. La razón fundamental es que la economía capitalista mundial se encuentra sumida en una profunda crisis económica y que esta crisis aviva las rivalidades entre las grandes potencias. Y las rivalidades económicas conducen inevitablemente a rivalidades bélicas. La reanudación de los bombardeos sobre Irán está ahí para recordárnoslo, ya que lo que está en juego ahora es el control del estrecho de Ormuz, por donde circula el 20% del petróleo mundial.
Una coalición… de intereses rivales
La diplomacia, la guerra y los negocios se entremezclan. El Gobierno francés se jacta de estar al frente, junto con el Reino Unido, de una “coalición de voluntarios”, es decir, aquellos Estados que se han declarado dispuestos a enviar tropas a Ucrania una vez que se haya decretado un alto el fuego. Francia espera que, al ocupar una posición privilegiada en esta coalición, sus fabricantes de armamento, como Thales, Dassault y otros, consigan contratos considerables.
Pero, por ejemplo, los industriales alemanes no ven por qué no iban a tener su parte del pastel. Y, mientras los presupuestos militares se disparan, las colaboraciones entre grandes grupos industriales fracasan, como los proyectos franco-alemanes del avión de combate de nueva generación o del “carro de combate del futuro”. Las rivalidades entre capitalistas empujan al mundo hacia la guerra por intereses que no son los de los pueblos ni los de los explotados.
Macron va de farol hablando del supuesto “lugar de Francia en el mundo” y pretende impresionarnos y llevarnos a asumir los “esfuerzos de guerra”. Por el momento, a diferencia de los ucranianos, los rusos, los iraníes, los palestinos, los libaneses y otros pueblos, las bombas nos nos caen encima. La guerra aún no forma parte de nuestra vida cotidiana. Pero nuestros dirigentes, nuestros capitalistas, nos están preparando para ella y ya nos pasa factura esa preparación. Ya nos están haciendo pagar las armas y los uniformes con los que nos enviarán a luchar por intereses que no son los nuestros.
Luchar contra la guerra es luchar contra el capitalismo
Por lo tanto, oponerse verdaderamente a la guerra es oponerse al sistema económico que la genera. Para impedir que el capitalismo nos lleve a ella, habrá que derrocarlo. Para los gobiernos que preparan la guerra, los sentimientos pacifistas de los pueblos son una mentalidad que hay que romper. Y saben cómo avivar los sentimientos nacionalistas y belicistas en una opinión pública que, en un principio, quería la paz. A su escala, para eso sirve el desfile “excepcional” del 14 de julio.
Nos corresponde a nosotros tomar conciencia de lo que se está tramando y luchar para frenar esta marcha hacia la guerra. Y el punto de vista fundamental de los trabajadores debe ser, como decía el revolucionario alemán Karl Liebknecht durante la guerra de 1914-1918: “¡El enemigo principal está en nuestro propio país!”
Nathalie Arthaud
Editorial de los boletines de empresas del 13 de julio de 2026