Viva la movilización de los estudiantes de secundaria, y hagamos que surja la de los trabajadores

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Textos del semanario Lutte Ouvrière - 4 de octubre de 2026
4 de octubre de 2026

La movilización de los estudiantes de secundaria, que comenzó en los suburbios de París, se ha extendido a todo el país. Tanto en los institutos de enseñanza general como en los de formación profesional, en las grandes ciudades o en los pueblos pequeños, la juventud clama su rebelión y su hartazgo ante el desprecio de quienes nos gobiernan. Tiene toda la razón. Ya no acepta seguir aguantando, ¡y nosotros, trabajadoras y trabajadores, tampoco aceptamos lo inaceptable!

¡Ya hay suficientes discursos sobre la educación, la juventud y la «igualdad de oportunidades»! Pero muchos centros están en mal estado, mal mantenidos y con aseos a menudo inservibles. Las aulas están masificadas, al igual que los horarios. Faltan profesores, enfermeras y personal de apoyo educativo (AESH). La selección social es implacable. Y cuanto más populares son los centros, menos recursos tienen.

Los alumnos de secundaria, empezando por los de los barrios obreros, se ven abandonados a su suerte y menospreciados. Esta realidad debe indignarnos tanto como a los propios jóvenes. ¿Y se equivocan al denunciar el racismo y la discriminación? ¡Por supuesto que no! Las declaraciones de los policías de Carcasona, unas palabras humillantes e insultantes contra todos aquellos que no sean «franceses de origen», nos lo han recordado cruelmente.

¿De qué lado está la violencia?

Sobre todo, no nos dejemos engañar por las imágenes de violencia que los medios de comunicación difunden sin cesar. Existe un auténtico movimiento de revuelta, con reivindicaciones justas. Al centrarse únicamente en los alborotadores, el Gobierno, la derecha y la extrema derecha pretenden manchar y desacreditar una revuelta legítima.

Este bombo mediático en torno a la violencia juvenil resulta aún más indignante si se tiene en cuenta que la policía, cuando no intenta provocar ella misma los incidentes, interviene con brutalidad, multiplicando las cargas violentas, los placajes y las detenciones arbitrarias, como ocurrió durante la movilización de los chalecos amarillos. Todo ello contra jóvenes de entre 14 y 18 años que intentan bloquear su instituto.

Un joven, herido por el impacto de una granada lacrimógena casi a quemarropa, ha quedado desfigurado de por vida. A otro le han sacado un ojo. Entonces, si una parte de la juventud quiere enzarzarse, ¿de quién es la culpa?

A las reivindicaciones de los estudiantes de secundaria, más que justificadas, el Gobierno responde con gases lacrimógenos y porras. Intenta sofocar la protesta de raíz, porque, en realidad, no tiene nada que ofrecer a la juventud.

¿Qué futuro para los jóvenes?

Para la mayoría, será una vida de precariedad y trabajo duro, aún más dura que la de sus padres: trabajos temporales y contratos de formación que no conducen a nada. Para quienes quieren cursar estudios superiores, conseguir una plaza en la universidad es una auténtica carrera de obstáculos. Y esos estudios ya ni siquiera son garantía de un buen sueldo ni de un empleo de verdad.

A los jóvenes se les repite que, nada más nacer, heredan 3,6 billones de euros de deuda. Que el calentamiento global hará que la vida sea cada vez más insoportable, y que deben recuperar el espíritu patriótico y prepararse para la guerra, es decir, estar dispuestos a ir, algún día, a que les acribillen a balazos. ¡Menudo futuro!

La juventud tiene la cualidad de no soportar la injusticia. Aún no está acostumbrada a ella y rechaza el fatalismo. Su movilización debe servirnos de sacudida, porque sí, ¡esto tiene que cambiar!

Los mayores destructores están en el poder. Están destrozando los hospitales, la educación y las pensiones. ¿Y quién les detiene? Nada justifica que el Gobierno y las grandes empresas, con las petroleras a la cabeza, nos vacíen los bolsillos. Miles de millones se amasan en las cajas fuertes de la burguesía. ¡Hay que requisarlos para destinarlos a los salarios, a nuestras condiciones de vida, a la educación, a la sanidad y al futuro de nuestros hijos!

Lo primero es luchar para que se acabe la estafa en las gasolineras y para que el primer ministro Lecornu retire su proyecto de presupuesto. No se toquen las pensiones de jubilación, ni las ayudas para la vivienda (APL), ni las prestaciones familiares, ni la prima de vuelta al colegio, ni los sueldos de los funcionarios, ni el reembolso de los medicamentos.

¡Expropiemos los beneficios y las fortunas de los grandes empresarios! ¡El dinero debe destinarse a la educación, no a los traficantes de armas!

Los estudiantes de secundaria han abierto el camino con el entusiasmo de la juventud. Sumemos a su revuelta la de los trabajadores. Unámonos, en gran número, a las manifestaciones del 6 de octubre y de los días siguientes.

Nathalie Arthaud

Editorial de los boletines de empresa del 4 de octubre de 2026